De vez en cuando, un espíritu que pasó su vida prisionero y logra al fin su libertad, o lucha por ella sin conseguirla, al morir se transforma en pluma.
Son las aves después quienes llevan consigo a esos espíritus que fueron prisioneros a pasear, y es al desprenderse de ellos en pleno vuelo que realmente dejan de serlo.
Es una libertad diferente a la del ave, es una libertad sin dirección, depende de para dónde vaya el viento. Una libertad sin garantías, sin planes a futuro. Una verdadera libertad. A veces una de esas plumas cae al suelo, y aguarda cómodamente allí, a alguien que esté dispuesto a oír su mensaje de libertad y volar con ella.
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