Si se lo quiere apreciar de cerca, siempre se puede cruzar a la Rambla. Quien escribe, lo encuentra un tanto molesto. Para ir caminando por la Rambla y mirar el mar hay que mantener la cabeza rotada 90º, lo que no sólo da dolor de cuello y marea, sino que hace que no se pueda ver al frente mientras se camina. A eso hay dos soluciones: bajar a las piedras, o mirar el mar desde otro sitio. Justo enfrente al mar, hay una colina, con un pequeño monumento. Desde allí se puede ver perfectamente el paisaje. La calle queda entre medio, y es genial observar el contraste entre los autos que pasan unos metros por debajo de uno y el mar. Los coches siempre apresurados para llegar a algún lugar, para luego apresurarse a llegar a otro, y así sucesivamente, sin pensar que en verdad no saben a dónde quieren llegar y por eso corren tanto; y el mar, calmo o furioso, pero siempre transmitiendo paz, de algún modo. Haciendo que una cambie la perspectiva. Como si fuera un maestro sabio y severo que todo lo comprende. Deja que uno piense sus propias respuestas mientras te sumerge en una profundidad tan abrumadora como seductora. Porque ¿quién no ha encontrado respuestas a interrogantes de cualquier tipo observándolo?Mientras caminaba por la colina, dando vueltas como los gatos o los perros, cuando no terminan de encontrar un sitio que los convenza, lo encontré. Apenas comienza la pendiente, hay una pequeña depresión. No muy profunda, no muy grande, perfecta para que una persona se siente allí.
Así es que lo hago, y cuando logro vencer aunque sea por unos segundos la atracción casi hipnótica que el oleaje ejerce sobre mí, y soy capaz de apartar la vista del agua, miro los autos. Pienso en que podría resultarles curioso, ver a una muchacha solitaria, contemplando el mar en una colina solitaria, en lugar de en los bancos de la Rambla, como el resto de las personas. Sin embargo, no dirigen la mirada hacia mi ubicación. A nadie le importa, y eso es genial. Es genial pasar desapercibido, que a nadie le importe lo que una haga o deje de hacer. Es tan molesto tener que mostrar una imagen, tan fastidioso tener que dar explicaciones, son tan estúpidos los chusmeríos. Se siente tan bien el anonimato. Es sencillamente perfecto haber encontrado una colina solitaria, con un pequeño hoyo, cubierto de gramíneas, sólo para mí.