Ayer me encontré con un viejo amigo, al que hacía años no veía. El estar un rato charlando y tomando mate en aquella plaza, trajo muchas cosas a mi mente.
En primer lugar, como es obvio, me hizo pensar que si en la época en que estábamos siempre juntos, entre mis doce y dieciocho años, alguien me hubiera dicho las cosas que iban a pasar de ese tiempo a esta parte, probablemente no le hubiese creído. Por otro lado, pensé en que no habíamos cambiado en nada, a pesar de los años.
Pero en un momento de la conversación, noté a mi amigo algo desilusionado de la vida. Fue entonces cuando recordé el motivo por el que yo no lo estoy, y lo compartí con él.
Una tarde del verano pasado, volviendo a mi casa desde el trabajo, pasé frente a una pintada en la pared, que dice así:
A veces uno va por ahí preocupado o triste, por una u otra razón, y se sume tanto en eso, porque después de todo, sus problemas son tan inmensos y dignos de una preocupación exagerada, que se olvida de algo.
Se olvida de que la vida es eso que está pasando mientras se está angustiado. Obviamente que todos tenemos nuestros malos ratos, en los que nos entristecemos y no tenemos fuerza para nada, y es lógico, es parte de la vida. El problema es dejar que eso nos absorba. La cuestión es que, nos guste o no nos guste, la verdad es que siempre va a haber algo que nos atormente.
Podemos ir por ahí sufriendo, o podemos vivir a pesar de eso. Con esto no digo que uno vaya a negarse la realidad y mentirse que todo está perfecto, por el contrario, me refiero a vivir siendo conscientes de nuestros problemas, intentando modificar las situaciones que nos dañan cuando es posible, o aprendiendo a vivir con ellas cuando no las podemos cambiar.
Al fin y al cabo, ¿qué es la realidad? Está claro que es más de lo que percibimos con nuestros cinco sentidos, (las ondas de radio existen y no las vemos), también está claro que no todo lo que captamos con nuestros cinco sentidos es real, o no existirían los espejismos. Además, de una misma situación, dos personas pueden interpretar diferentes cosas. Así que, ¿qué nos queda? Nos queda que si bien no sabemos ni sabremos nunca con certeza qué es "real" y qué no lo es, eso nos abre la posibilidad de influir sobre nuestra realidad. Cada uno ve lo que quiere ver, y vive lo que quiere vivir.
Esta vida no se trata de autocompadecerse, ni tampoco de arremeter contra el mundo, para ser honesta no tengo ni la más mínima idea de lo que se trate. Tengo la sospecha, de que se trata de aprender. De vivir cada momento intensamente. Amar con toda el alma cuando se ama, disfrutar con toda el alma cuando se disfruta, reír con toda el alma cuando se ríe; pero también, llorar con toda el alma cuando se llora, sufrir con toda el alma cuando se sufre.
Y lograr, a pesar de lo espectacular o miserable que uno se pueda sentir, de no dejar de vivir todos y cada uno de los días de su vida, con la disposición y energía que tendría si un genio de una lámpara se apareciera diciéndole que cada día de su vida viviría una vida diferente. Siendo consciente del pasado y afrontando las cosas que quedaron pendientes para crecer como personas, pero sin dejarnos consumir por eso; y teniendo una visión hacia el futuro que carezca de apego, sabiendo que la vida es impredecible.
Desde que tengo esta perspectiva, siento todo diferente, como si hubieran pasado diez años, en lugar de diez meses.

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