Quise sacarle una foto, pero no me quedaba batería en el celular. Miré alrededor, tenía que contarle a alguien. Había una señora repasando los resultados de la quiniela. Le toqué el hombro y le dije: "disculpe, yo sé que esto puede sonarle tonto, pero ese charco de ahí, tiene forma de corazón. ¿La ve? Es hermoso, y tenía que decírselo a alguien." Una muchacha que venía por la misma acera se detuvo a verlo también. De repente, ese charco en el que nadie reparaba, tenía a tres admiradoras.
A pocos metros había un mendigo. Seguí mi camino al supermercado, y a la salida, recordé al mendigo. Me había comprado unas galletas que me encantan, pero decidí que él las necesitaba más que yo. Cuando pasé por al lado del charco nuevamente, se había evaporado casi por completo, y en lugar del mendigo, estaba una mujer con dos niños. Ver gente en la calle es algo a lo que no puedo ni quiero acostumbrarme. Cuando me mudé a la ciudad me afectaba tanto, que evitaba salir de mi casa, porque cuando lo hacía, y veía esas realidades, me sentía tan triste, que volvía a llorar a mi cuarto. Le di el paquete de galletas a la mujer, y me fui a mi casa, reflexionando sobre el charco.
Está claro que la realidad no es lo que la realidad es, sino lo que significa para uno, porque es algo falso e ingenuo considerar que existe una realidad que es externa e independiente de todos nosotros y que todos percibimos por igual. Entonces me pregunté a mí misma, por qué ese charco me había llamado la atención, y llegué a una teoría. Tal vez ese charco representaba en cierta forma, cómo me siento. Con un corazón que está al margen, solo y evaporándose, pero aún así, latiendo con la fuerza que le queda. O no, tal vez, viéndolo con otros ojos, sea alguien que tiene mucho que ofrecer y que es capaz de adaptarse a situaciones muy diferentes, como el agua. Después de todo, ese charco, tan insignificante, nos alegró a tres personas. Tal vez lo que ese charco quería decirme, es que todo cambia, todos nos estamos evaporando (como la parte de "Stop Crying Your Heart Out" que dice que "we are all fading away"), pero tenemos mucho que ofrecer a quien quiera vernos. Porque la vida es cambio constante, algunos nos gustan, otros no, pero creo que el desafío que tenemos los humanos es ser capaces de aceptar el ir y venir de las cosas, sin aferrarnos. El tiempo, que a veces considero una mera ilusión, transcurre de una forma extraña. Me recuerda a cuando de niña intenté entender el funcionamiento de un reloj. Miraba las agujas, y quería comprender cómo se relacionaban unas con otras. La del segundero iba rápido, así que uno podía seguirla. El minutero, era más difícil de apreciar en movimiento, pero aún así era posible. ¿Pero y la que marca la hora? Va demasiado lento como para poder seguirla. Creo que la vida es así. Uno puede vivir intensamente los segundos, pero la hora es más difícil. Es más fácil ser consciente en un instante, que tomar años de nuestra vida, y darles sentido. No es posible comprimir toda nuestra vida pasada y sentirla en un segundo. Pero lo que sí se puede hacer es sentir con toda el alma, un segundo. Es difícil conectarlos unos con otros, igual que es difícil conectar el funcionamiento de todas las agujas. Por eso prefiero vivir cada segundo. Cuando el reloj me obsesionaba, a los seis años, debería haber entendido esto, y haberme dedicado a los segundos en vez de las horas, pero no lo hice. Seguí intentando entender a la aguja que daba la hora sin ver la de los segundos. Hace un tiempo, empecé a concentrarme más en la de los segundos, y ya no le presto demasiada atención a la que da la hora. Calculo que hay que prestarle atención a las tres, pero aún no descubro cómo hacerlo. Y francamente, después de haber vivido según las diferentes agujas, prefiero el segundero. Hace más intensa la vida. Hace que uno pueda maravillarse al ver un charco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario