
Toda mi vida he tenido la sensación de no comprender nada. No importa cuánto lo intente, no importa cuánto lea, no importa cuánto tiempo invierta en ello o cuántas noches pase en vela. Percibo la realidad como algo caótico, y cuando pienso que encontré un patrón, que encontré una respuesta, veo un nuevo elemento que no cumple mi teoría. La mayoría de las veces, simplemente tengo esa sensación frustrante de tener las respuestas al alcance de mi mano, en la punta de la lengua, pero cuando me acerco se esfuman.
No puedo evitar pasar por la plaza donde está esta hamaca. Nada más observarla me genera una mezcla entre el sentimiento tan molesto que acabo de describir, y tranquilidad.
Es la impresión de que hay algo que no estás viendo, aunque está enfrente tuyo. La sensación de que el significado de las cosas es muy claro visto de lejos, pero a medida que uno se acerca, descubre que se trataba de un espejismo más. Como ver vapor, e intentar atraparlo. Está ahí, uno lo ve, parece tangible, pero es imposible capturarlo con las manos. O la impotencia que se siente de niño al correr hacia el horizonte. Al principio intenté alcanzarlo a pie, luego usé la bicicleta, y por último, le dije a mi padre que por favor acelerara el auto para ver si así llegábamos.
Claro que el horizonte no existe como límite real. Tal vez eso signifique que A) las cosas no tienen significado, o B) la mente humana es incapaz de captarlo.
En cualquiera de los casos citados, lo razonable sería no pensar al respecto, es decir ¿por qué pensar en cosas que o no existen o existen pero somos incapaces de conocer? ¿Por qué existe la filosofía? ¿Por qué no nos cansamos de buscar el significado profundo de la existencia? ¿Será lo que Borges decía? ¿que el destino de la humanidad es buscar respuestas sin nunca hallarlas? ¿Será que nuestra mente interpreta las cosas de manera lineal y por lo tanto tiene una limitación inherente a la hora de intentar interpretar una realidad no lineal? ¿Intentar comprender el universo y la vida con un cerebro será algo tan vano como intentar sacar una tuerca con un martillo?
Pero si es tan vano, ¿no debería la selección natural no haber favorecido el desarrollo de una inteligencia tan empecinada en una causa perdida? Es un verdadero desperdicio de ATP, ¿entonces por qué todas las personas del mundo filosofamos? Aún aquellos que han sido capaces de dejar de hacerlo, lo han hecho alguna vez. Entonces, ¿por qué un recurso tan caro energéticamente y cuyo costo supera la ganancia que provoca es mantenido?
¿No sería más conveniente y nos ahorraría más energía tener un cerebro menos desarrollado? ¿Qué hay de la finitud de la existencia? ¿no sería más capaz de sobrevivir alguien que invierte su energía en sobrevivir en vez de pensar cuándo morirá o cómo será morir?
Las emociones y los pensamientos nos provocan más pérdida que ganancia a los seres vivos, ¿cómo la selección natural mantiene algo tan poco conveniente?
Evidentemente la realidad no es sólo lo que vemos, y tal vez no todo lo que vemos lo sea.
Entonces, si el conjunto de la realidad presenta una intersección con nuestra percepción de ella, pero no es ella, ¿cómo saber qué es? ¿Cómo saber qué elemento está en qué conjunto?
Pasan miles de años, y las preguntas que nos hacemos siguen siendo las mismas. Sin embargo es imposible vivir sin hacerlo. Por más que se sepa que nunca se entenderá nada, no se puede dejar de intentar comprender. ¿A qué viene esa sensación de estar al borde de algo que se esfuma cuando nos aproximamos?
Siempre he sentido que ciertas cosas en la vida no cambian, que en el fondo uno sigue siendo el mismo que siempre fue, con pequeñas modificaciones; y sin embargo, nunca voy a poder volver a subirme a esa hamaca amarilla, como lo hacía de niña.

El otro día, estaba simplemente descansando en esa plaza, cuando vi llegar a una nenita con sus padres. El papá la agarró a upa, como otrora hizo el mío, y le preguntó cuál hamaca le gustaba. Ella eligió la roja. Otro día un niño eligió la verde. La mayoría de los colores se repiten, pero hamaca amarilla hay una sola. Creo que por eso la elegía yo. Me gusta usar siempre lo mismo, y una buena manera de estar siempre en la misma hamaca era elegir una única, que no iba a confundir con otra. En el tiempo que hace que volví a vivir en este lugar después de años de ir por otros rumbos, no he visto a nadie subirse a la hamaca amarilla. No sé por qué me siento ahí y cuando veo a algún niño o niña pienso "que se suba a la amarilla", pero no lo hacen. No sé por qué me importa que lo hagan o no. Borges decía que nadie es único e irrepetible, sino que las historias de vida se repiten, manteniéndose de ese modo un balance, como si se tratara de un ciclo biogeoquímico. Tal vez sea que espero verme repetida. Tal vez eso me daría una cierta sensación de tranquilidad.
Hace dos días hubo una gran tormenta, tiró varios árboles, y cuando se lo comenté a mi padre, triste por la muerte de esos nobles seres vivos, me preguntó preocupado si se había caído el pino al que yo solía trepar. No supe qué contestarle, y cuando hoy pasé por allí a ver a la hamaca y qué había pasado con los pobres amigos árboles que fueron arrasados por la tormenta, recorrí todo el lugar intentando recordar cuál era ese pino.
No pude. ¿Cómo puedo intentar comprender aquello que trasciende a mi limitada percepción de la realidad cuando no soy capaz de recordar a qué árbol me trepaba a los cinco años?
A pesar de los años, nunca he podido superar la angustia existencial que me provoca no entender nada y ser tan limitada.
Alguien muy querido para mí, o a quien solía querer y en algún punto supongo que siempre seguiré queriendo, solía recordarme que era mortal para molestarme.
Cuando yo me ponía muy filosófica o idealista, o sencillamente olvidaba mis limitaciones como
Homo sapiens que soy, se reía y me decía: "mortal". Me fastidiaba muchísimo que lo hiciera. Tal vez es algo que nunca he sido capaz de aceptar. Del mismo modo que nunca superé la tristeza e impotencia que sentí cuando entendí que no podía salvar al mundo, que no podía ayudar a todos, y que probablemente ni siquiera fuera capaz de salvarme a mí misma.