A veces, cuando me siento desanimada, me gusta sentarme junto a la ventana de una cafetería o bar, tomar algo, y ver a las personas pasar*. Ver una, dos, tres, hasta que empiezo a desdibujarme. Hasta que siento que no existo. Es entonces cuando, dependiendo de mi estado de ánimo, o me sumo en mi mundo interior hasta que dejo de ver lo que me rodea, entrando en un universo, en ocasiones hermoso, en otras terrible, en el cual sólo habitan mis conceptos, mis ideas, mis estructuras y mis recuerdos, o bien, comienzo a imaginar cosas sobre las personas que pasan. Me encanta imaginar sus ideas, sus sueños, sus rutinas, sus gestos, Me gusta intentar adivinar en qué estarán pensando, en qué puerta entrarán, si bajarán a pasear al perro, si preferirán los cubiertos con mango de plástico o los de mango de madera o los que son todos de metal. Me pregunto, a la hora de ir al supermercado, si tienen que comprar algo que nunca compran, y por lo tanto no tienen ningún concepto previo sobre ninguna marca, ¿cuál compran? ¿La más cara? ¿asumiendo que será mejor? ¿La más barata? ¿por tacañería o por tener poco dinero? ¿La nacional? ¿para favorecer a las industrias del país?
Desde niña me ha gustado escuchar lo que la gente tiene para decir, y vaya si he aprendido y me he deleitado con narraciones de todo tipo, pero mis preferidas, son las que versan sobre cuestiones simples y cotidianas. Esas cosas son las que hacen a las personas reales. Cuando me doy una ducha, cuando lavo los platos después de comer, cuando hago resúmenes para la facultad, cuando elijo qué ropa ponerme, a veces me pregunto cuántas personas más en todo este ancho mundo estarán haciendo lo mismo que yo en ese preciso momento, y de qué modo lo harán. Este modo es un sello particular de cada uno de nosotros. ¿O nunca llegaron a su casa, vieron la cocina y supieron quién había lavado los platos? ¿o nunca llegaron al trabajo y se dieron cuenta de quién había trabajado allí un rato antes de que ustedes llegaran?
¿Nunca fueron al supermercado y vieron frente a la góndola de los lácteos a una parejita que acababa de percatarse de que nunca se habían preguntado si preferían rallar el queso o comprarlo rallado? y en caso de comprarlo rallado, ¿en hebras o de la otra forma que no me acuerdo del nombre? ¿No se fijaron en la forma en que intercambiaban miradas? ¿con una expresión en el rostro que parecía denotar que en la respuesta que fueran a recibir les iba la vida? Más allá de que uno siempre pone cara de que le va la vida en eso cuando está a punto de escuchar una respuesta sobre lo que sea de la persona que ama, las cosas cotidianas asumen un papel importantísimo en esos casos también.
Una vez salí con alguien sólo porque me divertía la expresión de su rostro cuando levantaba la ceja derecha al hablar de algo que le crispaba los nervios.
Me divierte muchísimo conjeturar "si la vida de tal o cual persona fuera una obra, seguramente sería una película/novela/pintura/obra de teatro/un poema de x." Obviamente que a la subjetividad del juicio debe añadírsele que la riqueza del mismo se encuentra limitada por mis conocimientos sobre arte. que no son muchos, porque al ser mi gusto muy particular, descarto muchas cosas muy rápido, y eso me limita.
*En particular disfruto hacer esto en otoño, viendo a las hojas caer de los árboles y a la gente vestida de media estación, en tonos de rojos, verdes oscuros y marrones, con paraguas.
Registro de Desvaríos
Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.
jueves, 8 de enero de 2015
martes, 6 de enero de 2015
Documento encontrado
Lo escribí hace unos meses y lo dejé por ahí, arrumbado entre Mis Documentos. Ya me había olvidado de su existencia. Se ve que estaba optimista ese día. Vaya uno a saber. Dice así:
"Una
vez alguien me preguntó qué era el amor.* Entonces recordé que una
vez lo había sentido. No sabía cómo había pasado aquello, y a
veces dudaba de que hubiera sido real. Pero cuando esa duda me
embargaba, recordaba que todas las emociones fuertes que he vivido le
han provocado a mi psiquis esa incredulidad. Hasta donde yo puedo
recordar, y al hacerlo casi puedo volver a sentirlo, el amor es una
emoción inmensa, que desborda a quien la siente y hace estragos con
su raciocinio. El amor hace jugarretas extrañas con el tiempo, que
abandona su ritmo habitual para repentinamente ir más lento, y al
instante siguiente detenerse. Cuando te despista, vuelve a avanzar,
pero más veloz de lo usual. Si de repente al darte cuenta de esto,
piensas que ya no te desconcertará más, entonces, adrede, y sólo
para provocarte una mayor confusión, jugará con las épocas de tu
vida. Así, hará que de pronto te sientas de vuelta en tu infancia,
y volverán tus sueños e ilusiones de aquel entonces. Al instante
próximo estarás en tu adultez, saltarás entonces a la aún no
vivida madurez, regresarás a la infancia nuevamente, transitarás tu
adolescencia ya sin comprender nada, y seguirá haciéndote brincar
de momentos previos a presentes y de ellos a futuros, sin tón ni
són, dejándote sumamente perplejo. El tiempo dejará de existir y
harás cambios en sucesos pretéritos. Te encontrarás perdido,
abrumado, feliz y asustado. Todo a la vez. Sentirás naúseas,
seguidas de euforia. Pensarás en huir, seducido por la falta que te
hace tu vieja y querida razón. Dejarás que esta te embruje con su
lógica, su coherencia, su estructura. Decidirás escapar, tomarás
tu maleta, empacarás las cosas que necesitas, te pondrás el abrigo
y darás un paso al frente, con profunda decisión. Abrirás la
puerta con ímpetu, y te encontrarás entonces con una mirada que te
pasará de lado a lado. Sabrá a dónde se dirigía tu alma y qué
contenido tenía tu maleta. Pestañearás interrumpiendo el contacto
visual, y verás entonces que también llevaba una maleta.
Si
un día de estos, el amor se va, una parte se quedará en ti.
Descubrirás cuando la herida ya no duela tanto que te devolvió una parte
de vos mismo que al crecer el miedo había apartado de tu alma. Te
verás a ti mismo con mayor claridad, comprenderás que su opuesto no
es el odio, sino el miedo. Te verás desnudo frente al espejo.
Aprenderás a seguir adelante**, y entonces, cuando casi lo hayas
olvidado, volverá de improviso en otra forma, para recordarte que
aún estás vivo, y hacer el tiempo y el espacio relativos de nuevo."
*en
este texto se hace referencia al amor romántico.
** (más por resignación que otra cosa, pero para el caso es lo mismo, debería valorarse más al optimismo forzado, pues en ciertas situaciones es imposible sentir al que no lo es y el pesimismo no sirve para nada)
Esto último, señalado con ** lo escribí ahora, debería insertarlo mismo en el texto, pero no quería modificarlo. En particular porque estropearía un poco la tónica en que iba. Por eso puse aparte el comentario mala onda.
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