Hoy dije eso. Lo había pensado el otro día, pero no fue hasta que lo comenté y expliqué que realmente tomé consciencia de cuán cierto era. Las ideas suenan distintas en la mente propia, donde uno sólo se oye a sí mismo, que puestas en palabras.
Así como la oscuridad no existe por sí misma, sino que es consecuencia de la ausencia de luz, de esa misma manera, el miedo no existe sino en ausencia del amor.
El miedo se define como la función inversa al amor. La gente suele hablar del odio como antitético al amor, y es mentira. El odio no es sino consecuencia del miedo.
Como el amor y el miedo son funciones inversas, si se hace la compuesta del miedo con el amor, se obtiene x, siendo x la función identidad. (Entiéndase en este contexto a la función identidad como representación del individuo tal cual es, sin engaños ni artificios, del individuo en su sentido más puro.)
Es por esa razón que sólo el amor permite ver claro. Todo el mundo tiene miedos, conscientes o inconsientes, pero no todo el mundo ama. Lo curioso de esto, es que uno puede esforzarse mucho en ser una persona llena de amor fraterno y con paz de espíritu. Se puede invertir mucho ATP en forzarse a ser madur@, en luchar contra un@ mism@ y sus miedos, porque el peor enemigo o la peor enemiga que tod@s tenemos, es nuestra propia persona, pero no es posible aplicarse a sí mismo la función inversa. No importa cuánto un@ se acepte, se quiera o se respete a sí mism@. Por una razón muy sencilla: uno se define a partir del otro. Esa es la alteridad. Encontrar en el otro a un@ mism@. Por supuesto que la alteridad hace alusión al amor en general. No cabe la menor duda de que el amor fraterno es algo hermoso. Debo decir que personalmente, creo que la vida carece de sentido, y las pocas veces que he sentido (valga la redundancia) que tiene un propósito ha sido al ayudar seres vivos (de cualquier especie), al preocuparme por el mundo que me rodea, (así sea haciendo algo tan tonto como levantar un papelito del suelo), y al pasar tiempo con alguna persona y sentir que me veo en ella y ella en mí.
El amor fraterno es maravilloso, una de las mejores cosas de la vida, sin lugar a dudas, pues todo amor es maravilloso y tiene un poder increíble.
A pesar de ello, debo decir, que no hay inversa al miedo tan poderosa como aquella que proviene del amor romántico. ¿Por qué? Porque se establece con una persona. Una sola. Porque nos guste o nos disguste, lo cierto es que es a través de la mirada del ser amado que un@ se conoce. Porque deja de ser una mirada como tantas para ser la única que logra llegar a cierto sitio del alma. Porque no hay hielo que no derrita ni miedo que no venza. Porque es como una tormenta que arrasa con uno y renueva todo. Porque hace que la propia vida, el propio pasado se vea con otros ojos. Porque te hace mejor persona y te hace honesto contigo mismo, mientras que los miedos te mentían.
Porque si se presta atención, mucha atención, puede notarse lo siguiente.
Todos estamos solos. Nacemos solos, vivimos solos, y morimos solos. Ciertas personas son conscientes de ello. A otras les aterra y se esconden en: ser consumistas, vivir empastilladas o drogadas, poner la música a todo volumen, etc. Una manera de distraer los sentidos. Si no se le teme a la soledad y se le presta atención, se verá que es como un proceso que siempre está ejecutándose en segundo plano en nuestro "administrador de tareas." Si se emplea el procesador y la memoria RAM lo suficiente en otras cuestiones, quedará relegado por un tiempo. Hasta que esos procesos finalicen. Cuando eso suceda se le volverá a prestar atención. Es un proceso del sistema que no puede ser cancelado. Se ejecuta en cuanto se inicia el sistema operativo. Sólo una cosa puede hacerle frente, y eso justamente es el amor. Todo el mundo ha sentido en alguna ocasión una soledad muy grande, al punto que llega a generar incomodidad a pesar de estar rodeado de gente. Un sentimiento de soledad distinto al que se siente estando solo en la casa. Pues en ese caso uno se siente en compañía consigo mismo, y no es en absoluto desagradable. Lo molesto es verse rodeado de gente y saber que la única persona en cuya compañía un@ se siente comprendid@ aunque no estén hablando, aunque sólo estén en silencio contemplando un paisaje, no está. Porque si se presta la suficiente atención puede verse que si se quiere a alguien, es sólo a su lado que esa opresión en el pecho que se siente al estar rodeado de personas en una fiesta o una reunión social desaparece. Es como una alarma que pone en aviso de que se está ignorando algo importante. Una sirena estruendosa que hace ver lo superfluo y estúpido de lo que te rodea. Porque se comenta por ahí que el amor hace filósofo al más humano y hace humano al más filósofo.
El miedo es confortable. Justo como la depresión. ¿A quién no le encanta quedarse acostado todo el día en la cama sin hacer absolutamente nada, en pijama, sin hablar con nadie, ni siquiera sentir apetito? Eso es siempre más fácil que vestirse y salir a afrontar el día. Evidentemente. Del mismo modo, es mucho más fácil encerrarse en excusas y miedos, en la comodidad del propio ego, que arriesgarse a aproximarse a la función inversa. De algún modo el miedo aprisiona, y el amor libera. Libre es aquel que se desprende de sus miedos, y la libertad es consecuencia del amor. Es un trabajo en equipo, por algún motivo que desconozco. Las personas se quieren y a partir de ese amor se ayudan mutuamente. Ven en los ojos de la otra persona, a la otra persona y a sí mismos, tal cual son. Porque son dos seres asustados y perdidos en el mundo, que necesitan de la calidez del otro, para ser ellos mismos, y para tener el valor de vivir esta desesperanzadora existencia.