Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

sábado, 27 de junio de 2015

Un mundo de perros que pasean en bicicleta en un día soleado viendo globos aerostáticos volar


"Why are there so many songs about rainbows
And what's on the other side
Rainbows are visions
But only illusions
And rainbows have nothing to hide
So we've been told
And some choose to believe it
I know they're wrong, wait and see
Some day we'll find it
The rainbow connection
The lovers, the dreamers, and me
Who said that every wish
Would be heard and answered
When wished on the morning star
Somebody thought of that
And someone believed it
And look what it's done so far
What's so amazing
That keeps us stargazing
And what do we think we might see
Someday we'll find it
The rainbow connection
The lovers, the dreamers, and me
All of us under its spell, we know that it's probably magic
Have you been half asleep?
And have you heard voices?
I've heard them calling my name
Is this the sweet sound
That called the young sailors?
The voice might be one in the same
I've heard it too many times to ignore it
It's something that I'm supposed to be
Someday we'll find it
The rainbow connection
The lovers, the dreamers and me""

No interesa si un arcoiris es un simple fenómeno óptico y las estrellas fugaces son rocas sin rumbo o si aquel es un puente que lleva a algún lugar mágico, y estas cumplen deseos. Lo que importa es lo que creemos que son, no lo que son. Porque la mente no tiende a  la verdad, sino a la belleza. Por eso todos queremos creer. Por eso de niños nuestros padres nos hacen vivir en un mundo mágico, porque saben que durante la infancia la inocencia nos permite ver magia en el mundo, y el mundo es mágico si creemos que hay magia en él. Algunos tuvimos tal fe en esa magia, que de adultos la seguimos buscando, y seguimos asombrándonos con los atardeceres, las estrellas, los arcoiris y las mariposas, porque después de mirarlos por un rato, la belleza que poseen hace que olvidemos los conocimientos que tenemos y volvamos a creer que esta realidad tiene que ir más allá de lo que racionalmente sabemos de ella.
Es que al fin y al cabo, la humanidad tiene una relación extraña con la razón. Por un lado, nos permite entender lo que nos rodea y deducir principios generales que nos ayuden a prever y en consecuencia controlar, sucesos, haciéndonos sentir que tenemos algún poder y dándonos seguridad. Por otro lado, no consigue que dejemos de sentirnos vacíos, porque la razón sirve para entender aspectos de la realidad, pero no a la realidad en su conjunto. La realidad en su conjunto es no lineal, aunque dentro de ese gran desorden encontremos algún patrón aislado por acá y otro por allá. Con la razón podemos entender algunos de estos patrones aislados, pero no la totalidad, porque funciona de forma lineal.
La vida es absurda y desordenada, pero necesitamos sentir que hemos encontrado un patrón que la rige, un motivo por el cual está configurada de ese modo, necesitamos encontrarle sentido.
Algunos miran el caos de puntos por todos lados y buscan conjuntos que unir y diseños que se repitan, satisfacen su necesidad de comprender el universo con su razón.
Otros lo interpretan según un esquema que alguien les dio y parten del principio de que ese esquema general explica ese gran desorden de puntos, son los fundamentalistas.
Finalmente, están los que intentaron ser ambas cosas y ninguna les funcionó, y llegaron a la conclusión de que podían unir ellos mismos los puntos, de la manera que más les gustara. Son los que necesitan sentir que el mundo es un lugar mágico para levantarse por las mañanas. Son los soñadores.
Tal vez me equivoqué cuando escribí que la mente no tiende a la verdad sino a la belleza, tal vez tienda simplemente a lo que el individuo necesita para vivir. Algunos necesitan creer que saben de qué va todo, se inventan una verdad, o toman una que les hayan inculcado, y se la creen. Otros, no se preocupan de lo que es cierto sino de lo que es bello, interpretan la realidad en función de su concepción de belleza y le atribuyen grado de verdad.




jueves, 8 de enero de 2015

Odio desarmar y lavar la cafetera italiana, pero es la mejor cafetera del mundo, y vale el esfuerzo

A veces, cuando me siento desanimada, me gusta sentarme junto a la ventana de una cafetería o bar, tomar algo, y ver a las personas pasar*. Ver una, dos, tres, hasta que empiezo a desdibujarme. Hasta que siento que no existo. Es entonces cuando, dependiendo de mi estado de ánimo, o me sumo en mi mundo interior hasta que dejo de ver lo que me rodea, entrando en un universo, en ocasiones hermoso, en otras terrible, en el cual sólo habitan mis conceptos, mis ideas, mis estructuras y mis recuerdos, o bien, comienzo a imaginar cosas sobre las personas que pasan. Me encanta imaginar sus ideas, sus sueños, sus rutinas, sus gestos, Me gusta intentar adivinar en qué estarán pensando, en qué puerta entrarán, si bajarán a pasear al perro, si preferirán los cubiertos con mango de plástico o los de mango de madera o los que son todos de metal. Me pregunto, a la hora de ir al supermercado, si tienen que comprar algo que nunca compran, y por lo tanto no tienen ningún concepto previo sobre ninguna marca, ¿cuál compran? ¿La más cara? ¿asumiendo que será mejor? ¿La más barata? ¿por tacañería o por tener poco dinero? ¿La nacional? ¿para favorecer a las industrias del país?
Desde niña me ha gustado escuchar lo que la gente tiene para decir, y vaya si he aprendido y me he deleitado con narraciones de todo tipo, pero mis preferidas, son las que versan sobre cuestiones simples y cotidianas. Esas cosas son las que hacen a las personas reales. Cuando me doy una ducha, cuando lavo los platos después de comer, cuando hago resúmenes para la facultad, cuando elijo qué ropa ponerme, a veces me pregunto cuántas personas más en todo este ancho mundo estarán haciendo lo mismo que yo en ese preciso momento, y de qué modo lo harán. Este modo es un sello particular de cada uno de nosotros. ¿O nunca llegaron a su casa, vieron la cocina y supieron quién había lavado los platos? ¿o nunca llegaron al trabajo y se dieron cuenta de quién había trabajado allí un rato antes de que ustedes llegaran?
¿Nunca fueron al supermercado y vieron frente a la góndola de los lácteos a una parejita que acababa de percatarse de que nunca se habían preguntado si preferían rallar el queso o comprarlo rallado? y en caso de comprarlo rallado, ¿en hebras o de la otra forma que no me acuerdo del nombre? ¿No se fijaron en la forma en que intercambiaban miradas? ¿con una expresión en el rostro que parecía denotar que en la respuesta que fueran a recibir les iba la vida? Más allá de que uno siempre pone cara de que le va la vida en eso cuando está a punto de escuchar una respuesta sobre lo que sea de la persona que ama, las cosas cotidianas asumen un papel importantísimo en esos casos también.
Una vez salí con alguien sólo porque me divertía la expresión de su rostro cuando levantaba la ceja derecha al hablar de algo que le crispaba los nervios.
Me divierte muchísimo conjeturar "si la vida de tal o cual persona fuera una obra, seguramente sería una película/novela/pintura/obra de teatro/un poema de x." Obviamente que a la subjetividad del juicio debe añadírsele que la riqueza del mismo se encuentra limitada por mis conocimientos sobre arte. que no son muchos, porque al ser mi gusto muy particular, descarto muchas cosas muy rápido, y eso me limita.




*En particular disfruto hacer esto en otoño, viendo a las hojas caer de los árboles y a la gente vestida de media estación, en tonos de rojos, verdes oscuros y marrones, con paraguas.

martes, 6 de enero de 2015

Documento encontrado

Lo escribí hace unos meses y lo dejé por ahí, arrumbado entre Mis Documentos. Ya me había olvidado de su existencia. Se ve que estaba optimista ese día. Vaya uno a saber. Dice así:
"Una vez alguien me preguntó qué era el amor.* Entonces recordé que una vez lo había sentido. No sabía cómo había pasado aquello, y a veces dudaba de que hubiera sido real. Pero cuando esa duda me embargaba, recordaba que todas las emociones fuertes que he vivido le han provocado a mi psiquis esa incredulidad. Hasta donde yo puedo recordar, y al hacerlo casi puedo volver a sentirlo, el amor es una emoción inmensa, que desborda a quien la siente y hace estragos con su raciocinio. El amor hace jugarretas extrañas con el tiempo, que abandona su ritmo habitual para repentinamente ir más lento, y al instante siguiente detenerse. Cuando te despista, vuelve a avanzar, pero más veloz de lo usual. Si de repente al darte cuenta de esto, piensas que ya no te desconcertará más, entonces, adrede, y sólo para provocarte una mayor confusión, jugará con las épocas de tu vida. Así, hará que de pronto te sientas de vuelta en tu infancia, y volverán tus sueños e ilusiones de aquel entonces. Al instante próximo estarás en tu adultez, saltarás entonces a la aún no vivida madurez, regresarás a la infancia nuevamente, transitarás tu adolescencia ya sin comprender nada, y seguirá haciéndote brincar de momentos previos a presentes y de ellos a futuros, sin tón ni són, dejándote sumamente perplejo. El tiempo dejará de existir y harás cambios en sucesos pretéritos. Te encontrarás perdido, abrumado, feliz y asustado. Todo a la vez. Sentirás naúseas, seguidas de euforia. Pensarás en huir, seducido por la falta que te hace tu vieja y querida razón. Dejarás que esta te embruje con su lógica, su coherencia, su estructura. Decidirás escapar, tomarás tu maleta, empacarás las cosas que necesitas, te pondrás el abrigo y darás un paso al frente, con profunda decisión. Abrirás la puerta con ímpetu, y te encontrarás entonces con una mirada que te pasará de lado a lado. Sabrá a dónde se dirigía tu alma y qué contenido tenía tu maleta. Pestañearás interrumpiendo el contacto visual, y verás entonces que también llevaba una maleta.
Si un día de estos, el amor se va, una parte se quedará en ti. Descubrirás cuando la herida ya no duela tanto que te devolvió una parte de vos mismo que al crecer el miedo había apartado de tu alma. Te verás a ti mismo con mayor claridad, comprenderás que su opuesto no es el odio, sino el miedo. Te verás desnudo frente al espejo. Aprenderás a seguir adelante**, y entonces, cuando casi lo hayas olvidado, volverá de improviso en otra forma, para recordarte que aún estás vivo, y hacer el tiempo y el espacio relativos de nuevo."









*en este texto se hace referencia al amor romántico.
** (más por resignación que otra cosa, pero para el caso es lo mismo, debería valorarse más al optimismo forzado, pues en ciertas situaciones es imposible sentir al que no lo es  y el pesimismo no sirve para nada) 
Esto último, señalado con ** lo escribí ahora, debería insertarlo mismo en el texto, pero no quería modificarlo. En particular porque estropearía un poco la tónica en que iba. Por eso puse aparte el comentario mala onda.

miércoles, 2 de julio de 2014

The Thermodynamics of Pizza

Zugzwang halló un libro titulado "The Thermodynamics of Pizza" en la biblioteca de su centro de estudios. En el mismo, el autor diseñaba un modelo teórico de la pizza (tres discos concéntricos denominados a, b y c (la masa, la salsa y la muzzarella), de grosor alfa, beta y gamma), y consideraba los factores que contribuían a que esta comida permaneciera caliente durante tanto tiempo (la capacidad de retener el calor que presentan a, b y c en función de su composición química, estructura, y considerando parámetros como "la caja de cartón" en la que viene la mencionada comida dadas sus propiedades aislantes y la relevancia que cobra dicha característica del envase aplicada al problema.) Al parecer el autor publicó su rudimentario y absurdo, pero gracioso e ingenioso modelo en algo llamado "Quick Publications in Culinary Physics". Zugzwang se quedó un buen rato pensando tras haber leído el "artículo". Frases como "the crucial parameter in the entire PROBLEM -the termal transfer coefficient between melted mozzarella and air - is also subject to considerable uncertainty. The absence of even RUDEMENTARY NUMERICAL VALUES of the KEY FACTORS makes it impossible to attempt SERIOUSSS MATHEMATICAL MODELING of this problem" la dejaron anonadada. La existencia del libro demostraba que siempre podía aparecer algo más absurdo de lo que uno pudiera imaginar. En cualquier caso, el subtítulo le llamó poderosamente la atención. Al fin y al cabo, ¿qué es la "vida de todos los días"? ¿comer una pizza? ¿tomarse un café? ¿fumar un cigarrillo?
Más allá de que el concepto de "everyday life" que da a entender el libro hace alevosa referencia a la clase media occidental, tema este del que se ocuparán sociólogos y opinólogos afines (pues a quien escribe poco le importa), Zugzwang pensó que una pizza dejaba de ser una pizza "de todos los días" si iba a ser ingerida después de muchísimas horas sin poder comer porque un ser querido está a punto de morirse en el hospital, y un café y un cigarro dejaban de ser cotidianos si se los consumía al llegar por la mañana tras haber pasado la noche con alguien por quien ni siquiera se siente simpatía porque se es incapaz de establecer vínculos emocionales y se es un ser vivo con las consiguientes necesidades fisiológicas. Bueno, esto último tal vez fuera más cotidiano. En cualquier caso, no hay "vida de todos los días" si se entiende a "un día como cualquier otro" a aquel en el que no ocurre nada "relevante" para el ser vivo en cuestión. Pues hasta que no llegue el próximo día no se sabrá lo que depare lo que reste de la jornada, y un día como cualquier otro puede ser el día de tu vida, y comiendo una pizza como cualquier otra podrías morirte atragantado con la muzzarella, porque al fin y al cabo, es un queso traicionero, con el que a veces uno se atraganta.
Zugzwang acaba de percatarse de que, para variar, buena parte de lo que escribió carece de sentido, y va a irse a leer el mencionado libro, pues le llama la atención un capítulo titulado "Coffee" y otro titulado "From Cabala to Entropy."
  Algún gracioso ideó una gráfica:
Dios mío

lunes, 16 de junio de 2014

Pretérito imperfecto

Durante toda mi existencia, algo me ha perturbado. ¿Qué pasa en el instante en que un momento deja de ser presente y se convierte en recuerdo? ¿dónde está el límite de lo real? Estas cuestiones se debaten en mi mente porque siempre he sido alguien que ha vivido demasiado en el mundo dentro de su cabeza, y para empeorar, tengo una memoria fantástica; no para recordar dónde he dejado objetos, pero sí para recordar situaciones, diálogos, gestos, atardeceres, mariposas, firmamentos, y paisajes.
Esta característica de mi mente, hace que muchas veces recuerde cosas que otros no, y eso me hace sentir muy sola. ¿Por qué? Pues porque el que hayan dos o más personas que recuerden algo, es prueba de que ese algo existió. Si uno solo lo recuerda, ¿cómo sabe que eso fue real?
¿Qué hace que un hecho del pasado sea real? El vínculo con el presente. Si nadie lo recuerda, ni queda ningún objeto o efecto físico en el mundo del hecho, es como si nunca hubiera sucedido.
¿Tiene sentido ser seres vivos conscientes del pasado? Es cierto que eso aporta noción de identidad al individuo, pero, haciendo una relación costo-beneficio, ¿la idea de identidad del sujeto vale todo el tiempo que el mismo ha de invertir pensando en eso? El recordar, ¿mantiene vivo un pasado? En definitiva, nada de esto puede ser respondido sin conocer la respuesta a una pregunta en apariencia muy sencilla, ¿qué es el tiempo? Ni siquiera eso sabemos. He ahí lo agradable de los idiomas. Parecen resolver cosas que en realidad no resolveremos nunca. En idioma español, el pretérito imperfecto es un tiempo verbal en el que el pasado aún afecta al presente, a diferencia del pretérito perfecto simple, en el que el pasado ya no se vincula con el presente. La vida es pretérito imperfecto, es un presente, afectado por un pasado, que no se llega a comprender, que a veces parece haber sido muy real, y otras veces una mera alucinación, y el límite entre ese presente y su pasado, es, cuanto menos, difuso. Todas estas interrogantes, no hacen más que recordarle a uno la melancolía de morir en este mundo y de vivir sin una estúpida razón. Si no sabemos qué es el tiempo, qué es la materia, qué es la vida ni qué es la realidad, menos vamos a saber por qué razón hemos de sobrellevar una existencia, pues dicha existencia está sustentada en los conceptos citados previamente, que son desconocidos.
Sólo nos queda amigarnos con lo absurdo. Aceptar que nada tiene lógica ni sentido y saber que estamos locos por pretender que el universo funcione como nuestra sobrevaluada mente de primates


jueves, 1 de mayo de 2014

La Casa Siempre Gana

La semana pasada, recordé algo y me dije a mí misma, "ahora me doy cuenta de cuán importante era, pero en su momento no lo supe ver", y en mi mente sonó "El Tiempo Me Enseñó" diciendo: "el tiempo que es un viejo traicionero, te enseña cuando ya llegó la hora." Eso me hizo pensar en cosas muy importantes de mi vida que no supe comprender hasta que no pasaron, y darme cuenta de todo lo que había aprendido, pero me dejó la nostalgia de haber tenido que atravesar las cosas que tuve que atravesar para comprender. Me dije que ojalá el precio a pagar por comprender todo eso hubiera sido menor, y todo ese estado emocional me llevó a una serie de reflexiones. Me senté a hablar con un amigo árbol que siempre me escucha cuando estoy alterada, y le dije que no entendía nada. Porque al fin y al cabo Tabaré Cardozo y el Canario Luna tienen razón, el tiempo sí te enseña cuando ya llegó la hora. Pero entonces, ¿para qué? Uno se dice a sí mismo, "bueno, tal o cual situación me dejó esta moraleja, para la próxima, ya lo sé. Tropezón no es caída y a la próxima oportunidad voy a recordar lo que aprendí." La cuestión es que a la próxima, aplicás lo que aprendiste, pero siempre hay algo nuevo que aprendés, cuando ya llegó la hora, y volvés a tener la misma postura y así sucesivamente. Eso hace que me pregunte, ¿con qué sentido? Crecemos en unas cosas equivocándonos, y pretendemos adelantarnos a nuestros futuros errores teniendo en cuenta lo aprendido, pero en el futuro nos encontramos con situaciones diferentes en las que cometemos errores diferentes. En definitiva, vivimos intentando adelantarnos al tiempo con el conocimiento adquirido, pero el tiempo siempre nos gana. El conocimiento científico está inspirado en el mismo propósito. "Voy a estudiar el universo y entender cómo se comporta, para saber qué va a pasar si hago esto o lo otro, y poner las cosas a mi favor." "Voy a entender qué es y qué hace el Sol para tener la certeza de que cada día va a salir." De niña no sabía (lógicamente), lo que era el Sol, ni la Luna, y los miraba durante horas buscando comprenderlo. Me daba miedo dormirme y que al otro día no estuvieran, porque, ¿por qué habrían de estar después de todo? Me daba miedo dormirme y que al despertar me encontrara en un lugar totalmente diferente, que me resultara igual de extraño de lo que el mundo me resultaba, porque, ¿por qué iba a despertar en el mismo lugar, rodeada de la misma gente, de las mismas cosas?
Entonces seguí pensando con mi amigo árbol, y me di cuenta, de que la vida es un casino en el que la casa es el tiempo, y la casa siempre gana. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

El Charco

Hoy iba triste caminando por la calle y de repente vi un charco. Tenía forma de corazón. Entonces me quedé parada en la mitad de la calle a verlo. Era hermoso, y nadie reparaba en él.
Quise sacarle una foto, pero no me quedaba batería en el celular. Miré alrededor, tenía que contarle a alguien. Había una señora repasando los resultados de la quiniela. Le toqué el hombro y le dije: "disculpe, yo sé que esto puede sonarle tonto, pero ese charco de ahí, tiene forma de corazón. ¿La ve? Es hermoso, y tenía que decírselo a alguien." Una muchacha que venía por la misma acera se detuvo a verlo también. De repente, ese charco en el que nadie reparaba, tenía a tres admiradoras.
A pocos metros había un mendigo. Seguí mi camino al supermercado, y a la salida, recordé al mendigo. Me había comprado unas galletas que me encantan, pero decidí que él las necesitaba más que yo. Cuando pasé por al lado del charco nuevamente, se había evaporado casi por completo, y en lugar del mendigo, estaba una mujer con dos niños. Ver gente en la calle es algo a lo que no puedo ni quiero acostumbrarme. Cuando me mudé a la ciudad me afectaba tanto, que evitaba salir de mi casa, porque cuando lo hacía, y veía esas realidades, me sentía tan triste, que volvía a llorar a mi cuarto. Le di el paquete de galletas a la mujer, y me fui a mi casa, reflexionando sobre el charco.
Está claro que la realidad no es lo que la realidad es, sino lo que significa para uno, porque es algo falso e ingenuo considerar que existe una realidad que es externa e independiente de todos nosotros y que todos percibimos por igual. Entonces me pregunté a mí misma, por qué ese charco me había llamado la atención, y llegué a una teoría. Tal vez ese charco representaba en cierta forma, cómo me siento. Con un corazón que está al margen, solo y evaporándose, pero aún así, latiendo con la fuerza que le queda. O no, tal vez, viéndolo con otros ojos, sea alguien que tiene mucho que ofrecer y que es capaz de adaptarse a situaciones muy diferentes, como el agua. Después de todo, ese charco, tan insignificante, nos alegró a tres personas. Tal vez lo que ese charco quería decirme, es que todo cambia, todos nos estamos evaporando (como la parte de "Stop Crying Your Heart Out" que dice que "we are all fading away"), pero tenemos mucho que ofrecer a quien quiera vernos. Porque la vida es cambio constante, algunos nos gustan, otros no, pero creo que el desafío que tenemos los humanos es ser capaces de aceptar el ir y venir de las cosas, sin aferrarnos. El tiempo, que a veces considero una mera ilusión, transcurre de una forma extraña. Me recuerda a cuando de niña intenté entender el funcionamiento de un reloj. Miraba las agujas, y quería comprender cómo se relacionaban unas con otras. La del segundero iba rápido, así que uno podía seguirla. El minutero, era más difícil de apreciar en movimiento, pero aún así era posible. ¿Pero y la que marca la hora? Va demasiado lento como para poder seguirla. Creo que la vida es así. Uno puede vivir intensamente los segundos, pero la hora es más difícil. Es más fácil ser consciente en un instante, que tomar años de nuestra vida, y darles sentido. No es posible comprimir toda nuestra vida pasada y sentirla en un segundo. Pero lo que sí se puede hacer es sentir con toda el alma, un segundo. Es difícil conectarlos unos con otros, igual que es difícil conectar el funcionamiento de todas las agujas. Por eso prefiero vivir cada segundo. Cuando el reloj me obsesionaba, a los seis años, debería haber entendido esto, y haberme dedicado a los segundos en vez de las horas, pero no lo hice. Seguí intentando entender a la aguja que daba la hora sin ver la de los segundos. Hace un tiempo, empecé a concentrarme más en la de los segundos, y ya no le presto demasiada atención a la que da la hora. Calculo que hay que prestarle atención a las tres, pero aún no descubro cómo hacerlo. Y francamente, después de haber vivido según las diferentes agujas, prefiero el segundero. Hace más intensa la vida. Hace que uno pueda maravillarse al ver un charco.