Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

lunes, 16 de junio de 2014

Pretérito imperfecto

Durante toda mi existencia, algo me ha perturbado. ¿Qué pasa en el instante en que un momento deja de ser presente y se convierte en recuerdo? ¿dónde está el límite de lo real? Estas cuestiones se debaten en mi mente porque siempre he sido alguien que ha vivido demasiado en el mundo dentro de su cabeza, y para empeorar, tengo una memoria fantástica; no para recordar dónde he dejado objetos, pero sí para recordar situaciones, diálogos, gestos, atardeceres, mariposas, firmamentos, y paisajes.
Esta característica de mi mente, hace que muchas veces recuerde cosas que otros no, y eso me hace sentir muy sola. ¿Por qué? Pues porque el que hayan dos o más personas que recuerden algo, es prueba de que ese algo existió. Si uno solo lo recuerda, ¿cómo sabe que eso fue real?
¿Qué hace que un hecho del pasado sea real? El vínculo con el presente. Si nadie lo recuerda, ni queda ningún objeto o efecto físico en el mundo del hecho, es como si nunca hubiera sucedido.
¿Tiene sentido ser seres vivos conscientes del pasado? Es cierto que eso aporta noción de identidad al individuo, pero, haciendo una relación costo-beneficio, ¿la idea de identidad del sujeto vale todo el tiempo que el mismo ha de invertir pensando en eso? El recordar, ¿mantiene vivo un pasado? En definitiva, nada de esto puede ser respondido sin conocer la respuesta a una pregunta en apariencia muy sencilla, ¿qué es el tiempo? Ni siquiera eso sabemos. He ahí lo agradable de los idiomas. Parecen resolver cosas que en realidad no resolveremos nunca. En idioma español, el pretérito imperfecto es un tiempo verbal en el que el pasado aún afecta al presente, a diferencia del pretérito perfecto simple, en el que el pasado ya no se vincula con el presente. La vida es pretérito imperfecto, es un presente, afectado por un pasado, que no se llega a comprender, que a veces parece haber sido muy real, y otras veces una mera alucinación, y el límite entre ese presente y su pasado, es, cuanto menos, difuso. Todas estas interrogantes, no hacen más que recordarle a uno la melancolía de morir en este mundo y de vivir sin una estúpida razón. Si no sabemos qué es el tiempo, qué es la materia, qué es la vida ni qué es la realidad, menos vamos a saber por qué razón hemos de sobrellevar una existencia, pues dicha existencia está sustentada en los conceptos citados previamente, que son desconocidos.
Sólo nos queda amigarnos con lo absurdo. Aceptar que nada tiene lógica ni sentido y saber que estamos locos por pretender que el universo funcione como nuestra sobrevaluada mente de primates


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