Registro de Desvaríos
sábado, 17 de octubre de 2015
Sustantivo
Entramado de puentes
¿Por qué nos quedamos tiesos sin saber qué hacer cuando vemos un cadáver?
Está claro que la muerte es el fin inexorable al que todos nos aproximamos con cada instante que transcurre. Está claro también que es algo desconocido, en tanto que para tener consciencia y noción de la propia existencia es requisito excluyente estar vivo. Morir entonces implica perder nuestra mayor creación, nosotros mismos. Si bien es verdad que un ser es producto de otro u otros (en dependencia del tipo de reproducción que aplique a la especie en cuestión) en lo que refiere a lo biológico, un ser sintiente y racional, como el caso de la especie a la que pertenecemos, es producto de sí mismo en tanto se reinventa a sí mismo a cada instante. Un ser vivo es un ser dinámico sujeto a una constante recepción de información. Información que, en el caso de seres con capacidad racional aguda es interpretada en función de los conceptos que se poseen y vuelta a ver a través de esos ojos. Así, nuestra realidad es en buena parte creada por nosotros mismos y por lo tanto podemos concluir que pasamos toda nuestra vida trabajando en la modificación de estos conceptos y buscando alcanzar nuevos horizontes sin tener para ello chances de hacer ensayos ni borradores y teniendo conocimiento de que nuestro proyecto puede ser cancelado en cualquier momento.
Sin embargo, la muerte de otro ser no sólo nos perturba en tanto que nos recuerda la inevitabilidad de la nuestra propia y nos hace estremecer de sólo pensar en la posibilidad de perdernos a nosotros mismos. La muerte ajena nos perturba a su vez por la muerte ajena en sí misma. Porque ya dice la sabiduría popular que "todo tiene solución excepto la muerte". Cuando un ser vivo se enfrenta a una situación que no le agrada, puede siempre huir, atenuarla, o volverla en su favor. O al menos puede intentarlo. Pero en lo que refiere a la muerte, nada hay que hacer al respecto. Vivimos en un mundo en el que vemos todo transformarse todo el tiempo, de todo podemos ver lo que fue, lo que es, y lo que será. Hay algo que vincula el presente con el pasado que es tangible y es prueba del carácter real de ese pasado. Dándole así sentido. De todo, menos del nacimiento y la muerte. A nuestros ojos, un ser de repente existe y de repente no existe. Nada nos advirtió que iba a existir o que iba a dejar de hacerlo, y esto último es inevitable por definición. Más allá de que existan pertenencias del difunto, el significado y la historia de las mismas sólo lo sabrá quien haya conocido al dueño. Así, el vínculo con la prueba tangible está mediado por el vínculo con alguien que ya no existe. El ladrillo de una casa en la que uno vivió tiene significado en sí mismo, porque el vínculo era entre uno y la casa. El vínculo con un objeto que era de alguien más es a través de ese alguien más, pero si ese alguien ya no existe, ¿es ese objeto prueba de que una vez lo hizo? No, lo que prueba que una casa existió es un ladrillo, lo que prueba que un ser vivió es lo que dejó en los demás. La única prueba de la existencia de un ser no es tangible, es el amor que se le tuvo. Lo que hace real un vínculo entre dos seres, es el amor que se tienen. Pero si uno desaparece ¿qué hace el que queda con su amor? ¿Por qué ese amor sigue existiendo después de que el ser al que le era profesado ya no? La muerte no sólo nos perturba porque nos recuerda la finitud de nuestra existencia, la muerte no sólo nos perturba porque nos deja con un cadáver y cachivaches y telegramas y buzos y cassettes, además y sobre todo, nos perturba porque derriba la otra punta de un puente que se sostenía por dos extremos. Claro que así planteado, la solución sería a priori, tan lisa y llana como cortar el extremo que se encuentra de nuestro lado y evitar el vacío ante el cual el puente nos enfrenta. Sin embargo, cabe notar que ese puente no está aislado sino formando un entramado con otros. ¿Por qué? Porque ese amor sostuvo muchas cosas. Porque gracias a la existencia de ese puente, se alcanzaron nuevos lugares y se construyeron nuevos puentes. Porque las cosas que ese amor sostuvo siguen existiendo aunque el ser amado haya dejado de hacerlo.
El entramado de puentes que define nuestros vínculos, nuestras motivaciones, nuestros miedos y nuestros sueños estará siempre necesitando modificaciones, no dejándonos más alternativa que la de ser seres intrépidos y aventureros que deban estar balanceándose de aquí para allá, atando y desatando, oscilando entre abismos sin pavor, hasta que un día ese vacío nos devore, y alguien siga modificando parte de ese entramado.
sábado, 27 de junio de 2015
Un mundo de perros que pasean en bicicleta en un día soleado viendo globos aerostáticos volar
"Why are there so many songs about rainbows
And what's on the other side
Rainbows are visions
But only illusions
And rainbows have nothing to hide
So we've been told
And some choose to believe it
I know they're wrong, wait and see
Some day we'll find it
The rainbow connection
The lovers, the dreamers, and me
Who said that every wish
Would be heard and answered
When wished on the morning star
Somebody thought of that
And someone believed it
And look what it's done so far
What's so amazing
That keeps us stargazing
And what do we think we might see
Someday we'll find it
The rainbow connection
The lovers, the dreamers, and me
All of us under its spell, we know that it's probably magic
Have you been half asleep?
And have you heard voices?
I've heard them calling my name
Is this the sweet sound
That called the young sailors?
The voice might be one in the same
I've heard it too many times to ignore it
It's something that I'm supposed to be
Someday we'll find it
The rainbow connection
The lovers, the dreamers and me""
No interesa si un arcoiris es un simple fenómeno óptico y las estrellas fugaces son rocas sin rumbo o si aquel es un puente que lleva a algún lugar mágico, y estas cumplen deseos. Lo que importa es lo que creemos que son, no lo que son. Porque la mente no tiende a la verdad, sino a la belleza. Por eso todos queremos creer. Por eso de niños nuestros padres nos hacen vivir en un mundo mágico, porque saben que durante la infancia la inocencia nos permite ver magia en el mundo, y el mundo es mágico si creemos que hay magia en él. Algunos tuvimos tal fe en esa magia, que de adultos la seguimos buscando, y seguimos asombrándonos con los atardeceres, las estrellas, los arcoiris y las mariposas, porque después de mirarlos por un rato, la belleza que poseen hace que olvidemos los conocimientos que tenemos y volvamos a creer que esta realidad tiene que ir más allá de lo que racionalmente sabemos de ella.
Es que al fin y al cabo, la humanidad tiene una relación extraña con la razón. Por un lado, nos permite entender lo que nos rodea y deducir principios generales que nos ayuden a prever y en consecuencia controlar, sucesos, haciéndonos sentir que tenemos algún poder y dándonos seguridad. Por otro lado, no consigue que dejemos de sentirnos vacíos, porque la razón sirve para entender aspectos de la realidad, pero no a la realidad en su conjunto. La realidad en su conjunto es no lineal, aunque dentro de ese gran desorden encontremos algún patrón aislado por acá y otro por allá. Con la razón podemos entender algunos de estos patrones aislados, pero no la totalidad, porque funciona de forma lineal.
La vida es absurda y desordenada, pero necesitamos sentir que hemos encontrado un patrón que la rige, un motivo por el cual está configurada de ese modo, necesitamos encontrarle sentido.Algunos miran el caos de puntos por todos lados y buscan conjuntos que unir y diseños que se repitan, satisfacen su necesidad de comprender el universo con su razón.
Otros lo interpretan según un esquema que alguien les dio y parten del principio de que ese esquema general explica ese gran desorden de puntos, son los fundamentalistas.
Finalmente, están los que intentaron ser ambas cosas y ninguna les funcionó, y llegaron a la conclusión de que podían unir ellos mismos los puntos, de la manera que más les gustara. Son los que necesitan sentir que el mundo es un lugar mágico para levantarse por las mañanas. Son los soñadores.
Tal vez me equivoqué cuando escribí que la mente no tiende a la verdad sino a la belleza, tal vez tienda simplemente a lo que el individuo necesita para vivir. Algunos necesitan creer que saben de qué va todo, se inventan una verdad, o toman una que les hayan inculcado, y se la creen. Otros, no se preocupan de lo que es cierto sino de lo que es bello, interpretan la realidad en función de su concepción de belleza y le atribuyen grado de verdad.jueves, 8 de enero de 2015
Odio desarmar y lavar la cafetera italiana, pero es la mejor cafetera del mundo, y vale el esfuerzo
Desde niña me ha gustado escuchar lo que la gente tiene para decir, y vaya si he aprendido y me he deleitado con narraciones de todo tipo, pero mis preferidas, son las que versan sobre cuestiones simples y cotidianas. Esas cosas son las que hacen a las personas reales. Cuando me doy una ducha, cuando lavo los platos después de comer, cuando hago resúmenes para la facultad, cuando elijo qué ropa ponerme, a veces me pregunto cuántas personas más en todo este ancho mundo estarán haciendo lo mismo que yo en ese preciso momento, y de qué modo lo harán. Este modo es un sello particular de cada uno de nosotros. ¿O nunca llegaron a su casa, vieron la cocina y supieron quién había lavado los platos? ¿o nunca llegaron al trabajo y se dieron cuenta de quién había trabajado allí un rato antes de que ustedes llegaran?
¿Nunca fueron al supermercado y vieron frente a la góndola de los lácteos a una parejita que acababa de percatarse de que nunca se habían preguntado si preferían rallar el queso o comprarlo rallado? y en caso de comprarlo rallado, ¿en hebras o de la otra forma que no me acuerdo del nombre? ¿No se fijaron en la forma en que intercambiaban miradas? ¿con una expresión en el rostro que parecía denotar que en la respuesta que fueran a recibir les iba la vida? Más allá de que uno siempre pone cara de que le va la vida en eso cuando está a punto de escuchar una respuesta sobre lo que sea de la persona que ama, las cosas cotidianas asumen un papel importantísimo en esos casos también.
Una vez salí con alguien sólo porque me divertía la expresión de su rostro cuando levantaba la ceja derecha al hablar de algo que le crispaba los nervios.
Me divierte muchísimo conjeturar "si la vida de tal o cual persona fuera una obra, seguramente sería una película/novela/pintura/obra de teatro/un poema de x." Obviamente que a la subjetividad del juicio debe añadírsele que la riqueza del mismo se encuentra limitada por mis conocimientos sobre arte. que no son muchos, porque al ser mi gusto muy particular, descarto muchas cosas muy rápido, y eso me limita.
*En particular disfruto hacer esto en otoño, viendo a las hojas caer de los árboles y a la gente vestida de media estación, en tonos de rojos, verdes oscuros y marrones, con paraguas.
martes, 6 de enero de 2015
Documento encontrado
miércoles, 2 de julio de 2014
The Thermodynamics of Pizza
Más allá de que el concepto de "everyday life" que da a entender el libro hace alevosa referencia a la clase media occidental, tema este del que se ocuparán sociólogos y opinólogos afines (pues a quien escribe poco le importa), Zugzwang pensó que una pizza dejaba de ser una pizza "de todos los días" si iba a ser ingerida después de muchísimas horas sin poder comer porque un ser querido está a punto de morirse en el hospital, y un café y un cigarro dejaban de ser cotidianos si se los consumía al llegar por la mañana tras haber pasado la noche con alguien por quien ni siquiera se siente simpatía porque se es incapaz de establecer vínculos emocionales y se es un ser vivo con las consiguientes necesidades fisiológicas. Bueno, esto último tal vez fuera más cotidiano. En cualquier caso, no hay "vida de todos los días" si se entiende a "un día como cualquier otro" a aquel en el que no ocurre nada "relevante" para el ser vivo en cuestión. Pues hasta que no llegue el próximo día no se sabrá lo que depare lo que reste de la jornada, y un día como cualquier otro puede ser el día de tu vida, y comiendo una pizza como cualquier otra podrías morirte atragantado con la muzzarella, porque al fin y al cabo, es un queso traicionero, con el que a veces uno se atraganta.
Zugzwang acaba de percatarse de que, para variar, buena parte de lo que escribió carece de sentido, y va a irse a leer el mencionado libro, pues le llama la atención un capítulo titulado "Coffee" y otro titulado "From Cabala to Entropy."
Algún gracioso ideó una gráfica:
Dios mío
lunes, 16 de junio de 2014
Pretérito imperfecto
Esta característica de mi mente, hace que muchas veces recuerde cosas que otros no, y eso me hace sentir muy sola. ¿Por qué? Pues porque el que hayan dos o más personas que recuerden algo, es prueba de que ese algo existió. Si uno solo lo recuerda, ¿cómo sabe que eso fue real?
¿Qué hace que un hecho del pasado sea real? El vínculo con el presente. Si nadie lo recuerda, ni queda ningún objeto o efecto físico en el mundo del hecho, es como si nunca hubiera sucedido.
¿Tiene sentido ser seres vivos conscientes del pasado? Es cierto que eso aporta noción de identidad al individuo, pero, haciendo una relación costo-beneficio, ¿la idea de identidad del sujeto vale todo el tiempo que el mismo ha de invertir pensando en eso? El recordar, ¿mantiene vivo un pasado? En definitiva, nada de esto puede ser respondido sin conocer la respuesta a una pregunta en apariencia muy sencilla, ¿qué es el tiempo? Ni siquiera eso sabemos. He ahí lo agradable de los idiomas. Parecen resolver cosas que en realidad no resolveremos nunca. En idioma español, el pretérito imperfecto es un tiempo verbal en el que el pasado aún afecta al presente, a diferencia del pretérito perfecto simple, en el que el pasado ya no se vincula con el presente. La vida es pretérito imperfecto, es un presente, afectado por un pasado, que no se llega a comprender, que a veces parece haber sido muy real, y otras veces una mera alucinación, y el límite entre ese presente y su pasado, es, cuanto menos, difuso. Todas estas interrogantes, no hacen más que recordarle a uno la melancolía de morir en este mundo y de vivir sin una estúpida razón. Si no sabemos qué es el tiempo, qué es la materia, qué es la vida ni qué es la realidad, menos vamos a saber por qué razón hemos de sobrellevar una existencia, pues dicha existencia está sustentada en los conceptos citados previamente, que son desconocidos.
Sólo nos queda amigarnos con lo absurdo. Aceptar que nada tiene lógica ni sentido y saber que estamos locos por pretender que el universo funcione como nuestra sobrevaluada mente de primates
jueves, 1 de mayo de 2014
La Casa Siempre Gana
lunes, 9 de diciembre de 2013
El Charco
Quise sacarle una foto, pero no me quedaba batería en el celular. Miré alrededor, tenía que contarle a alguien. Había una señora repasando los resultados de la quiniela. Le toqué el hombro y le dije: "disculpe, yo sé que esto puede sonarle tonto, pero ese charco de ahí, tiene forma de corazón. ¿La ve? Es hermoso, y tenía que decírselo a alguien." Una muchacha que venía por la misma acera se detuvo a verlo también. De repente, ese charco en el que nadie reparaba, tenía a tres admiradoras.
A pocos metros había un mendigo. Seguí mi camino al supermercado, y a la salida, recordé al mendigo. Me había comprado unas galletas que me encantan, pero decidí que él las necesitaba más que yo. Cuando pasé por al lado del charco nuevamente, se había evaporado casi por completo, y en lugar del mendigo, estaba una mujer con dos niños. Ver gente en la calle es algo a lo que no puedo ni quiero acostumbrarme. Cuando me mudé a la ciudad me afectaba tanto, que evitaba salir de mi casa, porque cuando lo hacía, y veía esas realidades, me sentía tan triste, que volvía a llorar a mi cuarto. Le di el paquete de galletas a la mujer, y me fui a mi casa, reflexionando sobre el charco.
Está claro que la realidad no es lo que la realidad es, sino lo que significa para uno, porque es algo falso e ingenuo considerar que existe una realidad que es externa e independiente de todos nosotros y que todos percibimos por igual. Entonces me pregunté a mí misma, por qué ese charco me había llamado la atención, y llegué a una teoría. Tal vez ese charco representaba en cierta forma, cómo me siento. Con un corazón que está al margen, solo y evaporándose, pero aún así, latiendo con la fuerza que le queda. O no, tal vez, viéndolo con otros ojos, sea alguien que tiene mucho que ofrecer y que es capaz de adaptarse a situaciones muy diferentes, como el agua. Después de todo, ese charco, tan insignificante, nos alegró a tres personas. Tal vez lo que ese charco quería decirme, es que todo cambia, todos nos estamos evaporando (como la parte de "Stop Crying Your Heart Out" que dice que "we are all fading away"), pero tenemos mucho que ofrecer a quien quiera vernos. Porque la vida es cambio constante, algunos nos gustan, otros no, pero creo que el desafío que tenemos los humanos es ser capaces de aceptar el ir y venir de las cosas, sin aferrarnos. El tiempo, que a veces considero una mera ilusión, transcurre de una forma extraña. Me recuerda a cuando de niña intenté entender el funcionamiento de un reloj. Miraba las agujas, y quería comprender cómo se relacionaban unas con otras. La del segundero iba rápido, así que uno podía seguirla. El minutero, era más difícil de apreciar en movimiento, pero aún así era posible. ¿Pero y la que marca la hora? Va demasiado lento como para poder seguirla. Creo que la vida es así. Uno puede vivir intensamente los segundos, pero la hora es más difícil. Es más fácil ser consciente en un instante, que tomar años de nuestra vida, y darles sentido. No es posible comprimir toda nuestra vida pasada y sentirla en un segundo. Pero lo que sí se puede hacer es sentir con toda el alma, un segundo. Es difícil conectarlos unos con otros, igual que es difícil conectar el funcionamiento de todas las agujas. Por eso prefiero vivir cada segundo. Cuando el reloj me obsesionaba, a los seis años, debería haber entendido esto, y haberme dedicado a los segundos en vez de las horas, pero no lo hice. Seguí intentando entender a la aguja que daba la hora sin ver la de los segundos. Hace un tiempo, empecé a concentrarme más en la de los segundos, y ya no le presto demasiada atención a la que da la hora. Calculo que hay que prestarle atención a las tres, pero aún no descubro cómo hacerlo. Y francamente, después de haber vivido según las diferentes agujas, prefiero el segundero. Hace más intensa la vida. Hace que uno pueda maravillarse al ver un charco.
domingo, 11 de agosto de 2013
Vivir un día a la vez trae buenos resultados
En primer lugar, como es obvio, me hizo pensar que si en la época en que estábamos siempre juntos, entre mis doce y dieciocho años, alguien me hubiera dicho las cosas que iban a pasar de ese tiempo a esta parte, probablemente no le hubiese creído. Por otro lado, pensé en que no habíamos cambiado en nada, a pesar de los años.
Pero en un momento de la conversación, noté a mi amigo algo desilusionado de la vida. Fue entonces cuando recordé el motivo por el que yo no lo estoy, y lo compartí con él.
Una tarde del verano pasado, volviendo a mi casa desde el trabajo, pasé frente a una pintada en la pared, que dice así:
A veces uno va por ahí preocupado o triste, por una u otra razón, y se sume tanto en eso, porque después de todo, sus problemas son tan inmensos y dignos de una preocupación exagerada, que se olvida de algo.
Se olvida de que la vida es eso que está pasando mientras se está angustiado. Obviamente que todos tenemos nuestros malos ratos, en los que nos entristecemos y no tenemos fuerza para nada, y es lógico, es parte de la vida. El problema es dejar que eso nos absorba. La cuestión es que, nos guste o no nos guste, la verdad es que siempre va a haber algo que nos atormente.
Podemos ir por ahí sufriendo, o podemos vivir a pesar de eso. Con esto no digo que uno vaya a negarse la realidad y mentirse que todo está perfecto, por el contrario, me refiero a vivir siendo conscientes de nuestros problemas, intentando modificar las situaciones que nos dañan cuando es posible, o aprendiendo a vivir con ellas cuando no las podemos cambiar.
Al fin y al cabo, ¿qué es la realidad? Está claro que es más de lo que percibimos con nuestros cinco sentidos, (las ondas de radio existen y no las vemos), también está claro que no todo lo que captamos con nuestros cinco sentidos es real, o no existirían los espejismos. Además, de una misma situación, dos personas pueden interpretar diferentes cosas. Así que, ¿qué nos queda? Nos queda que si bien no sabemos ni sabremos nunca con certeza qué es "real" y qué no lo es, eso nos abre la posibilidad de influir sobre nuestra realidad. Cada uno ve lo que quiere ver, y vive lo que quiere vivir.
Esta vida no se trata de autocompadecerse, ni tampoco de arremeter contra el mundo, para ser honesta no tengo ni la más mínima idea de lo que se trate. Tengo la sospecha, de que se trata de aprender. De vivir cada momento intensamente. Amar con toda el alma cuando se ama, disfrutar con toda el alma cuando se disfruta, reír con toda el alma cuando se ríe; pero también, llorar con toda el alma cuando se llora, sufrir con toda el alma cuando se sufre.
Y lograr, a pesar de lo espectacular o miserable que uno se pueda sentir, de no dejar de vivir todos y cada uno de los días de su vida, con la disposición y energía que tendría si un genio de una lámpara se apareciera diciéndole que cada día de su vida viviría una vida diferente. Siendo consciente del pasado y afrontando las cosas que quedaron pendientes para crecer como personas, pero sin dejarnos consumir por eso; y teniendo una visión hacia el futuro que carezca de apego, sabiendo que la vida es impredecible.
Desde que tengo esta perspectiva, siento todo diferente, como si hubieran pasado diez años, en lugar de diez meses.
martes, 30 de julio de 2013
Barquito
Empezó a resqubrajar su máscara el día en que, si bien su madre seguía presentando signos vitales, Zugzwang supo al verla que ese día moriría. Salió del hospital, y notó que hacía un día hermoso. Era junio, pero la temperatura no bajaba de los quince grados Celcius, no había una sola nube en el cielo, y los pajarillos revoloteaban alegres por ahí. Pensó en Terry Jacks cantando una de sus canciones favoritas, "Seasons in the sun", en especial en la parte que decía: : "good bye my friend, it's hard to die, when all the birds are singing in the sky." A pesar de lo miserable que se sentía, fue capaz de sonreirse al ver semejante día y recordar semejante canción. Tomó un ómnibus a casa de sus padres para buscar unos papeles. Lo hizo sin pensarlo demasiado, pero el problema fue cuando llegó al apartamento. Cerró la puerta tras de sí, y no sólo se encontró con un silencio, un vacío, y una soledad a la que debería acostumbrarse, también estaba la mirada de su querida gatita. La felina la miraba de un modo que sintió que la interrogaba. Se dio cuenta de que nunca había comprendido verdaderamente "El Cuervo" de Poe, hasta ese momento. Permaneció en silencio unos segundos, pensando en cómo explicarle a su amiga lo que iba a pasar. Tomando aire dijo, muy tranquila: "mamá no va a volver -hizo una pausa en la que no supo qué decir - Pero no te preocupes, porque yo... porque yo... porque yo voy a..." Entonces vio con una claridad horrenda que su sensación de que eso no era real era sólo una ilusión, porque todo eso era muy real, y no había nada que pudiera hacer, más que seguir viviendo. La mirada "¿y ahora qué vas a hacer?" de su amiga felina la había desencajado por completo. Había hecho, para su fortuna, una gran grieta en su máscara. Una semana después del deceso, Zugzwang fue a hacerse un tatuaje. Ya lo tenía planeado de tiempo atrás, pero seguramente la situación puntual en que se encontraba habría sido en parte responsable. Mucho de Zugzwang, mucho de su mente, de su visión de las cosas, de su manera de ser, se basaba en la gran influencia que había tenido sobre ella "El Principito", tanto así, que no lo escribiré ahora, porque requeriría una, o varias, entradas. El caso es que su tatuaje fue el Principito. Como nunca ha sido mujer de medias tintas, lo pidió grande y a color, a pesar de que nunca se había hecho uno en su vida, y ni siquiera se planteó el tema del dolor. Evidentemente que le dolió, y mucho. Pero una vez hecho el tatuaje, la intensidad con que estaba llevando el duelo disminuyó. En un momento, mientras el tatuador procedía, el dolor físico fue tan grande, que dejó de ser dolor físico, y cuando Zugzwang quiso acordar, ya no era la aguja lo que le dolía. El dolor físico había pasado a ser emocional, y de pronto, ya ni se enteraba de lo que le estaba pasando a su piel. Se lo contó a un amigo, intrigada por la situación y él le comentó que había una tribu indígena guerrera de la que había oído hablar una vez, que cuando un integrante sufría una pérdida podía pedirles a sus amigos más cercanos que lo torturaran para atenuar, o transmutar, así su dolor de modo que pudiera encontrarse fuerte nuevamente en menor tiempo.
De ese día a esta parte, Zugzwang suele sentirse bien. La ausencia de su madre es algo que de vez en cuando la golpea fuerte en el pecho, y la deja un rato desencajada, pero luego recupera la compostura.
La semana pasada, mientras se mandaban tonterías con su hermano por What's App, él le mencionó que no se había llevado almuerzo. Así que Zugzwang, sin decirle nada, le compró comida (y un alfajor Agua Helada ♥) y pasó de sorpresa por la plataforma 9 y 3/4. El negocio en el que trabaja su hermano queda en una calle que dura sólo una cuadra, y Zugzwang siempre se pierde de camino, por esa razón. Así que le llamó para sí "la plataforma 9 y 3/4." Le dio el almuerzo y lo abrazó y apretujó y besó como las hermanas mayores empalagosas hacen. Los compañeros de trabajo de su hermano se reían "ah, te hacés el hombre grande y tu hermana te trata como si tuvieras cinco años." Fue muy gracioso, debo admitirlo. Salió de allí contenta de haberlo visto, y de repente se paró en seco, porque pensó que en otro tiempo, esa misma actitud había tenido su madre con ella, y que ahora, pues... ya no. Eso la entristeció unos segundos, aunque luego se dijo: "sé realista, sos una adulta, ¿cuántos años hace que tu madre no te cocina/lleva el almuerzo?"
Tuvo otra recaída cuando a la mañana siguiente su hermano le envió unas fotos que tenía de su madre.
Después de eso estuvo sintiéndose bien, hasta este sábado. Se despertó, y vio que hacía un día divino afuera. Los días soleados siempre le recordaban a su madre, porque nunca en su vida conoció a nadie a quien ver el sol alegrara más. Además, cuando Zugzwang era niña, siempre dibujaba el sol en sus paisajes, y su madre le decía que por la forma en que lo dibujaba, o la posición en la hoja, o por vaya a saber uno qué, eso representaba que le daba mucha importancia a su figura materna. Su madre lo decía sonriente y con mucho orgullo, y Zugzwang miraba la hoja pensando cómo podía un dibujo decir eso de alguien. Con esos recuerdos en mente, se dirigió quien escribe a comprarse algo de almorzar, pero en la puerta del supermercado estaba un conocido, y para no tener que hablarle, porque no tenía ánimos, siguió caminando hasta un lugar que le encanta. La última vez que había ido, en febrero, eran otras las cuestiones que la aquejaban. Recordaba que era una noche de verano, en la que, en ese edificio, el apartamento de arriba del todo estaba vacío y alguien estaba pintándolo, a esa hora, como las diez u once de la noche.
Si alguien esa noche de febrero le hubiera comentado los sucesos que tendrían lugar entre esa fecha, y el 27 de julio, no se lo hubiera creído, seguramente.
Estuvo un rato ensimismada en sus pensamientos ("ensimismamiento" era su palabra preferida ♥), hasta que unos turistas agradables y sonrientes le pidieron que les sacara una foto.
Eso le trajo un poco uno de sus fantasmas: el de que no suele sacar fotos a personas. Zugzwang fotografía paisajes, tonterías, pero casi nunca personas.
El domingo por la noche, había una niebla hermosa, y Zugzwang caminaba alegre, observando el paisaje y pensando por qué encontraría tan fascinante a la niebla, cuando era algo que la gente solía desdeñar.
Se molestó consigo misma por seguir siendo igual que cuando niña: alguien a quien todo sorprendía y maravillaba, como si fuera siempre la primera vez. Porque ese mundo hermoso, ya no era tan hermoso, porque su madre ya no estaba, ¿no? Entonces, ¿por qué seguía percibiéndolo así?
Lo meditó un rato, hasta que llegó a una conclusión. El mundo seguía siendo hermoso a sus ojos, porque en verdad su madre no se había ido, estaría ahí en cada tarde soleada, o siempre que mirara las estrellas, o siempre que pensara en caballos; tanto por lo furiosa que se había puesto cuando Zugzwang a sus cinco años le había preguntado cómo se escribía "¡y con "B"! ¿cómo no vas a saberlo?" Probablemente de allí viniera la obsesión de quien escribe con la ortografía. Como por el hecho de que usara la imagen de ese animal tanto para halagar, como para tomar del pelo a Zugzwang, dadas las connotaciones astrológicas que su madre consideraba que tenían para su hija, por haber nacido bajo el signo de Sagitario en el horóscopo occidental y ser yegua de metal en el oriental.
De algún modo siempre escucharía su alegre risa sonar entre el viento en primavera, y cada vez que cometiera alguna torpeza (porque Zugzwang era una muchacha muy torpe), o le dieran sus "delirios de potrilla rebelde", que "hasta tiene crin" (lleva jopo desde los doce años.)
En algún punto, la acompañaría en las largas caminatas que a ambas les gustaba tomar, diciendo tonterías cada dos por tres, justo como Zugzwang, porque a ella le debía su característico buen humor.
Porque cada vez que Zugzwang se lamentaba de nunca más poder abrazarla, o de olvidar el sonido de su voz, encontraba cosas como esto:
domingo, 21 de julio de 2013
Hamaca
Zugzwang miraba la hamaca perturbada. Ya pasaba los veinte años, y había vuelto a vivir en el barrio en que había pasado sus primeros años de vida. Visitaba esa plaza a diario, y se quedaba viendo la hamaca, no sabía por qué, con sensación de nostalgia.
Ese día, era el primero del resto de su vida, se había marchado de casa de sus padres. Un día soleado de marzo, en el que se despertó y fue a comprar tabaco y un alfajor. Decidió fumar en la plaza en cuestión, mientras escuchaba música en su mp3. Siempre tenía el reproductor en "aleatorio", y de pronto, notó que estaba sonando "Yellow", de Coldplay. Aún mirando el tabaco que armaba, hizo la asociación de ideas: Yellow = hamaca. Levantó la mirada, y vio a una mujer ubicando a su hijo/hija (no alcanzaba a distinguir) en la hamaca amarilla, luego de que el/la infante hubiera señalado esa hamaca cuando la madre le dio a elegir. Zugzwang, llena de alegría y nostalgia al mismo tiempo, se preguntó si alguien más no habría estado fumando un tabaco desde lo lejos sonriendo cual angel de la guarda el día en que ella se había columpiado en esa hamaca, más de quince años atrás.
Luego publicó "Yellow" en su muro, sabía que nadie podría siquiera imaginarse la razón que subyacía, y eso era genial.
domingo, 26 de mayo de 2013
Cloud Atlas
“My life amounts to no more than one drop in a limitless ocean. Yet what is any ocean, but a multitude of drops?”
“Our lives are not our own, we are bound to others, past and present. And by each crime and every kindness, we birth our future.”
Ciclos
Cuantos más años pasan, más me convenzo de que en verdad nada cambia nunca.
Los cambios son sólo aparentes, pero deep down, nothing changes.
La única teoría que se me ocurre, es que cada persona, cada sitio, posee su propia energía, y esa energía particular tiene afinidad por ciertas energías en particular, como todos estamos conectados de formas y por fuerzas que escapan a la percepción que nuestros cinco sentidos alcanzan, a menudo nos encontramos pensando: "qué coincidencia, este vecino tiene mucho en común con el anterior", "qué locura, siempre se me acerca gente parecida", "esta situación ya la viví".
Nada cambia, todo es cíclico.
Sin embargo, hay ciertos círculos viciosos en los que a veces sin quererlo de manera consciente, uno se involucra. Lo único que puedo concluir de eso, es que uno llama lo que uno es, tanto lo bueno como lo malo. La única forma de salir de círculos viciosos es hacer un cambio interno.
También creo que muchas veces, si bien asumir las cosas es un paso importante y necesario, los cambios que deben hacerse para salir de una determinada situación que uno nota que se reitera en su vida se desencadenan producto de un "click" que hace la mente a un nivel más profundo que el consciente.
A veces ese "click" puede darse en una situación tan tonta como haberse cruzado a un anciano en una parada de ómnibus, o con alguien que hace tiempo no veías. Porque las cosas no son lo que las cosas son, sino lo que significan para nosotros, y en el nivel distorsionado y confuso de la mente, un gran acontecimiento puede carecer de trascendencia o un pequeño suceso puede ser algo enorme para un individuo particular en una situación particular.
Más allá de lo cíclico y repetitivo de la vida, ciertos ciclos deben modificarse, porque nos dañan, y, según cree quien escribe, in order to do that, you should:
1) Reconocer un patrón entre situaciones que resultan disgustantes.
2) Tiempo después de estar meditando bastante sobre el primer punto, lograr el "click" interno. ¿Cómo? No lo tengo demasiado claro, pero si algo bueno hay que reconocer de la filosofía de Descartes, es su idea de que las ideas claras y distintas (verdaderas) se le presentan a las almas atentas. Si uno se focaliza en solucionar o cambiar algo, y se muestra atento y reflexivo al respecto, sería esperable encontrar la solución en algún momento.
3) Último pero no por eso menos importante: TOMAR UNA ACTITUD PROACTIVA al respecto. No alcanza con: "me dí cuenta de que le tengo miedo a las arañas porque una vez una se me acercó mucho de niño y sus muchos ojos me asustaron." Claro que hay que aceptar el problema y buscar su raíz, pero luego se debe planear una estrategia para superarlo. La actitud proactiva es sumamente importante, porque la mente tiende a sabotear. Los miedos, la depresión y el permancer en situaciones que se reiteran, es doloroso, sí, pero también es cómodo, no implica tomar riesgos desconocidos. El miedo paraliza, y a veces, la misma repetición de un ciclo resulta tan agotadora que se puede caer en la tentación de descansar demasiado, y caer en la inacción.
La vida es como escalar una montaña helada. Es difícil, hace frío, y da sueño. Pero quedarse dormido en una montaña cubierta de nieve, puede parecer cómodo o conveniente en ese momento en que se está agotado, pero si ese sueño se prolonga durante mucho tiempo, traerá como consecuencia la muerte. ¿A qué se va a una montaña? Pues a escalarla. Hay que subir lo más posible, porque si se logra llegar al tope, todo lo padecido habrá valido la pena, y sino también, porque siempre será mejor haber subido cuanto se haya podido, a rendirse a morir de hipotermia. Cada desafío, cada peñasco que superamos, que escalamos, nos hace crecer como personas, nos fortalece. Podemos también ayudar a otros, y otros pueden tendernos una mano cuando estemos a punto de caer a su vez. Porque aunque a veces podamos sentirnos solos, en verdad nadie lo está, todos estamos conectados. Y ya sea que las cosas vayan bien o vayan mal, es bueno recordar que en esta vida todo es un aprendizaje, y que "lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado."
jueves, 31 de enero de 2013
Mar
Ocurre a menudo, que en ambos ámbitos se suele creer que se tiene control sobre la situación, que es uno o una quien decide hasta dónde va, y hasta qué altura le llega el agua; pero termina por darse cuenta de que no hizo más que dejarse llevar por ese movimiento suave e hipnotizante, casi seductor, del agua, que poco a poco, sin perder el encanto, y fingiendo no pretender hacerlo, nos lleva más profundo, más profundo.
Hasta que se siente el agua a la altura del cuello, y al darse la vuelta y ver la distancia abismal a la que quedó la orilla, se piensa que el mar, así de rítmico y agradable, casi te mata. Si será así, que incluso en esos momentos, cuesta tomar la determinación de salir. El mar es, sin duda, tan peligroso como fascinante, tan engañoso como irresistible.
De ahí la comparación.
Pluma
Son las aves después quienes llevan consigo a esos espíritus que fueron prisioneros a pasear, y es al desprenderse de ellos en pleno vuelo que realmente dejan de serlo.
Es una libertad diferente a la del ave, es una libertad sin dirección, depende de para dónde vaya el viento. Una libertad sin garantías, sin planes a futuro. Una verdadera libertad. A veces una de esas plumas cae al suelo, y aguarda cómodamente allí, a alguien que esté dispuesto a oír su mensaje de libertad y volar con ella.
jueves, 20 de diciembre de 2012
"Vamo' arriba"
Conozco a alguien, que cuando las cosas van mal, se dice en voz alta: "vamo' arriba". Yo siempre estoy sin estar, soy sigilosa y tranquila, por lo que los seres vivos en general, incluidos los de nuestra especie (asumo que quien esté interpretando estos símbolos será un humano, que podría estarle leyendo, (y me encantaría que lo hiciera), a otros seres que no entiendan estos garabatos, pero en cualquier caso, sólo alguien que comprenda español y sepa leer podrá oficiarles de traductor; necesitamos lograr una forma de comunicación menos especista que esta.) Hice un paréntesis tan extenso para explicar algo tan evidente, que voy a tener que hacer la frase de nuevo. Venía diciendo que soy tan sigilosa y tranquila, que los seres vivos captan que soy tan amenazante como un bate de béisbol hecho de polifón y no suelen estar demasiado a la defensiva conmigo. Y todos sabemos que cuando a uno no le genera desconfianza alguien, se comporta en presencia de esa persona como si estuviera solo. Eso constituye un deleite para mí, que amo observar el comportamiento. Encuentro muy importante hacerlo, porque sólo prestando la sufiente atención puede uno llegar a ponerse en los zapatos de alguien más; llegar a ver, aunque sea un poco, a través de los ojos de otros seres, porque esa es la idea: entendernos mutuamente. Este hobbie mío me ha enseñado que para que uno se diga a sí mismo: "vamo' arriba", las cosas tienen que estar difíciles. Es de gente fuerte hacer eso, gente que se ha encontrado en soledad frente a situaciones que habrían desestabilizado a más de uno, pero que no teniendo más opción, apretaron los puños y siguieron. Porque el miedo paraliza, pero paralizarse no es una opción. La vida es "zugzwang", estamos obligados a mover.
Mi enorme admiración para aquellos que en medio de la desolación, y al ver que están solos frente a algo más grande que ellos, respiran hondo, se dicen "vamo' arriba", y emprenden la lucha constante que implica existir.
NOTA: en la lámina sólo verán lo mismo que yo veo si tienen una psiquis transtornada de forma similar, porque todos lo estamos, pero de diferentes modos.
domingo, 11 de noviembre de 2012
Agua
Llevo mucho más tiempo del que soy capaz de recordar sintiendo una inexplicable obsesión por el agua. De algún modo estudiarla desde el punto de vista químico no me dio la sensación de entenderla más de lo que la entendía a los seis años. Tal vez porque mis preguntas venían por otro lado, o porque no eran preguntas puntuales sino esa sensación de no entender del todo algo, y fascinarse por el misterio que lo envuelve. Lo genial del universo, es que sin importar cuánto empeño uno le ponga, nunca llegará a entender verdaderamente nada, pero cada pequeña cosa que entiende, lo hace a uno buscar entender más. Es como ser un caballo tras una zanahoria. Lo maravilloso es como la zanahoria nunca deja de llamarnos la atención, y es con la excusa de atraparla que la seguimos. Nunca la alcanzaremos, pero el seguirla nos hizo avanzar, y eso está bueno.
Volviendo al agua, nunca ha dejado de maravillarme. Recuerdo que una vez, en mi infancia, llegué de mal humor por haber fracasado incontables veces en mi intento de armar un castillito de arena. Nunca pude. Simplemente, no le pegaba a las proporciones. Así fue que lavé en el patio de casa mi balde rojo y mis moldes. Uno de ellos, era azul y tenía forma de pez. Lo llené con agua y me quedé viéndolo. Lo movía y el líquido se movía, pero sin perder la forma del pez. Me pregunté si el agua sabría que había tomado la forma de algo que vivía en ella, y me reí. Era tan divertido cómo tomaba cualquier forma. Puse agua en el balde, tenía forma de balde, la tiré al pasto, no tenía forma de nada. Recuerdo que en aquel tiempo yo creía que el agua debía de pensar muy rápido qué forma tenía que tomar para poder hacerlo, entonces intentaba cambiarla muy rápido de lugar, a ver si así no le daba el tiempo de pensar qué forma le correspondía y llegaba a confundirla a tal punto que no tomara la forma del recipiente en cuestión, jajaja. Suena ingenuo ahora, pero a mis seis años me parecía de lo más razonable. Me llamaron a almorzar, y como la forma de pez me gustaba tanto, guardé ese molde con agua en la heladera que teníamos en el garaje, para que ni mi hermanito ni la gatita que le había pedido a mis padres que por favor adoptáramos, fueran a derramar el agua.Cuando volví de comer, abrí la heladera y no puedo describir la sorpresa que me llevé cuando vi que ya no se movía. Era rígida. Pero yo ya había visto eso, en los refrescos, ¿era hielo?
Fui corriendo a contarle a alguien y me encontré a mi madre. Le dije con gran emoción: "mamá, el agua fría es hielo." Me acuerdo que me miró con el seño fruncido y destrozó mi ingenua ilusión diciendo: "claro, ¿no sabías?" Y no, yo no sabía, claramente.Y pese a que desde mis seis años ha pasado bastante tiempo, aún siento esa fascinación por el agua. (Por todo en general, pero en particular por el agua.)
Siempre he creído que debe ser genial tener un barco y poder irse por ahí, sin rumbo, a donde el viento te lleve. Ir parando en islas, vivir un tiempo acá, otro allá, ser un espíritu libre que no pertenece a ningún sitio. Cuyos guardianes son el mar, las estrellas, la Luna y el Sol y sus amigos los seres vivos que conoce en su viaje.Debe ser muy emocionante estar navegando, en un perfecto atardecer como el de la foto, y ver que se llega a una isla, bajar las velas (asumiendo que se tenga un velero, algo que sería fascinante), y dejar que la corriente la lleve a una a la orilla, mientras recostándose sobre la proa se observa el propio reflejo en el mar y se piensa en las tormentas que se fue capaz de atravesar antes de llegar a ese sitio. Y es esa idea la que originalmente inspiró la entrada y en la que medito todas las mañanas cuando paso junto a un arroyo en mi ruta diaria: el reflejo.¿A qué viene ese encanto casi mágico que se siente al observar ese reflejo perfecto que puede apreciarse al contemplar una superficie acuosa? Eso sí que es fantástico. Porque lo intrigante del agua es el no saber lo que oculta en su profundidad. A veces se la ve calma, otras veces furiosa, pero nunca se alcanza a ver todo lo que contiene (excepto que nos encontremos en el Caribe, pero eso arruinaría mi línea de pensamiento, así que descartemos esa evidencia en mi contra, al menos por el momento.)
Siempre me ha dado la impresión de que el agua y la mente tienen mucho en común: ambas son capaces de adaptarse a situaciones de lo más dispares, y ambas tienen una profundidad que desconocemos. Creo que la mente es como un mar, que a veces está calmo, otras veces lo sacuden tormentas, y es sólo en estas situaciones en las que se puede ver lo que ambas llevan dentro. Se ve lo que la mente lleva dentro porque son las situaciones límite las que sacan lo peor y lo mejor de nosotros a relucir, y se ve lo que el mar lleva dentro porque después de una tormenta puede observarse en la zona de resaca todo lo que de él ha salido.
Por eso las tormentas son algo positivo, porque nos hacen ver lo que llevamos dentro. Es la única forma de ver algo que en otra situación estaría sumergido en la oscuridad más profunda, ¿y qué hacemos en la vida nosotros sino eso mismo? Buscar en la profundidad de nuestras mentes lo que somos, buscar en la profundidad del universo lo que es. Desde esa óptica, las tormentas nos dan siempre una mano. No se puede sacar algo del interior sin padecer en el proceso, pero es positivo haberlo hecho, sería algo así como vomitar. Creo que esta última imagen arruinó toda la entrada, pero es verdad.
Cronología de un lamento.
A la 1:06 está a punto de dejarla en un florero, mientras se lamenta por el destino de la misma. "Basta que algo sea hermoso para que alguien lo destruya sólo por poseer momentáneamente esa belleza que nunca tendrá." ¿Por qué no admirar la belleza de la rosa y dejarla donde está? ¿Por qué arrancarla? ¿Con qué propósito? O mejor aún: ¿con qué derecho?
A la 1:07 le recorta con angustia el tallito y la deja en un florero. Esa agua la mantendrá algún tiempo más viva, pero sólo retrasando por instantes la inevitable agonía que le aguarda.
A la 1:08 un felino se aproxima a admirarla, no hay especie a la que ese resplandor no le llame la atención.

A la 1:09 el angustiado H. sapiens deja la rosa y su florero en una mesa y la contempla con pena.viernes, 21 de septiembre de 2012
"Mortal"
Toda mi vida he tenido la sensación de no comprender nada. No importa cuánto lo intente, no importa cuánto lea, no importa cuánto tiempo invierta en ello o cuántas noches pase en vela. Percibo la realidad como algo caótico, y cuando pienso que encontré un patrón, que encontré una respuesta, veo un nuevo elemento que no cumple mi teoría. La mayoría de las veces, simplemente tengo esa sensación frustrante de tener las respuestas al alcance de mi mano, en la punta de la lengua, pero cuando me acerco se esfuman.No puedo evitar pasar por la plaza donde está esta hamaca. Nada más observarla me genera una mezcla entre el sentimiento tan molesto que acabo de describir, y tranquilidad.
Es la impresión de que hay algo que no estás viendo, aunque está enfrente tuyo. La sensación de que el significado de las cosas es muy claro visto de lejos, pero a medida que uno se acerca, descubre que se trataba de un espejismo más. Como ver vapor, e intentar atraparlo. Está ahí, uno lo ve, parece tangible, pero es imposible capturarlo con las manos. O la impotencia que se siente de niño al correr hacia el horizonte. Al principio intenté alcanzarlo a pie, luego usé la bicicleta, y por último, le dije a mi padre que por favor acelerara el auto para ver si así llegábamos.
En cualquiera de los casos citados, lo razonable sería no pensar al respecto, es decir ¿por qué pensar en cosas que o no existen o existen pero somos incapaces de conocer? ¿Por qué existe la filosofía? ¿Por qué no nos cansamos de buscar el significado profundo de la existencia? ¿Será lo que Borges decía? ¿que el destino de la humanidad es buscar respuestas sin nunca hallarlas? ¿Será que nuestra mente interpreta las cosas de manera lineal y por lo tanto tiene una limitación inherente a la hora de intentar interpretar una realidad no lineal? ¿Intentar comprender el universo y la vida con un cerebro será algo tan vano como intentar sacar una tuerca con un martillo?
Pero si es tan vano, ¿no debería la selección natural no haber favorecido el desarrollo de una inteligencia tan empecinada en una causa perdida? Es un verdadero desperdicio de ATP, ¿entonces por qué todas las personas del mundo filosofamos? Aún aquellos que han sido capaces de dejar de hacerlo, lo han hecho alguna vez. Entonces, ¿por qué un recurso tan caro energéticamente y cuyo costo supera la ganancia que provoca es mantenido?
¿No sería más conveniente y nos ahorraría más energía tener un cerebro menos desarrollado? ¿Qué hay de la finitud de la existencia? ¿no sería más capaz de sobrevivir alguien que invierte su energía en sobrevivir en vez de pensar cuándo morirá o cómo será morir?
Las emociones y los pensamientos nos provocan más pérdida que ganancia a los seres vivos, ¿cómo la selección natural mantiene algo tan poco conveniente?
Evidentemente la realidad no es sólo lo que vemos, y tal vez no todo lo que vemos lo sea.
Entonces, si el conjunto de la realidad presenta una intersección con nuestra percepción de ella, pero no es ella, ¿cómo saber qué es? ¿Cómo saber qué elemento está en qué conjunto?
Pasan miles de años, y las preguntas que nos hacemos siguen siendo las mismas. Sin embargo es imposible vivir sin hacerlo. Por más que se sepa que nunca se entenderá nada, no se puede dejar de intentar comprender. ¿A qué viene esa sensación de estar al borde de algo que se esfuma cuando nos aproximamos?
Siempre he sentido que ciertas cosas en la vida no cambian, que en el fondo uno sigue siendo el mismo que siempre fue, con pequeñas modificaciones; y sin embargo, nunca voy a poder volver a subirme a esa hamaca amarilla, como lo hacía de niña.
El otro día, estaba simplemente descansando en esa plaza, cuando vi llegar a una nenita con sus padres. El papá la agarró a upa, como otrora hizo el mío, y le preguntó cuál hamaca le gustaba. Ella eligió la roja. Otro día un niño eligió la verde. La mayoría de los colores se repiten, pero hamaca amarilla hay una sola. Creo que por eso la elegía yo. Me gusta usar siempre lo mismo, y una buena manera de estar siempre en la misma hamaca era elegir una única, que no iba a confundir con otra. En el tiempo que hace que volví a vivir en este lugar después de años de ir por otros rumbos, no he visto a nadie subirse a la hamaca amarilla. No sé por qué me siento ahí y cuando veo a algún niño o niña pienso "que se suba a la amarilla", pero no lo hacen. No sé por qué me importa que lo hagan o no. Borges decía que nadie es único e irrepetible, sino que las historias de vida se repiten, manteniéndose de ese modo un balance, como si se tratara de un ciclo biogeoquímico. Tal vez sea que espero verme repetida. Tal vez eso me daría una cierta sensación de tranquilidad.Hace dos días hubo una gran tormenta, tiró varios árboles, y cuando se lo comenté a mi padre, triste por la muerte de esos nobles seres vivos, me preguntó preocupado si se había caído el pino al que yo solía trepar. No supe qué contestarle, y cuando hoy pasé por allí a ver a la hamaca y qué había pasado con los pobres amigos árboles que fueron arrasados por la tormenta, recorrí todo el lugar intentando recordar cuál era ese pino.
No pude. ¿Cómo puedo intentar comprender aquello que trasciende a mi limitada percepción de la realidad cuando no soy capaz de recordar a qué árbol me trepaba a los cinco años?
A pesar de los años, nunca he podido superar la angustia existencial que me provoca no entender nada y ser tan limitada.
Alguien muy querido para mí, o a quien solía querer y en algún punto supongo que siempre seguiré queriendo, solía recordarme que era mortal para molestarme.
Cuando yo me ponía muy filosófica o idealista, o sencillamente olvidaba mis limitaciones como Homo sapiens que soy, se reía y me decía: "mortal". Me fastidiaba muchísimo que lo hiciera. Tal vez es algo que nunca he sido capaz de aceptar. Del mismo modo que nunca superé la tristeza e impotencia que sentí cuando entendí que no podía salvar al mundo, que no podía ayudar a todos, y que probablemente ni siquiera fuera capaz de salvarme a mí misma.












