Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

viernes, 20 de julio de 2012

Funciones inversas.





Hoy dije eso. Lo había pensado el otro día, pero no fue hasta que lo comenté y expliqué que realmente tomé consciencia de cuán cierto era. Las ideas suenan distintas en la mente propia, donde uno sólo se oye a sí mismo, que puestas en palabras.
Así como la oscuridad no existe por sí misma, sino que es consecuencia de la ausencia de luz, de esa misma manera, el miedo no existe sino en ausencia del amor.
El miedo se define como la función inversa al amor. La gente suele hablar del odio como antitético al amor, y es mentira. El odio no es sino consecuencia del miedo.
Como el amor y el miedo son funciones inversas, si se hace la compuesta del miedo con el amor, se obtiene x, siendo x la función identidad. (Entiéndase en este contexto a la función identidad como representación del individuo tal cual es, sin engaños ni artificios, del individuo en su sentido más puro.)
Es por esa razón que sólo el amor permite ver claro. Todo el mundo tiene miedos, conscientes o inconsientes, pero no todo el mundo ama. Lo curioso de esto, es que uno puede esforzarse mucho en ser una persona llena de amor fraterno y con paz de espíritu. Se puede invertir mucho ATP en forzarse a ser madur@, en luchar contra un@ mism@ y sus miedos, porque el peor enemigo o la peor enemiga que tod@s tenemos, es nuestra propia persona, pero no es posible aplicarse a sí mismo la función inversa. No importa cuánto un@ se acepte, se quiera o se respete a sí mism@. Por una razón muy sencilla: uno se define a partir del otro. Esa es la alteridad. Encontrar en el otro a un@ mism@. Por supuesto que la alteridad hace alusión al amor en general. No cabe la menor duda de que el amor fraterno es algo hermoso. Debo decir que personalmente, creo que la vida carece de sentido, y las pocas veces que he sentido (valga la redundancia) que tiene un propósito ha sido al ayudar seres vivos (de cualquier especie), al preocuparme por el mundo que me rodea, (así sea haciendo algo tan tonto como levantar un papelito del suelo), y al pasar tiempo con alguna persona y sentir que me veo en ella y ella en mí.
El amor fraterno es maravilloso, una de las mejores cosas de la vida, sin lugar a dudas, pues todo amor es maravilloso y tiene un poder increíble.
A pesar de ello, debo decir, que no hay inversa al miedo tan poderosa como aquella que proviene del amor romántico. ¿Por qué? Porque se establece con una persona. Una sola. Porque nos guste o nos disguste, lo cierto es que es a través de la mirada del ser amado que un@ se conoce. Porque deja de ser una mirada como tantas para ser la única que logra llegar a cierto sitio del alma. Porque no hay hielo que no derrita ni miedo que no venza. Porque es como una tormenta que arrasa con uno y renueva todo. Porque hace que la propia vida, el propio pasado se vea con otros ojos. Porque te hace mejor persona y te hace honesto contigo mismo, mientras que los miedos te mentían.
Porque si se presta atención, mucha atención, puede notarse lo siguiente.
Todos estamos solos. Nacemos solos, vivimos solos, y morimos solos. Ciertas personas son conscientes de ello. A otras les aterra y se esconden en: ser consumistas, vivir empastilladas o drogadas, poner la música a todo volumen, etc. Una manera de distraer los sentidos. Si no se le teme a la soledad y se le presta atención, se verá que es como un proceso que siempre está ejecutándose en segundo plano en nuestro "administrador de tareas." Si se emplea el procesador y la memoria RAM lo suficiente en otras cuestiones, quedará relegado por un tiempo. Hasta que esos procesos finalicen. Cuando eso suceda se le volverá a prestar atención. Es un proceso del sistema que no puede ser cancelado. Se ejecuta en cuanto se inicia el sistema operativo. Sólo una cosa puede hacerle frente, y eso justamente es el amor. Todo el mundo ha sentido en alguna ocasión una soledad muy grande, al punto que llega a generar incomodidad a pesar de estar rodeado de gente. Un sentimiento de soledad distinto al que se siente estando solo en la casa. Pues en ese caso uno se siente en compañía consigo mismo, y no es en absoluto desagradable. Lo molesto es verse rodeado de gente y saber que la única persona en cuya compañía un@ se siente comprendid@ aunque no estén hablando, aunque sólo estén en silencio contemplando un paisaje, no está. Porque si se presta la suficiente atención puede verse que si se quiere a alguien, es sólo a su lado que esa opresión en el pecho que se siente al estar rodeado de personas en una fiesta o una reunión social desaparece. Es como una alarma que pone en aviso de que se está ignorando algo importante. Una sirena estruendosa que hace ver lo superfluo y estúpido de lo que te rodea. Porque se comenta por ahí que el amor hace filósofo al más humano y hace humano al más filósofo.
El miedo es confortable. Justo como la depresión. ¿A quién no le encanta quedarse acostado todo el día en la cama sin hacer absolutamente nada, en pijama, sin hablar con nadie, ni siquiera sentir apetito? Eso es siempre más fácil que vestirse y salir a afrontar el día. Evidentemente. Del mismo modo, es mucho más fácil encerrarse en excusas y miedos, en la comodidad del propio ego, que arriesgarse a aproximarse a la función inversa. De algún modo el miedo aprisiona, y el amor libera. Libre es aquel que se desprende de sus miedos, y la libertad es consecuencia del amor. Es un trabajo en equipo, por algún motivo que desconozco. Las personas se quieren y a partir de ese amor se ayudan mutuamente. Ven en los ojos de la otra persona, a la otra persona y a sí mismos, tal cual son. Porque son dos seres asustados y perdidos en el mundo, que necesitan de la calidez del otro, para ser ellos mismos, y para tener el valor de vivir esta desesperanzadora existencia.

sábado, 14 de julio de 2012

Risa

Hace una o dos semanas (ya no lo recuerdo), asistí a un funeral, y ayer falleció un pariente de un amigo. Va, antes de ayer, porque son las 4AM.
Esto me llevó a reflexionar, que cuando uno piensa en alguien, no suele recordar una imagen estática de la persona. Por el contrario, suele recordar momentos. Aunque esos recuerdos muchas veces son sobre algo trivial o cotidiano. Una vez leí esto: "Stop overlooking the beauty of small moments. – Enjoy the little things, because one day you may look back and discover they were the big things.  The best portion of your life will be the small, nameless moments you spend smiling with someone who matters to you." Y debo reconocer que han sido pocas las cosas más ciertas que he oído en la vida.
 Cuando se piensa en alguien no sólo se recuerda su rostro, porque muchas veces en el recuerdo que se tiene un@ no estaba mirando a la persona directo a la cara. Se piensa también en sus gestos, en sus palabras, en el sonido de su voz, en cómo suena su risa, en su aroma.
Se sabe que alguien murió hace mucho cuando al recordarl@ no se recuerdan estas cosas, sino una foto. Eso significa que se pasó demasiado tiempo extrañando a alguien, que se ha estado demasiado tiempo contemplando una imagen estática de la persona, porque sólo de esa forma se l@ puede volver a ver. Pero nadie es una imagen estática, y nadie quiere conservar en su memoria sólo una imagen estática de alguien a quien quiso. Es entonces que se mira la fotografía con gran concentración, esperando la imagen llame a otros recuerdos en la mente. Pero con el paso del tiempo, lo que se recuerda es cada vez más borroso, y se empieza a dudar de lo realmente acontecido.
El problema no son los que mueren, sino los que tenemos que seguir vivos.
Así es que pasa el tiempo y no queda mucho más que un recuerdo o dos, y una imagen.Nunca se pensó al sacar la fotografía que sería esa captura arbitraria de un momento arbitrario, que se tomó tal vez sin prestar demasiada atención, la imagen fija que quedaría grabada en la mente sobre alguien cuyo paso por la vida de un@ no quiere olvidarse.
Por eso siempre presto mucha más atención a las voces, los perfumes, las actitudes y las miradas. Siempre que no se recuerde la forma de la nariz de alguien se puede mirar a una fotografía. Pero aunque en la imagen la persona esté sonriendo ningún papel puede saber cómo sonaba su risa. Es espantoso saber que nunca más vas a oír la risa de alguien ni sentir su perfume, pero más espantoso aún, es no poder recordar cómo sonaba u olía.

viernes, 13 de julio de 2012

Visión

Sonará absurdo, y lo es, pero a veces, por una pizca de tiempo, me da la impresión de que mi reproductor de mp3 está sintonizado con mi estado anímico. Lo uso siempre en aleatorio, para que me sorprenda, y ciertas canciones resultan seleccionadas por él sólo en ciertas situaciones. Y sin darme cuenta, muchas veces acabo por comportarme siempre de la misma manera cada vez que pasa la misma canción. Es algo cíclico y extraño. Hoy pensé que en cuanto bajara del ómnibus iría a la Rambla a ver el agua, y al rato me dí cuenta que mientras caminaba hacia allí había estado sonando la misma canción que siempre suena cada vez que lo hago. Va, las canciones, porque son dos. Y suenan siempre juntas a pesar de que el reproductor esté en modo aleatorio. Ni "we will rise again" ni "we were born to fly" de Scorpions tienen algo que ver con el mar, pero es una coincidencia que se ha repetido muchas veces.
De algún modo camino más rápido y decidida cuando suenan, lo que es preocupante, porque no suelo prestar atención a mi entorno.
 La letra de "we will rise again" nunca me convenció, supongo que la escucho por la música.
A veces se siente bien escuchar algo ruidoso.
"We were born to fly" sí me encanta, letra y música.


(Aunque mis preferidas son: "the future never dies", "under the same sun" y "maybe I maybe you".)
El punto es que como ya había anochecido, el agua no se distinguía. Más bien se fundía con la oscuridad impenetrable de un cielo sin luna, sólo interrumpida por la contaminación lumínica. Únicamente si miraba hacia mi izquierda era capaz de percibir a lo lejos un leve movimiento en el fluido. Sin embargo, eso era posible sólo por el ángulo en que la iluminación de la avenida irradiaba. Si miraba hacia la derecha o hacia adelante, me era imposible notar algo.
Pensé entonces, que el presente y el futuro nos resultan en nuestras vidas igual de impenetrables. Sólo el pasado podemos distinguirlo con una cierta claridad. Es más, no todo el pasado, porque yo no alcanzaba a ver toda el agua existente en esa dirección. Sólo es posible distinguir con cierta claridad algunos momentos del pasado. (Supongo que el asociar la izquierda al pasado y la derecha al futuro se lo debo al amigo Descartes, y sus ejes cartesianos.)
Resulta lógico. Del futuro no hay mucho que decir porque no sabemos qué pueda acontecer, del presente no podemos decir demasiado porque el estar viviéndolo afecta nuestra percepción del mismo. De un pasado lo suficientemente lejano como para ganar perspectiva pero no tanto que resulte borroso y nuestra subjetividad llene los espacios en blanco es de lo único que en verdad podemos hablar con mediana objetividad.
Es el modo primera persona lo que complica las cosas. Todo el mundo sabe que es mucho más cómoda una cámara como la del Zelda que la de Metroid Prime o Counter Strike. Siempre es más fácil observar las cosas con distancia. Sólo que la vida no es el Lineage, que se puede elegir qué cámara usar.