Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

lunes, 9 de diciembre de 2013

El Charco

Hoy iba triste caminando por la calle y de repente vi un charco. Tenía forma de corazón. Entonces me quedé parada en la mitad de la calle a verlo. Era hermoso, y nadie reparaba en él.
Quise sacarle una foto, pero no me quedaba batería en el celular. Miré alrededor, tenía que contarle a alguien. Había una señora repasando los resultados de la quiniela. Le toqué el hombro y le dije: "disculpe, yo sé que esto puede sonarle tonto, pero ese charco de ahí, tiene forma de corazón. ¿La ve? Es hermoso, y tenía que decírselo a alguien." Una muchacha que venía por la misma acera se detuvo a verlo también. De repente, ese charco en el que nadie reparaba, tenía a tres admiradoras.
A pocos metros había un mendigo. Seguí mi camino al supermercado, y a la salida, recordé al mendigo. Me había comprado unas galletas que me encantan, pero decidí que él las necesitaba más que yo. Cuando pasé por al lado del charco nuevamente, se había evaporado casi por completo, y en lugar del mendigo, estaba una mujer con dos niños. Ver gente en la calle es algo a lo que no puedo ni quiero acostumbrarme. Cuando me mudé a la ciudad me afectaba tanto, que evitaba salir de mi casa, porque cuando lo hacía, y veía esas realidades, me sentía tan triste, que volvía a llorar a mi cuarto. Le di el paquete de galletas a la mujer, y me fui a mi casa, reflexionando sobre el charco.
Está claro que la realidad no es lo que la realidad es, sino lo que significa para uno, porque es algo falso e ingenuo considerar que existe una realidad que es externa e independiente de todos nosotros y que todos percibimos por igual. Entonces me pregunté a mí misma, por qué ese charco me había llamado la atención, y llegué a una teoría. Tal vez ese charco representaba en cierta forma, cómo me siento. Con un corazón que está al margen, solo y evaporándose, pero aún así, latiendo con la fuerza que le queda. O no, tal vez, viéndolo con otros ojos, sea alguien que tiene mucho que ofrecer y que es capaz de adaptarse a situaciones muy diferentes, como el agua. Después de todo, ese charco, tan insignificante, nos alegró a tres personas. Tal vez lo que ese charco quería decirme, es que todo cambia, todos nos estamos evaporando (como la parte de "Stop Crying Your Heart Out" que dice que "we are all fading away"), pero tenemos mucho que ofrecer a quien quiera vernos. Porque la vida es cambio constante, algunos nos gustan, otros no, pero creo que el desafío que tenemos los humanos es ser capaces de aceptar el ir y venir de las cosas, sin aferrarnos. El tiempo, que a veces considero una mera ilusión, transcurre de una forma extraña. Me recuerda a cuando de niña intenté entender el funcionamiento de un reloj. Miraba las agujas, y quería comprender cómo se relacionaban unas con otras. La del segundero iba rápido, así que uno podía seguirla. El minutero, era más difícil de apreciar en movimiento, pero aún así era posible. ¿Pero y la que marca la hora? Va demasiado lento como para poder seguirla. Creo que la vida es así. Uno puede vivir intensamente los segundos, pero la hora es más difícil. Es más fácil ser consciente en un instante, que tomar años de nuestra vida, y darles sentido. No es posible comprimir toda nuestra vida pasada y sentirla en un segundo. Pero lo que sí se puede hacer es sentir con toda el alma, un segundo. Es difícil conectarlos unos con otros, igual que es difícil conectar el funcionamiento de todas las agujas. Por eso prefiero vivir cada segundo. Cuando el reloj me obsesionaba, a los seis años, debería haber entendido esto, y haberme dedicado a los segundos en vez de las horas, pero no lo hice. Seguí intentando entender a la aguja que daba la hora sin ver la de los segundos. Hace un tiempo, empecé a concentrarme más en la de los segundos, y ya no le presto demasiada atención a la que da la hora. Calculo que hay que prestarle atención a las tres, pero aún no descubro cómo hacerlo. Y francamente, después de haber vivido según las diferentes agujas, prefiero el segundero. Hace más intensa la vida. Hace que uno pueda maravillarse al ver un charco.


domingo, 11 de agosto de 2013

Vivir un día a la vez trae buenos resultados

Ayer me encontré con un viejo amigo, al que hacía años no veía. El estar un rato charlando y tomando mate en aquella plaza, trajo muchas cosas a mi mente.
En primer lugar, como es obvio, me hizo pensar que si en la época en que estábamos siempre juntos, entre mis doce y dieciocho años, alguien me hubiera dicho las cosas que iban a pasar de ese tiempo a esta parte, probablemente no le hubiese creído. Por otro lado, pensé en que no habíamos cambiado en nada, a pesar de los años.
Pero en un momento de la conversación, noté a mi amigo algo desilusionado de la vida. Fue entonces cuando recordé el motivo por el que yo no lo estoy, y lo compartí con él.
Una tarde del verano pasado, volviendo a mi casa desde el trabajo, pasé frente a una pintada en la pared, que dice así:

A veces uno va por ahí preocupado o triste, por una u otra razón, y se sume tanto en eso, porque después de todo, sus problemas son tan inmensos y dignos de una preocupación exagerada, que se olvida de algo.
Se olvida de que la vida es eso que está pasando mientras se está angustiado. Obviamente que todos tenemos nuestros malos ratos, en los que nos entristecemos y no tenemos fuerza para nada, y es lógico, es parte de la vida. El problema es dejar que eso nos absorba. La cuestión es que, nos guste o no nos guste, la verdad es que siempre va a haber algo que nos atormente.
Podemos ir por ahí sufriendo, o podemos vivir a pesar de eso. Con esto no digo que uno vaya a negarse la realidad y mentirse que todo está perfecto, por el contrario, me refiero a vivir siendo conscientes de nuestros problemas, intentando modificar las situaciones que nos dañan cuando es posible, o aprendiendo a vivir con ellas cuando no las podemos cambiar.
Al fin y al cabo, ¿qué es la realidad? Está claro que es más de lo que percibimos con nuestros cinco sentidos, (las ondas de radio existen y no las vemos), también está claro que no todo lo que captamos con nuestros cinco sentidos es real, o no existirían los espejismos. Además, de una misma situación, dos personas pueden interpretar diferentes cosas. Así que, ¿qué nos queda? Nos queda que si bien no sabemos ni sabremos nunca con certeza qué es "real" y qué no lo es, eso nos abre la posibilidad de influir sobre nuestra realidad. Cada uno ve lo que quiere ver, y vive lo que quiere vivir.
Esta vida no se trata de autocompadecerse, ni tampoco de arremeter contra el mundo, para ser honesta no tengo ni la más mínima idea de lo que se trate. Tengo la sospecha, de que se trata de aprender. De vivir cada momento intensamente. Amar con toda el alma cuando se ama, disfrutar con toda el alma cuando se disfruta, reír con toda el alma cuando se ríe; pero también, llorar con toda el alma cuando se llora, sufrir con toda el alma cuando se sufre.
Y lograr, a pesar de lo espectacular o miserable que uno se pueda sentir, de no dejar de vivir todos y cada uno de los días de su vida, con la disposición y energía que tendría si un genio de una lámpara se apareciera diciéndole que cada día de su vida viviría una vida diferente. Siendo consciente del pasado y afrontando las cosas que quedaron pendientes para crecer como personas, pero sin dejarnos consumir por eso; y teniendo una  visión hacia el futuro que carezca de apego, sabiendo que la vida es impredecible.
Desde que tengo esta perspectiva, siento todo diferente, como si hubieran pasado diez años, en lugar de diez meses.


martes, 30 de julio de 2013

Barquito

Hacía un mes y medio que la madre de Zugzwang había muerto. Los días posteriores a eso, tuvo que lidiar consigo misma (además de con todo lo que la rodeaba), para lograr sacarse esa máscara que usaba cuando se veía frente a situaciones que requerían coraje. Era alguien con la capacidad de guardar sus sentimientos en una caja y conducirse por la vida como si estos no existieran cuando el momento lo requería. Por suerte, porque en el fondo era tan sensible, que si careciera de esa capacidad para disociarse en casos de emergencia no habría sobrevivido demasiados años. El problema con esta máscara de tipa fría, fuerte y valiente, era que le gustaba tanto, que podía caer en la tentación de no quitársela; era tan buena fingiendo, que hasta ella misma se creía su propia  actuación. Llevarla implicaba reprimirse, y cuando Zugzwang se reprimía durante demasiado tiempo, cuando abusaba de la fuerza de su psiquis, eso comenzaba a destrozarla por dentro, hasta puntos horribles a partir de los cuales le costaba muchísimo recuperarse. Sabiendo eso, puso todo de sí para no mentirse y afrontar lo que había sucedido. Recuperó sus actividades cotidianas en cuanto pudo, y fue por ahí como alma en pena durante algún tiempo. Para colmo de males, la semana en que se reintegró tuvo dos prácticos, de dos materias: en uno tuvo que mirar preparados de cortes de intestino al microscopio, lo que le recordó a la causa del mencionado deceso; y en el otro, estudiar fósiles, los cuales traían a su mente conceptos como "tiempo", "restos", "muerte." Conceptos que resultaban poco felices para la situación en que se encontraba. Se presentó a las pruebas sin haber estudiado, porque no era capaz de dejar de ver en su mente una película sobre todo lo que había sucedido. Le parecía irreal, pero era consciente de que esa secuencia de imágenes, podía dejar de ocupar su atención, pero permanecería archivada ahí en su mente, el resto de su vida.
Empezó a resqubrajar su máscara el día en que, si bien su madre seguía presentando signos vitales, Zugzwang supo al verla que ese día moriría. Salió del hospital, y notó que hacía un día hermoso. Era junio, pero la temperatura no bajaba de los quince grados Celcius, no había una sola nube en el cielo, y los pajarillos revoloteaban alegres por ahí. Pensó en Terry Jacks cantando una de sus canciones favoritas, "Seasons in the sun", en especial en la parte que decía: : "good bye my friend, it's hard to die, when all the birds are singing in the sky." A pesar de lo miserable que se sentía, fue capaz de sonreirse al ver semejante día y recordar semejante canción. Tomó un ómnibus a casa de sus padres para buscar unos papeles. Lo hizo sin pensarlo demasiado, pero el problema fue cuando llegó al apartamento. Cerró la puerta tras de sí, y no sólo se encontró con un silencio, un vacío, y una soledad a la que debería acostumbrarse, también estaba la mirada de su querida gatita. La felina la miraba de un modo que sintió que la interrogaba. Se dio cuenta de que nunca había comprendido verdaderamente "El Cuervo" de Poe, hasta ese momento. Permaneció en silencio unos segundos, pensando en cómo explicarle a su amiga lo que iba a pasar. Tomando aire dijo, muy tranquila: "mamá no va a volver -hizo una pausa en la que no supo qué decir - Pero no te preocupes, porque yo... porque yo... porque yo voy a..." Entonces vio con una claridad horrenda que su sensación de que eso no era real era sólo una ilusión, porque todo eso era muy real, y no había nada que pudiera hacer, más que seguir viviendo. La mirada "¿y ahora qué vas a hacer?" de su amiga felina la había desencajado por completo. Había hecho, para su fortuna, una gran grieta en su máscara. Una semana después del deceso, Zugzwang fue a hacerse un tatuaje. Ya lo tenía planeado de tiempo atrás, pero seguramente la situación puntual en que se encontraba habría sido en parte responsable. Mucho de Zugzwang, mucho de su mente, de su visión de las cosas, de su manera de ser, se basaba en la gran influencia que había tenido sobre ella "El Principito", tanto así, que no lo escribiré ahora, porque requeriría una, o varias, entradas. El caso es que su tatuaje fue el Principito. Como nunca ha sido mujer de medias tintas, lo pidió grande y a color, a pesar de que nunca se había hecho uno en su vida, y ni siquiera se planteó el tema del dolor. Evidentemente que le dolió, y mucho. Pero una vez hecho el tatuaje, la intensidad con que estaba llevando el duelo disminuyó. En un momento, mientras el tatuador procedía, el dolor físico fue tan grande, que dejó de ser dolor físico, y cuando Zugzwang quiso acordar, ya no era la aguja lo que le dolía. El dolor físico había pasado a ser emocional, y de pronto, ya ni se enteraba de lo que le estaba pasando a su piel. Se lo contó a un amigo, intrigada por la situación y él le comentó que había una tribu indígena guerrera de la que había oído hablar una vez, que cuando un integrante sufría una pérdida podía pedirles a sus amigos más cercanos que lo torturaran para atenuar, o transmutar, así su dolor de modo que pudiera encontrarse fuerte nuevamente en menor tiempo.
De ese día a esta parte, Zugzwang suele sentirse bien. La ausencia de su madre es algo que de vez en cuando la golpea fuerte en el pecho, y la deja un rato desencajada, pero luego recupera la compostura.
La semana pasada, mientras se mandaban tonterías con su hermano por What's App, él le mencionó que no se había llevado almuerzo. Así que Zugzwang, sin decirle nada, le compró comida (y un alfajor Agua Helada ♥) y pasó de sorpresa por la plataforma 9 y 3/4. El negocio en el que trabaja su hermano queda en una calle que dura sólo una cuadra, y Zugzwang siempre se pierde de camino, por esa razón. Así que le llamó para sí "la plataforma 9 y 3/4." Le dio el almuerzo y lo abrazó y apretujó y besó como las hermanas mayores empalagosas hacen. Los compañeros de trabajo de su hermano se reían "ah, te hacés el hombre grande y tu hermana te trata como si tuvieras cinco años." Fue muy gracioso, debo admitirlo. Salió de allí contenta de haberlo visto, y de repente se paró en seco, porque pensó que en otro tiempo, esa misma actitud había tenido su madre con ella, y que ahora, pues... ya no. Eso la entristeció unos segundos, aunque luego se dijo: "sé realista, sos una adulta, ¿cuántos años hace que tu madre no te cocina/lleva el almuerzo?"
Tuvo otra recaída cuando a la mañana siguiente su hermano le envió unas fotos que tenía de su madre.
Después de eso estuvo sintiéndose bien, hasta este sábado. Se despertó, y vio que hacía un día divino afuera. Los días soleados siempre le recordaban a su madre, porque nunca en su vida conoció a nadie a quien ver el sol alegrara más. Además, cuando Zugzwang era niña, siempre dibujaba el sol en sus paisajes, y su madre le decía que por la forma en que lo dibujaba, o la posición en la hoja, o por vaya a saber uno qué, eso representaba que le daba mucha importancia a su figura materna. Su madre lo decía sonriente y con mucho orgullo, y Zugzwang miraba la hoja pensando cómo podía un dibujo decir eso de alguien. Con esos recuerdos en mente, se dirigió quien escribe a comprarse algo de almorzar, pero en la puerta del supermercado estaba un conocido, y para no tener que hablarle, porque no tenía ánimos, siguió caminando hasta un lugar que le encanta. 



La última vez que había ido, en febrero, eran otras las cuestiones que la aquejaban. Recordaba que era una noche de verano, en la que, en ese edificio, el apartamento de arriba del todo estaba vacío y alguien estaba pintándolo, a esa hora, como las diez u once de la noche.
Si alguien esa noche de febrero le hubiera comentado los sucesos que tendrían lugar entre esa fecha, y el 27 de julio, no se lo hubiera creído, seguramente.
Fumaba un tabaco sentada a lo indio en un banco mientras en su celular sonaba "Duda" de "Las Pastillas del Abuelo."


Estuvo un rato ensimismada en sus pensamientos ("ensimismamiento" era su palabra preferida ♥), hasta que unos turistas agradables y sonrientes le pidieron que les sacara una foto.
Eso le trajo un poco uno de sus fantasmas: el de que no suele sacar fotos a personas. Zugzwang fotografía paisajes, tonterías, pero casi nunca personas.



El domingo por la noche, había una niebla hermosa, y Zugzwang caminaba alegre, observando el paisaje y pensando por qué encontraría tan fascinante a la niebla, cuando era algo que la gente solía desdeñar.

Se molestó consigo misma por seguir siendo igual que cuando niña: alguien a quien todo sorprendía y maravillaba, como si fuera siempre la primera vez. Porque ese mundo hermoso, ya no era tan hermoso, porque su madre ya no estaba, ¿no? Entonces, ¿por qué seguía percibiéndolo así?
Lo meditó un rato, hasta que llegó a una conclusión. El mundo seguía siendo hermoso a sus ojos, porque en verdad su madre no se había ido, estaría ahí en cada tarde soleada, o siempre que mirara las estrellas, o siempre que pensara en caballos; tanto por lo furiosa que se había puesto cuando Zugzwang a sus cinco años le había preguntado cómo se escribía "¡y con "B"! ¿cómo no vas a saberlo?" Probablemente de allí viniera la obsesión de quien escribe con la ortografía. Como por el hecho de que usara la imagen de ese animal tanto para halagar, como para tomar del pelo a Zugzwang, dadas las connotaciones astrológicas que su madre consideraba que tenían para su hija, por haber nacido bajo el signo de Sagitario en el horóscopo occidental y ser yegua de metal en el oriental.
De algún modo siempre escucharía su alegre risa sonar entre el viento en primavera, y cada vez que cometiera alguna torpeza (porque Zugzwang era una muchacha muy torpe), o le dieran sus "delirios de potrilla rebelde", que "hasta tiene crin" (lleva jopo desde los doce años.)
En algún punto, la acompañaría en las largas caminatas que a ambas les gustaba tomar, diciendo tonterías cada dos por tres, justo como Zugzwang, porque a ella le debía su característico buen humor.
Porque cada vez que Zugzwang se lamentaba de nunca más poder abrazarla, o de olvidar el sonido de su voz, encontraba cosas como esto:

Porque al fin y al cabo, en esta vida, habrán lecciones más difíciles o más fáciles, que nos gusten más o nos gusten menos, pero estamos vivos para aprender. Y siempre es posible encontrar cosas que le devuelvan a uno la sonrisa, como un libro titulado: "¿quién se ha llevado mi queso?" 
Cuando sólo había pasado una semana de la muerte de mi madre, fui a clase, y me pedí un cappuccino en la cantina. Lo tomé, y me dirigí muy contenta al mostrador a agradecerle a la muchacha que lo hubiera preparado tan bien. Era la primera cosa que me alegraba el día, y eran las cinco de la tarde. Ella, que ya me conoce hace tiempo, me miró con el ceño fruncido, aunque sonriendo a la vez, y me preguntó, extrañada: "¿es que vos nunca tenés un mal día?" Yo me quedé unos instantes sin saber qué responder, porque la verdad era que estaba pasando unos días espantosos, pero no le quería amargar el día a ella contándole, entonces, como sé que mi tono de voz (si no me esfuerzo en contenerlo), es bastante expresivo, me limité a decirle: "tengo unos días espantosos." Y después de meditarlo un rato más, para explicar por qué suelo estar sonriente, agregué: "pero si yo sonrío vos sonreís, y si vos sonreís yo sonrío, y yo creo que eso hace del mundo un lugar mejor." Creo que eso hace del mundo un lugar mejor. Lo creo sinceramente. Está bien extrañar, está bien sentirse mal a veces, pero siempre puede encontrarse algo, por más ínfimo que sea, que a uno lo haga sentir mejor. Así sea el título gracioso de un libro, o salvar a una plantita, o sonreirle a alguien.
El sábado por la mañana también pasé por una galería de arte que me encanta, y vi este cuadro 
el domingo garabateando tonterías dibujé un barquito sin pensarlo, y por primera vez en mi vida, lo dibujé amarrado a un muelle en vez de a la deriva. Debe ser algo bueno. 

domingo, 21 de julio de 2013

Hamaca

A Zugzwang siempre le preocupó que la hamaca amarilla estuviera vacía. La hamaca en la que su madre la columpiaba de niña, no columpiaba a nadie más.
Zugzwang miraba la hamaca perturbada. Ya pasaba los veinte años, y había vuelto a vivir en el barrio en que había pasado sus primeros años de vida. Visitaba esa plaza a diario, y se quedaba viendo la hamaca, no sabía por qué, con sensación de nostalgia.
Ese día, era el primero del resto de su vida, se había marchado de casa de sus padres. Un día soleado de marzo, en el que se despertó y fue a comprar tabaco y un alfajor. Decidió fumar en la plaza en cuestión, mientras escuchaba música en su mp3. Siempre tenía el reproductor en "aleatorio", y de pronto, notó que estaba sonando "Yellow", de Coldplay. Aún mirando el tabaco que armaba, hizo la asociación de ideas: Yellow = hamaca. Levantó la mirada, y vio a una mujer ubicando a su hijo/hija (no alcanzaba a distinguir) en la hamaca amarilla, luego de que el/la infante hubiera señalado esa hamaca cuando la madre le dio a elegir. Zugzwang, llena de alegría y nostalgia al mismo tiempo, se preguntó si alguien más no habría estado fumando un tabaco desde lo lejos sonriendo cual angel de la guarda el día en que ella se había columpiado en esa hamaca, más de quince años atrás.
Tal vez en algún nivel energético, ella había seguido en esa hamaca hasta ese día, y por eso le daba tanta nostalgia verla. Ahora que se había ido de casa de sus padres, alguien más ocupaba la hamaca. Se sintió verdaderamente adulta por primera vez en su vida, y con su andar de mujer grande, que no sabía cuándo había adquirido, se retiró sonriente, apreciando la belleza de la tarde veraniega/otoñal, oyendo "Yellow" y fumando su tabaco. De camino al lugar al que se había ido a vivir, encontró en la vereda una hoja de helecho. Zugzwang, alias La Dama Helecho, los adora, porque son unos seres vivos encantadores, muy fuertes, supervivientes por naturaleza, de linaje muy antiguo, que pasan desapercibidos. Después de todo, ¿quién va a reparar en una planta que no da flor? Tienen un encanto que trasciende a lo observable, aunque son muy hermosos, si se sabe mirarlos. Se agachó a recoger la hoja y se marchó muy campante, habiendo hecho su ritual de paso.
Luego publicó "Yellow" en su muro, sabía que nadie podría siquiera imaginarse la razón que subyacía, y eso era genial.

domingo, 26 de mayo de 2013

Cloud Atlas


“My life amounts to no more than one drop in a limitless ocean. Yet what is any ocean, but a multitude of drops?”

“Our lives are not our own, we are bound to others, past and present. And by each crime and every kindness, we birth our future.”


Ciclos

Es curioso, pero por alguna extraña razón, parece que en esta vida todo fuera cíclico, no sólo en lo que refiere a metabolismo y ciclos biogeoquímicos sino en general. Situaciones, personas, de alguna manera, se mantiene una especie de balance.
Cuantos más años pasan, más me convenzo de que en verdad nada cambia nunca.
Los cambios son sólo aparentes, pero deep down, nothing changes.
La única teoría que se me ocurre, es que cada persona, cada sitio, posee su propia energía, y esa energía particular tiene afinidad por ciertas energías en particular, como todos estamos conectados de formas y por fuerzas que escapan a la percepción que nuestros cinco sentidos alcanzan, a menudo nos encontramos pensando: "qué coincidencia, este vecino tiene mucho en común con el anterior", "qué locura, siempre se me acerca gente parecida", "esta situación ya la viví".
Nada cambia, todo es cíclico.
Sin embargo, hay ciertos círculos viciosos en los que a veces sin quererlo de manera consciente, uno se involucra. Lo único que puedo concluir de eso, es que uno llama lo que uno es, tanto lo bueno como lo malo. La única forma de salir de círculos viciosos es hacer un cambio interno.
También creo que muchas veces, si bien asumir las cosas es un paso importante y necesario, los cambios que deben hacerse para salir de una determinada situación que uno nota que se reitera en su vida se desencadenan producto de un "click" que hace la mente a un nivel más profundo que el consciente.
A veces ese "click" puede darse en una situación tan tonta como haberse cruzado a un anciano en una parada de ómnibus, o con alguien que hace tiempo no veías. Porque las cosas no son lo que las cosas son, sino lo que significan para nosotros, y en el nivel distorsionado y confuso de la mente, un gran acontecimiento puede carecer de trascendencia o un pequeño suceso puede ser algo enorme para un individuo particular en una situación particular.
Más allá de lo cíclico y repetitivo de la vida, ciertos ciclos deben modificarse, porque nos dañan, y, según cree quien escribe, in order to do that, you should:
1) Reconocer un patrón entre situaciones que resultan disgustantes.
2) Tiempo después de estar meditando bastante sobre el primer punto, lograr el "click" interno. ¿Cómo? No lo tengo demasiado claro, pero si algo bueno hay que reconocer de la filosofía de Descartes, es su idea de que las ideas claras y distintas (verdaderas) se le presentan a las almas atentas. Si uno se focaliza en solucionar o cambiar algo, y se muestra atento y reflexivo al respecto, sería esperable encontrar la solución en algún momento.
3) Último pero no por eso menos importante: TOMAR UNA ACTITUD PROACTIVA al respecto. No alcanza con: "me dí cuenta de que le tengo miedo a las arañas porque una vez una se me acercó mucho de niño y sus muchos ojos me asustaron." Claro que hay que aceptar el problema y buscar su raíz, pero luego se debe planear una estrategia para superarlo. La actitud proactiva es sumamente importante, porque la mente tiende a sabotear. Los miedos, la depresión y el permancer en situaciones que se reiteran, es doloroso, sí, pero también es cómodo, no implica tomar riesgos desconocidos. El miedo paraliza, y a veces, la misma repetición de un ciclo resulta tan agotadora que se puede caer en la tentación de descansar demasiado, y caer en la inacción.
La vida es como escalar una montaña helada. Es difícil, hace frío, y da sueño. Pero quedarse dormido en una montaña cubierta de nieve, puede parecer cómodo o conveniente en ese momento en que se está agotado, pero si ese sueño se prolonga durante mucho tiempo, traerá como consecuencia la muerte. ¿A qué se va a una montaña? Pues a escalarla. Hay que subir lo más posible, porque si se logra llegar al tope, todo lo padecido habrá valido la pena, y sino también, porque siempre será mejor haber subido cuanto se haya podido, a rendirse a morir de hipotermia. Cada desafío, cada peñasco que superamos, que escalamos, nos hace crecer como personas, nos fortalece. Podemos también ayudar a otros, y otros pueden tendernos una mano cuando estemos a punto de caer a su vez. Porque aunque a veces podamos sentirnos solos, en verdad nadie lo está, todos estamos conectados. Y ya sea que las cosas vayan bien o vayan mal, es bueno recordar que en esta vida todo es un aprendizaje, y que "lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado."

jueves, 31 de enero de 2013

Mar

Hace unos días, en un río al atardecer, con la marea alta y el agua a una temperatura agradable, fue que mirando el horizonte, y creyendo que sabía a qué profundidad estaba, avancé más de la cuenta hasta quedar por el cuello. Cuando perdía pie caí en la cuenta, y mirando el agua a mi alrededor, entendí algo. Entendí a qué se debe la comparación que suele hacerse entre el mar y los sentimientos.
Ocurre a menudo, que en ambos ámbitos se suele creer que se tiene control sobre la situación, que es uno o una quien decide hasta dónde va, y hasta qué altura le llega el agua; pero termina por darse cuenta de que no hizo más que dejarse llevar por ese movimiento suave e hipnotizante, casi seductor, del agua, que poco a poco, sin perder el encanto, y fingiendo no pretender hacerlo, nos lleva más profundo, más profundo.
Hasta que se siente el agua a la altura del cuello, y al darse la vuelta y ver la distancia abismal a la que quedó la orilla, se piensa que el mar, así de rítmico y agradable, casi te mata. Si será así, que incluso en esos momentos, cuesta tomar la determinación de salir. El mar es, sin duda, tan peligroso como fascinante, tan engañoso como irresistible.
De ahí la comparación.

Pluma

De vez en cuando, un espíritu que pasó su vida prisionero y logra al fin su libertad, o lucha por ella sin conseguirla, al morir se transforma en pluma.
Son las aves después quienes llevan consigo a esos espíritus que fueron prisioneros a pasear, y es al desprenderse de ellos en pleno vuelo que realmente dejan de serlo.
Es una libertad diferente a la del ave, es una libertad sin dirección, depende de para dónde vaya el viento. Una libertad sin garantías, sin planes a futuro. Una verdadera libertad. A veces una de esas plumas cae al suelo, y aguarda cómodamente allí, a alguien que esté dispuesto a oír su mensaje de libertad y volar con ella.