Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

sábado, 17 de octubre de 2015

Entramado de puentes

¿Por qué la muerte nos perturba tanto?
¿Por qué nos quedamos tiesos sin saber qué hacer cuando vemos un cadáver?
Está claro que la muerte es el fin inexorable al que todos nos aproximamos con cada instante que transcurre. Está claro también que es algo desconocido, en tanto que para tener consciencia y noción de la propia existencia es requisito excluyente estar vivo. Morir entonces implica perder nuestra mayor creación, nosotros mismos. Si bien es verdad que un ser es producto de otro u otros (en dependencia del tipo de reproducción que aplique a la especie en cuestión) en lo que refiere a lo biológico, un ser sintiente y racional, como el caso de la especie  a la que pertenecemos, es producto de sí mismo en  tanto se reinventa a sí mismo a cada instante. Un ser vivo es un ser dinámico sujeto a una constante recepción de información. Información que, en el caso de seres con capacidad racional aguda es interpretada en función de los conceptos que se poseen y vuelta a ver a través de esos ojos. Así, nuestra realidad es en buena parte creada por nosotros mismos y por lo tanto podemos concluir que pasamos toda nuestra vida trabajando en la modificación de estos conceptos y buscando alcanzar nuevos horizontes sin tener para ello chances de hacer ensayos ni borradores y teniendo conocimiento de que nuestro proyecto puede ser cancelado en cualquier momento.
Sin embargo, la muerte de otro ser no sólo nos perturba en tanto que nos recuerda la inevitabilidad de la nuestra propia y nos hace estremecer de sólo pensar en la posibilidad de perdernos a nosotros mismos. La muerte ajena nos perturba a su vez por la muerte ajena en sí misma. Porque ya dice la sabiduría popular que "todo tiene solución excepto la muerte". Cuando un ser vivo se enfrenta a una situación que no le agrada, puede siempre huir, atenuarla, o volverla en su favor. O al menos puede intentarlo. Pero en lo que refiere a la muerte, nada hay que hacer al respecto. Vivimos en un mundo en el que vemos todo transformarse todo el tiempo, de todo podemos ver lo que fue, lo que es, y lo que será. Hay algo  que vincula el presente con el pasado que es tangible y es prueba del carácter real de ese pasado. Dándole así sentido. De todo, menos del nacimiento y la muerte. A nuestros ojos, un ser de repente existe y de repente no existe. Nada nos advirtió que iba a existir o que iba a dejar de hacerlo, y esto último es inevitable por definición. Más allá de que existan pertenencias del difunto, el significado y la historia de las mismas sólo lo sabrá quien haya conocido al dueño. Así, el vínculo con la prueba tangible está mediado por el vínculo con alguien que ya no existe. El ladrillo de una casa en la que uno vivió tiene significado en sí mismo, porque el vínculo era entre uno y la casa. El vínculo con un objeto que era de alguien más es a través de ese alguien más, pero si ese alguien ya no existe, ¿es ese objeto prueba de que una vez lo hizo? No, lo que prueba que una casa existió es un ladrillo, lo que prueba que un ser vivió es lo que dejó en los demás. La única prueba de la existencia de un ser no es tangible, es el amor que se le tuvo. Lo que hace real un vínculo entre dos seres, es el amor que se tienen. Pero si uno desaparece ¿qué hace el que queda con su amor? ¿Por qué ese amor sigue existiendo después de que el ser al que le era profesado ya no? La muerte no sólo nos perturba porque nos recuerda la finitud de nuestra existencia, la muerte no sólo nos perturba porque nos deja con un cadáver y cachivaches y telegramas y buzos y cassettes, además y sobre todo, nos perturba porque derriba la otra punta de un puente que se sostenía por dos extremos. Claro que así planteado, la solución sería a priori, tan lisa y llana como cortar el extremo que se encuentra de nuestro lado y evitar el vacío ante el cual el puente nos enfrenta. Sin embargo, cabe notar que ese puente no está aislado sino formando un entramado con otros. ¿Por qué? Porque ese amor sostuvo muchas cosas. Porque gracias a la existencia de ese puente, se alcanzaron nuevos lugares y se construyeron nuevos puentes. Porque las cosas que ese amor sostuvo siguen existiendo aunque el ser amado haya dejado de hacerlo.
El entramado de puentes que define nuestros vínculos, nuestras motivaciones, nuestros miedos y nuestros sueños estará siempre necesitando modificaciones, no dejándonos más alternativa que la de ser seres intrépidos y aventureros que deban estar balanceándose de aquí para allá, atando y desatando, oscilando entre abismos sin pavor, hasta que un día ese vacío nos devore, y alguien siga modificando parte de ese entramado.


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