Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

miércoles, 2 de julio de 2014

The Thermodynamics of Pizza

Zugzwang halló un libro titulado "The Thermodynamics of Pizza" en la biblioteca de su centro de estudios. En el mismo, el autor diseñaba un modelo teórico de la pizza (tres discos concéntricos denominados a, b y c (la masa, la salsa y la muzzarella), de grosor alfa, beta y gamma), y consideraba los factores que contribuían a que esta comida permaneciera caliente durante tanto tiempo (la capacidad de retener el calor que presentan a, b y c en función de su composición química, estructura, y considerando parámetros como "la caja de cartón" en la que viene la mencionada comida dadas sus propiedades aislantes y la relevancia que cobra dicha característica del envase aplicada al problema.) Al parecer el autor publicó su rudimentario y absurdo, pero gracioso e ingenioso modelo en algo llamado "Quick Publications in Culinary Physics". Zugzwang se quedó un buen rato pensando tras haber leído el "artículo". Frases como "the crucial parameter in the entire PROBLEM -the termal transfer coefficient between melted mozzarella and air - is also subject to considerable uncertainty. The absence of even RUDEMENTARY NUMERICAL VALUES of the KEY FACTORS makes it impossible to attempt SERIOUSSS MATHEMATICAL MODELING of this problem" la dejaron anonadada. La existencia del libro demostraba que siempre podía aparecer algo más absurdo de lo que uno pudiera imaginar. En cualquier caso, el subtítulo le llamó poderosamente la atención. Al fin y al cabo, ¿qué es la "vida de todos los días"? ¿comer una pizza? ¿tomarse un café? ¿fumar un cigarrillo?
Más allá de que el concepto de "everyday life" que da a entender el libro hace alevosa referencia a la clase media occidental, tema este del que se ocuparán sociólogos y opinólogos afines (pues a quien escribe poco le importa), Zugzwang pensó que una pizza dejaba de ser una pizza "de todos los días" si iba a ser ingerida después de muchísimas horas sin poder comer porque un ser querido está a punto de morirse en el hospital, y un café y un cigarro dejaban de ser cotidianos si se los consumía al llegar por la mañana tras haber pasado la noche con alguien por quien ni siquiera se siente simpatía porque se es incapaz de establecer vínculos emocionales y se es un ser vivo con las consiguientes necesidades fisiológicas. Bueno, esto último tal vez fuera más cotidiano. En cualquier caso, no hay "vida de todos los días" si se entiende a "un día como cualquier otro" a aquel en el que no ocurre nada "relevante" para el ser vivo en cuestión. Pues hasta que no llegue el próximo día no se sabrá lo que depare lo que reste de la jornada, y un día como cualquier otro puede ser el día de tu vida, y comiendo una pizza como cualquier otra podrías morirte atragantado con la muzzarella, porque al fin y al cabo, es un queso traicionero, con el que a veces uno se atraganta.
Zugzwang acaba de percatarse de que, para variar, buena parte de lo que escribió carece de sentido, y va a irse a leer el mencionado libro, pues le llama la atención un capítulo titulado "Coffee" y otro titulado "From Cabala to Entropy."
  Algún gracioso ideó una gráfica:
Dios mío

lunes, 16 de junio de 2014

Pretérito imperfecto

Durante toda mi existencia, algo me ha perturbado. ¿Qué pasa en el instante en que un momento deja de ser presente y se convierte en recuerdo? ¿dónde está el límite de lo real? Estas cuestiones se debaten en mi mente porque siempre he sido alguien que ha vivido demasiado en el mundo dentro de su cabeza, y para empeorar, tengo una memoria fantástica; no para recordar dónde he dejado objetos, pero sí para recordar situaciones, diálogos, gestos, atardeceres, mariposas, firmamentos, y paisajes.
Esta característica de mi mente, hace que muchas veces recuerde cosas que otros no, y eso me hace sentir muy sola. ¿Por qué? Pues porque el que hayan dos o más personas que recuerden algo, es prueba de que ese algo existió. Si uno solo lo recuerda, ¿cómo sabe que eso fue real?
¿Qué hace que un hecho del pasado sea real? El vínculo con el presente. Si nadie lo recuerda, ni queda ningún objeto o efecto físico en el mundo del hecho, es como si nunca hubiera sucedido.
¿Tiene sentido ser seres vivos conscientes del pasado? Es cierto que eso aporta noción de identidad al individuo, pero, haciendo una relación costo-beneficio, ¿la idea de identidad del sujeto vale todo el tiempo que el mismo ha de invertir pensando en eso? El recordar, ¿mantiene vivo un pasado? En definitiva, nada de esto puede ser respondido sin conocer la respuesta a una pregunta en apariencia muy sencilla, ¿qué es el tiempo? Ni siquiera eso sabemos. He ahí lo agradable de los idiomas. Parecen resolver cosas que en realidad no resolveremos nunca. En idioma español, el pretérito imperfecto es un tiempo verbal en el que el pasado aún afecta al presente, a diferencia del pretérito perfecto simple, en el que el pasado ya no se vincula con el presente. La vida es pretérito imperfecto, es un presente, afectado por un pasado, que no se llega a comprender, que a veces parece haber sido muy real, y otras veces una mera alucinación, y el límite entre ese presente y su pasado, es, cuanto menos, difuso. Todas estas interrogantes, no hacen más que recordarle a uno la melancolía de morir en este mundo y de vivir sin una estúpida razón. Si no sabemos qué es el tiempo, qué es la materia, qué es la vida ni qué es la realidad, menos vamos a saber por qué razón hemos de sobrellevar una existencia, pues dicha existencia está sustentada en los conceptos citados previamente, que son desconocidos.
Sólo nos queda amigarnos con lo absurdo. Aceptar que nada tiene lógica ni sentido y saber que estamos locos por pretender que el universo funcione como nuestra sobrevaluada mente de primates


jueves, 1 de mayo de 2014

La Casa Siempre Gana

La semana pasada, recordé algo y me dije a mí misma, "ahora me doy cuenta de cuán importante era, pero en su momento no lo supe ver", y en mi mente sonó "El Tiempo Me Enseñó" diciendo: "el tiempo que es un viejo traicionero, te enseña cuando ya llegó la hora." Eso me hizo pensar en cosas muy importantes de mi vida que no supe comprender hasta que no pasaron, y darme cuenta de todo lo que había aprendido, pero me dejó la nostalgia de haber tenido que atravesar las cosas que tuve que atravesar para comprender. Me dije que ojalá el precio a pagar por comprender todo eso hubiera sido menor, y todo ese estado emocional me llevó a una serie de reflexiones. Me senté a hablar con un amigo árbol que siempre me escucha cuando estoy alterada, y le dije que no entendía nada. Porque al fin y al cabo Tabaré Cardozo y el Canario Luna tienen razón, el tiempo sí te enseña cuando ya llegó la hora. Pero entonces, ¿para qué? Uno se dice a sí mismo, "bueno, tal o cual situación me dejó esta moraleja, para la próxima, ya lo sé. Tropezón no es caída y a la próxima oportunidad voy a recordar lo que aprendí." La cuestión es que a la próxima, aplicás lo que aprendiste, pero siempre hay algo nuevo que aprendés, cuando ya llegó la hora, y volvés a tener la misma postura y así sucesivamente. Eso hace que me pregunte, ¿con qué sentido? Crecemos en unas cosas equivocándonos, y pretendemos adelantarnos a nuestros futuros errores teniendo en cuenta lo aprendido, pero en el futuro nos encontramos con situaciones diferentes en las que cometemos errores diferentes. En definitiva, vivimos intentando adelantarnos al tiempo con el conocimiento adquirido, pero el tiempo siempre nos gana. El conocimiento científico está inspirado en el mismo propósito. "Voy a estudiar el universo y entender cómo se comporta, para saber qué va a pasar si hago esto o lo otro, y poner las cosas a mi favor." "Voy a entender qué es y qué hace el Sol para tener la certeza de que cada día va a salir." De niña no sabía (lógicamente), lo que era el Sol, ni la Luna, y los miraba durante horas buscando comprenderlo. Me daba miedo dormirme y que al otro día no estuvieran, porque, ¿por qué habrían de estar después de todo? Me daba miedo dormirme y que al despertar me encontrara en un lugar totalmente diferente, que me resultara igual de extraño de lo que el mundo me resultaba, porque, ¿por qué iba a despertar en el mismo lugar, rodeada de la misma gente, de las mismas cosas?
Entonces seguí pensando con mi amigo árbol, y me di cuenta, de que la vida es un casino en el que la casa es el tiempo, y la casa siempre gana.