Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Penélope

No sé por qué, pero desde que me desperté, no he conseguido sacar esta canción de mi cabeza. No era la idea del blog estar nombrando una canción en cada entrada, ni mucho menos. Pero creo que se me ha vuelto una tendencia.
http://grooveshark.com/s/Pen+lope/3l4rvy?src=5
Nunca me gustaron las actividades grupales, ni los coros, y todos los años cuando iba al colegio, me negaba a participar. Ni siquiera "audicionaba." Pero hubo una vez, en que tuve una maestra, que me desagradaba a tal punto, que buscaba cualquier excusa para no estar en su clase, y ese año, cuando cursaba 4º de primaria, hasta el coro me vino bien.
Recuerdo haber pasado tardes lluviosas junto al piano del profesor cantando esta canción, (yo siempre me paraba en un ángulo tal que pudiera ver qué teclas apretaba, a ver si así entendía cómo se tocaba el piano) con mis compañer@s y la Penélope imaginaria de mi mente. Siempre la pensé como una mujer de alrededor de cuarenta años, de cabello negro y largo, atado en una cola de caballo. Sentada en un banco verde inglés junto a árboles de hojas amarillentas, vestida de marrón, con la mirada ausente. Pensaba que sus ojos serían color avellana, pero que habrían perdido el brillo por la angustia de la espera. Miraría indiferente a la gente que pasaba. El viento bailaría con las hojas a su alrededor, pero ni esa hermosa y ocurrente pareja danzante, que constituye la mejor parte del otoño, sería capaz de llamar su atención.
Sin embargo, de alguna manera, el tono que toma la melodía cuando la canción dice "Penélope, mi amante fiel, mi paz, deja ya de tejer sueños en tu mente; mírame, soy tu amor, regresé", me hacía pensar que la historia tendría un final feliz. No importaba cuántas veces la cantara, siempre me embargaba la misma ilusión en ese acorde. Pero invariablemente, la respuesta de Penélope seguía siendo "tú no eres quien yo espero."
Yo lo sabía, me sabía la letra de memoria, pero aún así, seguía creyendo que ella lo reconocería a pesar del paso del tiempo. Aunque su apariencia hubiera cambiado. Imaginaba sus miradas encontrarse y a ella reconocer en la mirada del viajero a quien aguardaba. Porque eso es lo único que permite reconocer a alguien, ese brillo extraño, particular y único que tiene cada persona en la mirada. Es eso lo único que no cambia, así pasen siglos. Pensaba que una vez iba a cantar la canción, y el final iba a cambiar, porque el que la cantáramos tantas veces, haría a Penélope recordar. Porque no podía haber olvidado la mirada del viajero, porque tenía que ser capaz de reconocerlo, así se encontrara muy diferente, así su cuerpo pareciera el de otra persona. Tenía que ver ese brillo extraño, eso tenía que alcanzarle, tenía que entender que era eso lo verdadero, y no su recuerdo de su aspecto.
Pero claro, a mis diez años debería haber sabido que las canciones no cambiaban, y que los protagonistas no podían oírme. La letra ya estaba escrita.
Esta canción también me recuerda a aquello de que los pétalos de las flores de los cerezos caen a cinco centímetros por segundo.

El paisaje siempre lo he imaginado más o menos así. Sólo que con los árboles más cargados de follaje, y en una estación de trenes. Con la vía cerca, y uno de esos relojes de las estaciones junto a ella. Es una lástima que la AFE (creo que es esa la sigla) esté arruinada, yo llegué a ir de niña, cuando estaba en mejor estado. Habiendo escuchado esta canción, me preguntaba cuántas personas habrían aguardado el regreso de alguien en vano, contemplando ese enorme reloj, y el ir y venir de los trenes.