Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

martes, 18 de enero de 2011

Belisario

Para mi fortuna por un lado, y para mi desdicha por otro, estoy de vacaciones. (Por eso estoy escribiendo esto.)
En fin, el punto es que una amiga me prestó una novela y me dijo que la leyera. La novela es "Conde Belisario" de Robert Graves. Cuando ella me dijo que era una novela histórica titubeé. La historia no es precisamente mi campo y no soy ninguna aficionada a ella. Sin embargo, puesto que tenía tiempo libre, acepté leerme las 750 páginas.

Belisario vivió en el siglo VI de nuestra era. Fue un general brillante que realizó proezas sorprendentes. Comandante de ejército del Imperio Romano de Oriente, no sólo batalló valientemente logrando así recuperar parte de los territorios que el Imperio había perdido a manos de vándalos, godos, hunos, etc, cuando aconteció la lamentable caída del Imperio Romano de Occidente allá por el 476 d.C; sino que lo hizo con muy poca ayuda de Justiniano (el entonces Emperador) y gracias a su genialidad. Belisario era brillante como estratega, siempre estaba un paso al frente del enemigo y lograba victorias insospechadas, aún con todos los pronósticos en contra.
Les diré que en un inicio estaba convenciada de que la novela me iba a aburrir, pero resultó ser interesante por dos motivos:
1- La figura en torno a la cual gira el relato (Belisario) es una persona ejemplar, y, siendo que se trata de una novela histórica, eso significa que alguna vez en la historia existió alguien así.

2- Leer sobre cómo era la sociedad hace como 1500 años aproximadamente te hace ver las cosas distinto.

El narrador de la novela es un esclavo, que cuenta todo según él lo vio. Relata desde cuestiones cotidianas hasta conflictos del Imperio Romano que terminaban en guerras.

El autor realmente lo hace a uno vivir la historia. Por un momento uno se cree que está ahí, que presencia todo, tanto lo digno de admiración como lo lamentable. Pues dado que es un relato basado en la realidad y que nuestra especie no es perfecta ni mucho menos sino que la mayoría de las veces es más deplorable que admirable, se cuentan muchas cosas que lo hacen a uno sentir vergüenza de ser un Homo sapiens. 

 Sin embargo hay ciertos personajes que lo dejan a uno sorprendido. Principalmente, Belisario. Además de lo mencionado previamente, era un hombre fiel, leal, y de firmes principios. Dejaba huir al enemigo tras la derrota, castigaba a sus soldados cuando cometían brutalidades tales como asesinar a otro porque se había burlado de lo mal que cantaba (en serio), era coherente y honesto. Leyendo la novela uno encuentra poca gente a la altura de Belisario, o sea que personas así ya estaban en peligro de extinción hacía como 1500 años, y con la pérdida de la biodiversidad que ha habido de un tiempo a esta parte...  jaja vaya a saber uno  cuántas personas así hayan en el planeta en la actualidad.

Parecería ser que la selección natural ha favorecido más la prevalencia de otros dos tipos de Homo sapiens: los semejantes a como el narrador da a entender que fue Justiniano (corruptibles, manipulables, incoherentes, indecisos y en cierto modo cobardes) y los semejantes a como el narrador da a entender que eran algunos hunos, godos y vándalos, pero también ciertos romanos.

En aquella época se acudía al Hipódromo en lugar de al Estadio. Obviamente se corrían carreras de caballo, en las que el caballo arrastraba un carro conducido por un auriga. Competían en ellas dos bandos: los Verdes y los Azules.

Uno pertenecía a la facción Verde o a la facción Azul. Así como hoy en día uno es del Real Madrid o del Barcelona.

La cuestión es que se creaban enemistades tan grandes entre estos dos bandos, que llegaban a matarse los unos a los otros y a ocasionar disturbios terribles que se parecían bastante a una guerra civil.

Es cierto que los tiempos han cambiado, hace 1500 años ustedes no hubieran estado sentados frente a un monitor, pero también es cierto que los vicios, los defectos, las tendencias, las reacciones, los sentimientos, y las vicisitudes que nos acontecen a los humanos a lo largo de nuestras vidas, son exactamente las mismas. 

PD: Desconozco el final de la novela pues aún no lo he alcanzado, pero estoy cerca.

Control de la ira.

La gente me ha dicho que soy "poco sociable" que debería ser más amable, comprensiva y un largo etcétera. Mi propia madre me acusa de "insensible".

Francamente, he intentado cambiar. No han sido pocas las veces en las que me he dicho a mí misma que debo ser más tolerante. Pero sencillamente no puedo.

Soy poco sociable. Me molesta estar rodeada de gente. Me pone de mal humor tener que ser amable.

Me sacan de quicio las conversaciones idiotas que tiene uno con la gente con la que se encuentra en fiestas, paradas de ómnibus, pasillos.

Soy amable, pero eso me pone de muy mal humor. ¿Por qué? Porque cuando lo hago me sorprendo a mí misma obligando a los músculos de mi cara a fingir una sonrisa, hablando sobre cosas que no me importan y comportándome de una manera que no se parece nada a mí.

Por supuesto que ser amable es algo que se debe hacer, entonces ya tengo algo asumido: una especie de doble identidad. Soy simpática cuando tengo que serlo. ¿Se acuerdan de Dr. Jekyll y Mr. Hyde? Bueno, por ahí ando.

Tenía esto perfectamente bajo control, hasta hace poco. Resulta que cada día me cuesta más ser amable. Eso saca lo peor de mí, que soy muuuuy temperamental (aunque finja no serlo.)

Ahora, ¿qué hace uno cuando tiene un temperamento horrible y es poco sociable pero tiene que pasar tiempo con gente que le cae mal o sencillamente no le importa porque le sobran dedos de las manos para contar a la gente que sí le importa?

Yo les voy a decir mi secreto, el que había abandonado hacía unos años por creer que tenía a Hyde controlado pero que ahora voy a tener que volver a emplear: usar una bandita elástica en la muñeca.

Les parecerá una estupidez, dirán ¿me leí toda esta pavada para esto? Pero funciona. Háganme caso, cuando quieran reprimir algún sentimiento tiren de la bandita, suéltenla y dejen que les pegue en la muñeca. Es la única forma que yo conozco que funciona.

Porque sino están los psicólogos, pero usan toda la sensiblería barata esa de preguntarte cosas de cuando eras chico para que te pongas a llorar como un idiota y al final quedás más traumado después de ir a un psicólogo de lo que ya estabas antes de ir.