Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

viernes, 21 de septiembre de 2012

"Mortal"

Toda mi vida he tenido la sensación de no comprender nada. No importa cuánto lo intente, no importa cuánto lea, no importa cuánto tiempo invierta en ello o cuántas noches pase en vela. Percibo la realidad como algo caótico, y cuando pienso que encontré un patrón, que encontré una respuesta, veo un nuevo elemento que no cumple mi teoría. La mayoría de las veces, simplemente tengo esa sensación frustrante de tener las respuestas al alcance de mi mano, en la punta de la lengua, pero cuando me acerco se esfuman.
No puedo evitar pasar por la plaza donde está esta hamaca. Nada más observarla me genera una mezcla entre el sentimiento tan molesto que acabo de describir, y tranquilidad.
Es la impresión de que hay algo que no estás viendo, aunque está enfrente tuyo. La sensación de que el significado de las cosas es muy claro visto de lejos, pero a medida que uno se acerca, descubre que se trataba de un espejismo más. Como ver vapor, e intentar atraparlo. Está ahí, uno lo ve, parece tangible, pero  es imposible capturarlo con las manos. O la impotencia que se siente de niño al correr hacia el horizonte. Al principio intenté alcanzarlo a pie, luego usé la bicicleta, y por último, le dije a mi padre que por favor acelerara el auto para ver si así llegábamos.
Claro que el horizonte no existe como límite real. Tal vez eso signifique que A) las cosas no tienen significado, o B) la mente humana es incapaz de captarlo.
En cualquiera de los casos citados, lo razonable sería no pensar al respecto, es decir ¿por qué pensar en cosas que o no existen o existen pero somos incapaces de conocer? ¿Por qué existe la filosofía? ¿Por qué no nos cansamos de buscar el significado profundo de la existencia? ¿Será lo que Borges decía? ¿que el destino de la humanidad es buscar respuestas sin nunca hallarlas? ¿Será que nuestra mente interpreta las cosas de manera lineal y por lo tanto tiene una limitación inherente a la hora de intentar interpretar una realidad no lineal? ¿Intentar comprender el universo y la vida con un cerebro será algo tan vano como intentar sacar una tuerca con un martillo?
Pero si es tan vano, ¿no debería la selección natural no haber favorecido el desarrollo de una inteligencia tan empecinada en una causa perdida? Es un verdadero desperdicio de ATP, ¿entonces por qué todas las personas del mundo filosofamos? Aún aquellos que han sido capaces de dejar de hacerlo, lo han hecho alguna vez. Entonces, ¿por qué un recurso tan caro energéticamente y cuyo costo supera la ganancia que provoca es mantenido?
¿No sería más conveniente y nos ahorraría más energía tener un cerebro menos desarrollado? ¿Qué hay de la finitud de la existencia? ¿no sería más capaz de sobrevivir alguien que invierte su energía en sobrevivir en vez de pensar cuándo morirá o cómo será morir?
Las emociones y los pensamientos nos provocan más pérdida que ganancia a los seres vivos, ¿cómo la selección natural mantiene algo tan poco conveniente?
Evidentemente la realidad no es sólo lo que vemos, y tal vez no todo lo que vemos lo sea.
Entonces, si el conjunto de la realidad presenta una intersección con nuestra percepción de ella, pero no es ella, ¿cómo saber qué es? ¿Cómo saber qué elemento está en qué conjunto?
Pasan miles de años, y las preguntas que nos hacemos siguen siendo las mismas. Sin embargo es imposible vivir sin hacerlo. Por más que se sepa que nunca se entenderá nada, no se puede dejar de intentar comprender. ¿A qué viene esa sensación de estar al borde de algo que se esfuma cuando nos aproximamos?
Siempre he sentido que ciertas cosas en la vida no cambian, que en el fondo uno sigue siendo el mismo que siempre fue, con pequeñas modificaciones; y sin embargo, nunca voy a poder volver a subirme a esa hamaca amarilla, como lo hacía de niña.
El otro día, estaba simplemente descansando en esa plaza, cuando vi llegar a una nenita con sus padres. El papá la agarró a upa, como otrora hizo el mío, y le preguntó cuál hamaca le gustaba. Ella eligió la roja. Otro día un niño eligió la verde. La mayoría de los colores se repiten, pero hamaca amarilla hay una sola. Creo que por eso la elegía yo. Me gusta usar siempre lo mismo, y una buena manera de estar siempre en la misma hamaca era elegir una única, que no iba a confundir con otra. En el tiempo que hace que volví a vivir en este lugar después de años de ir por otros rumbos, no he visto a nadie subirse a la hamaca amarilla. No sé por qué me siento ahí y cuando veo a algún niño o niña pienso "que se suba a la amarilla", pero no lo hacen. No sé por qué me importa que lo hagan o no. Borges decía que nadie es único e irrepetible, sino que las historias de vida se repiten, manteniéndose de ese modo un balance, como si  se tratara de un ciclo biogeoquímico. Tal vez sea que espero verme repetida. Tal vez eso me daría una cierta sensación de tranquilidad.
Hace dos días hubo una gran tormenta, tiró varios árboles, y cuando se lo comenté a mi padre, triste por la muerte de esos nobles seres vivos, me preguntó preocupado si se había caído el pino al que yo solía trepar. No supe qué contestarle, y cuando hoy pasé por allí a ver a la hamaca y qué había pasado con los pobres amigos árboles que fueron arrasados por la tormenta, recorrí todo el lugar intentando recordar cuál era ese pino.
No pude. ¿Cómo puedo intentar comprender aquello que trasciende a mi limitada percepción de la realidad cuando no soy capaz de recordar a qué árbol me trepaba a los cinco años?
A pesar de los años, nunca he podido superar la angustia existencial que me provoca no entender nada y ser tan limitada.
Alguien muy querido para mí, o a quien solía querer y en algún punto supongo que siempre seguiré queriendo, solía recordarme que era mortal para molestarme.
Cuando yo me ponía muy filosófica o idealista, o sencillamente olvidaba mis limitaciones como Homo sapiens que soy, se reía y me decía: "mortal". Me fastidiaba muchísimo que lo hiciera. Tal vez es algo que nunca he sido capaz de aceptar. Del mismo modo que nunca superé la tristeza e impotencia que sentí cuando entendí que no podía salvar al mundo, que no podía ayudar a todos, y que probablemente ni siquiera fuera capaz de salvarme a mí misma.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Penélope

No sé por qué, pero desde que me desperté, no he conseguido sacar esta canción de mi cabeza. No era la idea del blog estar nombrando una canción en cada entrada, ni mucho menos. Pero creo que se me ha vuelto una tendencia.
http://grooveshark.com/s/Pen+lope/3l4rvy?src=5
Nunca me gustaron las actividades grupales, ni los coros, y todos los años cuando iba al colegio, me negaba a participar. Ni siquiera "audicionaba." Pero hubo una vez, en que tuve una maestra, que me desagradaba a tal punto, que buscaba cualquier excusa para no estar en su clase, y ese año, cuando cursaba 4º de primaria, hasta el coro me vino bien.
Recuerdo haber pasado tardes lluviosas junto al piano del profesor cantando esta canción, (yo siempre me paraba en un ángulo tal que pudiera ver qué teclas apretaba, a ver si así entendía cómo se tocaba el piano) con mis compañer@s y la Penélope imaginaria de mi mente. Siempre la pensé como una mujer de alrededor de cuarenta años, de cabello negro y largo, atado en una cola de caballo. Sentada en un banco verde inglés junto a árboles de hojas amarillentas, vestida de marrón, con la mirada ausente. Pensaba que sus ojos serían color avellana, pero que habrían perdido el brillo por la angustia de la espera. Miraría indiferente a la gente que pasaba. El viento bailaría con las hojas a su alrededor, pero ni esa hermosa y ocurrente pareja danzante, que constituye la mejor parte del otoño, sería capaz de llamar su atención.
Sin embargo, de alguna manera, el tono que toma la melodía cuando la canción dice "Penélope, mi amante fiel, mi paz, deja ya de tejer sueños en tu mente; mírame, soy tu amor, regresé", me hacía pensar que la historia tendría un final feliz. No importaba cuántas veces la cantara, siempre me embargaba la misma ilusión en ese acorde. Pero invariablemente, la respuesta de Penélope seguía siendo "tú no eres quien yo espero."
Yo lo sabía, me sabía la letra de memoria, pero aún así, seguía creyendo que ella lo reconocería a pesar del paso del tiempo. Aunque su apariencia hubiera cambiado. Imaginaba sus miradas encontrarse y a ella reconocer en la mirada del viajero a quien aguardaba. Porque eso es lo único que permite reconocer a alguien, ese brillo extraño, particular y único que tiene cada persona en la mirada. Es eso lo único que no cambia, así pasen siglos. Pensaba que una vez iba a cantar la canción, y el final iba a cambiar, porque el que la cantáramos tantas veces, haría a Penélope recordar. Porque no podía haber olvidado la mirada del viajero, porque tenía que ser capaz de reconocerlo, así se encontrara muy diferente, así su cuerpo pareciera el de otra persona. Tenía que ver ese brillo extraño, eso tenía que alcanzarle, tenía que entender que era eso lo verdadero, y no su recuerdo de su aspecto.
Pero claro, a mis diez años debería haber sabido que las canciones no cambiaban, y que los protagonistas no podían oírme. La letra ya estaba escrita.
Esta canción también me recuerda a aquello de que los pétalos de las flores de los cerezos caen a cinco centímetros por segundo.

El paisaje siempre lo he imaginado más o menos así. Sólo que con los árboles más cargados de follaje, y en una estación de trenes. Con la vía cerca, y uno de esos relojes de las estaciones junto a ella. Es una lástima que la AFE (creo que es esa la sigla) esté arruinada, yo llegué a ir de niña, cuando estaba en mejor estado. Habiendo escuchado esta canción, me preguntaba cuántas personas habrían aguardado el regreso de alguien en vano, contemplando ese enorme reloj, y el ir y venir de los trenes.

viernes, 20 de julio de 2012

Funciones inversas.





Hoy dije eso. Lo había pensado el otro día, pero no fue hasta que lo comenté y expliqué que realmente tomé consciencia de cuán cierto era. Las ideas suenan distintas en la mente propia, donde uno sólo se oye a sí mismo, que puestas en palabras.
Así como la oscuridad no existe por sí misma, sino que es consecuencia de la ausencia de luz, de esa misma manera, el miedo no existe sino en ausencia del amor.
El miedo se define como la función inversa al amor. La gente suele hablar del odio como antitético al amor, y es mentira. El odio no es sino consecuencia del miedo.
Como el amor y el miedo son funciones inversas, si se hace la compuesta del miedo con el amor, se obtiene x, siendo x la función identidad. (Entiéndase en este contexto a la función identidad como representación del individuo tal cual es, sin engaños ni artificios, del individuo en su sentido más puro.)
Es por esa razón que sólo el amor permite ver claro. Todo el mundo tiene miedos, conscientes o inconsientes, pero no todo el mundo ama. Lo curioso de esto, es que uno puede esforzarse mucho en ser una persona llena de amor fraterno y con paz de espíritu. Se puede invertir mucho ATP en forzarse a ser madur@, en luchar contra un@ mism@ y sus miedos, porque el peor enemigo o la peor enemiga que tod@s tenemos, es nuestra propia persona, pero no es posible aplicarse a sí mismo la función inversa. No importa cuánto un@ se acepte, se quiera o se respete a sí mism@. Por una razón muy sencilla: uno se define a partir del otro. Esa es la alteridad. Encontrar en el otro a un@ mism@. Por supuesto que la alteridad hace alusión al amor en general. No cabe la menor duda de que el amor fraterno es algo hermoso. Debo decir que personalmente, creo que la vida carece de sentido, y las pocas veces que he sentido (valga la redundancia) que tiene un propósito ha sido al ayudar seres vivos (de cualquier especie), al preocuparme por el mundo que me rodea, (así sea haciendo algo tan tonto como levantar un papelito del suelo), y al pasar tiempo con alguna persona y sentir que me veo en ella y ella en mí.
El amor fraterno es maravilloso, una de las mejores cosas de la vida, sin lugar a dudas, pues todo amor es maravilloso y tiene un poder increíble.
A pesar de ello, debo decir, que no hay inversa al miedo tan poderosa como aquella que proviene del amor romántico. ¿Por qué? Porque se establece con una persona. Una sola. Porque nos guste o nos disguste, lo cierto es que es a través de la mirada del ser amado que un@ se conoce. Porque deja de ser una mirada como tantas para ser la única que logra llegar a cierto sitio del alma. Porque no hay hielo que no derrita ni miedo que no venza. Porque es como una tormenta que arrasa con uno y renueva todo. Porque hace que la propia vida, el propio pasado se vea con otros ojos. Porque te hace mejor persona y te hace honesto contigo mismo, mientras que los miedos te mentían.
Porque si se presta atención, mucha atención, puede notarse lo siguiente.
Todos estamos solos. Nacemos solos, vivimos solos, y morimos solos. Ciertas personas son conscientes de ello. A otras les aterra y se esconden en: ser consumistas, vivir empastilladas o drogadas, poner la música a todo volumen, etc. Una manera de distraer los sentidos. Si no se le teme a la soledad y se le presta atención, se verá que es como un proceso que siempre está ejecutándose en segundo plano en nuestro "administrador de tareas." Si se emplea el procesador y la memoria RAM lo suficiente en otras cuestiones, quedará relegado por un tiempo. Hasta que esos procesos finalicen. Cuando eso suceda se le volverá a prestar atención. Es un proceso del sistema que no puede ser cancelado. Se ejecuta en cuanto se inicia el sistema operativo. Sólo una cosa puede hacerle frente, y eso justamente es el amor. Todo el mundo ha sentido en alguna ocasión una soledad muy grande, al punto que llega a generar incomodidad a pesar de estar rodeado de gente. Un sentimiento de soledad distinto al que se siente estando solo en la casa. Pues en ese caso uno se siente en compañía consigo mismo, y no es en absoluto desagradable. Lo molesto es verse rodeado de gente y saber que la única persona en cuya compañía un@ se siente comprendid@ aunque no estén hablando, aunque sólo estén en silencio contemplando un paisaje, no está. Porque si se presta la suficiente atención puede verse que si se quiere a alguien, es sólo a su lado que esa opresión en el pecho que se siente al estar rodeado de personas en una fiesta o una reunión social desaparece. Es como una alarma que pone en aviso de que se está ignorando algo importante. Una sirena estruendosa que hace ver lo superfluo y estúpido de lo que te rodea. Porque se comenta por ahí que el amor hace filósofo al más humano y hace humano al más filósofo.
El miedo es confortable. Justo como la depresión. ¿A quién no le encanta quedarse acostado todo el día en la cama sin hacer absolutamente nada, en pijama, sin hablar con nadie, ni siquiera sentir apetito? Eso es siempre más fácil que vestirse y salir a afrontar el día. Evidentemente. Del mismo modo, es mucho más fácil encerrarse en excusas y miedos, en la comodidad del propio ego, que arriesgarse a aproximarse a la función inversa. De algún modo el miedo aprisiona, y el amor libera. Libre es aquel que se desprende de sus miedos, y la libertad es consecuencia del amor. Es un trabajo en equipo, por algún motivo que desconozco. Las personas se quieren y a partir de ese amor se ayudan mutuamente. Ven en los ojos de la otra persona, a la otra persona y a sí mismos, tal cual son. Porque son dos seres asustados y perdidos en el mundo, que necesitan de la calidez del otro, para ser ellos mismos, y para tener el valor de vivir esta desesperanzadora existencia.

sábado, 14 de julio de 2012

Risa

Hace una o dos semanas (ya no lo recuerdo), asistí a un funeral, y ayer falleció un pariente de un amigo. Va, antes de ayer, porque son las 4AM.
Esto me llevó a reflexionar, que cuando uno piensa en alguien, no suele recordar una imagen estática de la persona. Por el contrario, suele recordar momentos. Aunque esos recuerdos muchas veces son sobre algo trivial o cotidiano. Una vez leí esto: "Stop overlooking the beauty of small moments. – Enjoy the little things, because one day you may look back and discover they were the big things.  The best portion of your life will be the small, nameless moments you spend smiling with someone who matters to you." Y debo reconocer que han sido pocas las cosas más ciertas que he oído en la vida.
 Cuando se piensa en alguien no sólo se recuerda su rostro, porque muchas veces en el recuerdo que se tiene un@ no estaba mirando a la persona directo a la cara. Se piensa también en sus gestos, en sus palabras, en el sonido de su voz, en cómo suena su risa, en su aroma.
Se sabe que alguien murió hace mucho cuando al recordarl@ no se recuerdan estas cosas, sino una foto. Eso significa que se pasó demasiado tiempo extrañando a alguien, que se ha estado demasiado tiempo contemplando una imagen estática de la persona, porque sólo de esa forma se l@ puede volver a ver. Pero nadie es una imagen estática, y nadie quiere conservar en su memoria sólo una imagen estática de alguien a quien quiso. Es entonces que se mira la fotografía con gran concentración, esperando la imagen llame a otros recuerdos en la mente. Pero con el paso del tiempo, lo que se recuerda es cada vez más borroso, y se empieza a dudar de lo realmente acontecido.
El problema no son los que mueren, sino los que tenemos que seguir vivos.
Así es que pasa el tiempo y no queda mucho más que un recuerdo o dos, y una imagen.Nunca se pensó al sacar la fotografía que sería esa captura arbitraria de un momento arbitrario, que se tomó tal vez sin prestar demasiada atención, la imagen fija que quedaría grabada en la mente sobre alguien cuyo paso por la vida de un@ no quiere olvidarse.
Por eso siempre presto mucha más atención a las voces, los perfumes, las actitudes y las miradas. Siempre que no se recuerde la forma de la nariz de alguien se puede mirar a una fotografía. Pero aunque en la imagen la persona esté sonriendo ningún papel puede saber cómo sonaba su risa. Es espantoso saber que nunca más vas a oír la risa de alguien ni sentir su perfume, pero más espantoso aún, es no poder recordar cómo sonaba u olía.

viernes, 13 de julio de 2012

Visión

Sonará absurdo, y lo es, pero a veces, por una pizca de tiempo, me da la impresión de que mi reproductor de mp3 está sintonizado con mi estado anímico. Lo uso siempre en aleatorio, para que me sorprenda, y ciertas canciones resultan seleccionadas por él sólo en ciertas situaciones. Y sin darme cuenta, muchas veces acabo por comportarme siempre de la misma manera cada vez que pasa la misma canción. Es algo cíclico y extraño. Hoy pensé que en cuanto bajara del ómnibus iría a la Rambla a ver el agua, y al rato me dí cuenta que mientras caminaba hacia allí había estado sonando la misma canción que siempre suena cada vez que lo hago. Va, las canciones, porque son dos. Y suenan siempre juntas a pesar de que el reproductor esté en modo aleatorio. Ni "we will rise again" ni "we were born to fly" de Scorpions tienen algo que ver con el mar, pero es una coincidencia que se ha repetido muchas veces.
De algún modo camino más rápido y decidida cuando suenan, lo que es preocupante, porque no suelo prestar atención a mi entorno.
 La letra de "we will rise again" nunca me convenció, supongo que la escucho por la música.
A veces se siente bien escuchar algo ruidoso.
"We were born to fly" sí me encanta, letra y música.


(Aunque mis preferidas son: "the future never dies", "under the same sun" y "maybe I maybe you".)
El punto es que como ya había anochecido, el agua no se distinguía. Más bien se fundía con la oscuridad impenetrable de un cielo sin luna, sólo interrumpida por la contaminación lumínica. Únicamente si miraba hacia mi izquierda era capaz de percibir a lo lejos un leve movimiento en el fluido. Sin embargo, eso era posible sólo por el ángulo en que la iluminación de la avenida irradiaba. Si miraba hacia la derecha o hacia adelante, me era imposible notar algo.
Pensé entonces, que el presente y el futuro nos resultan en nuestras vidas igual de impenetrables. Sólo el pasado podemos distinguirlo con una cierta claridad. Es más, no todo el pasado, porque yo no alcanzaba a ver toda el agua existente en esa dirección. Sólo es posible distinguir con cierta claridad algunos momentos del pasado. (Supongo que el asociar la izquierda al pasado y la derecha al futuro se lo debo al amigo Descartes, y sus ejes cartesianos.)
Resulta lógico. Del futuro no hay mucho que decir porque no sabemos qué pueda acontecer, del presente no podemos decir demasiado porque el estar viviéndolo afecta nuestra percepción del mismo. De un pasado lo suficientemente lejano como para ganar perspectiva pero no tanto que resulte borroso y nuestra subjetividad llene los espacios en blanco es de lo único que en verdad podemos hablar con mediana objetividad.
Es el modo primera persona lo que complica las cosas. Todo el mundo sabe que es mucho más cómoda una cámara como la del Zelda que la de Metroid Prime o Counter Strike. Siempre es más fácil observar las cosas con distancia. Sólo que la vida no es el Lineage, que se puede elegir qué cámara usar.

sábado, 9 de junio de 2012

Ginkgo

Un Ginkgo que ha sido podado y vuelve a empezar ♥
Plantas amigas del Ginkgo. ♥
Hoy me levanté de la cama y me dije que hacía un día invernal de lo más hermoso. Pensé que debía hacer algo, y recordé que me debía un paseo desde hacía tiempo. Tenía que ir a la Avenida Sarmiento, pues por ahí hay Ginkgo biloba.


Las hojas flabeliladas (creo que se les llama así porque se asemejan a un abanico) son inconfundibles.
Como son de follaje caduco, en esta época sus hojas han perdido la clorofila, quedándoles sólo xantofilas y otros carotenoides. Es hermoso pasear por allí y ver en la vereda hojas cuya anatomía apenas se ha modificado en millones de años. Pensar que es la única especie que queda de su antiguo linaje, que habitó en la Tierra desde el Mesozoico (más o menos, no recuerdo con exactitud.) No podía más que ir por ahí maravillada, pensando que la única especie que queda de ese ancestral grupo, vive en este planeta desde mucho antes que mi especie. Me imaginaba a los primeros primates explorando el mundo y maravillándose al igual que yo, de una planta tan llamativa. Porque no puede negarse que lo es. Nunca en la historia le preguntarán a nadie en un examen de botánica "¿qué especie es esa?" parados frente a un Ginkgo. Pues su anatomía foliar es tan diferente a las demás, que una vez vista, es imposible confundirla con otra. Pero por supuesto, que esto me sirvió de excusa para tomar una "mini salida de campo" por el Parque Rodó. Ahí había una Cycas y todo. No es que no me interesen las plantas más modernas ni los demás seres vivos, lejos de mí tal cosa. Todos los seres vivos son adorables, sin distinción de Reino ni Filo ni Clase ni nada, pero tengo un gusto particular por los "fósiles vivientes", producto seguramente de mi obsesión por el paso del tiempo.

Parece tratarse del Consejo Vecinal del barrio, es hermoso.

Abrazada a un Eucalyptus



Otro Ginkgo.



Simplemente amo las casas antiguas.

Todo lo antiguo en realidad, las calles con adoquines son geniales.

 Los peatones que me crucé me miraban como miran a los turistas. No iba a pararme a explicarles que llevo mochila porque siempre llevo mochila, o bolso, que por ser local no dejo de hacerlo, y que en cierto punto, soy incapaz de alejarme más de 10 cuadras de mi casa sin un bolso/mochila. Tampoco iba a ponerme poética diciendo que no creo que la cotidianeidad desvalorice las cosas (aunque lo creo sinceramente y lo pienso a diario.)
Vi muchas cosas divertidas por ahí, pero en un momento dado, sin darme cuenta, me quedé tan absorta admirando la belleza que me rodeaba que perdí la noción del espacio.  Cuando quise acordar, vi un cartel curioso a mi lado: 
Faltas de ortografía aparte, es un gran mensaje. Entonces me puse a pensar, que todos deberíamos escribir reflexiones por ahí, para hacer sentir mejor a otras personas, o simplemente hacerles pensar en algo, o ver algo, respecto a lo que sea. Me tomé un ómnibus y vi esto:

Lo de "El Chucho estuvo aquí" lo encuentro respetable, porque (al menos a mí) ese tipo de frases me hacen pensar bastante. Pero es un disparate la cantidad de lugares en los que hay escritas cosas relacionadas con cuadros de fútbol. Alguien de ese cuadro diría: "sí, que viva el bolso", alguien de otro cuadro: "qué bolso ni que ocho cuartos, son un montón de papanatas." En fin, no son pensamientos muy rescatables. Después encontré otro que me gustó:

La iluminación era pésima, la cámara no es buena y yo tampoco, pero dice: "vivir sólo cuesta vida."
La mala iluminación se debe a que ya había anochecido. Es hermosa (no usé otro adjetivo en tooooda la entrada, ya lo sé) la sensación que se tiene cuando se pasa un día al aire libre y llega el atardecer. Porque previo a él, parece que el tiempo se detiene, son esos destellos rojizos los que l@ hacen a un@ recordar que sólo es un primate curioso, fascinado por un universo que no se detiene, y que esa vida con la que paga el vivir a diario es un recurso finito. No lo digo como algo malo. Las personas a veces lo toman como algo pesimista, no lo digo en ese sentido, y no me entristece, simplemente es cierto.

martes, 5 de junio de 2012

Piel

A veces, si se mira más allá de la apariencia de las personas, si se mira hondo en los ojos, puede verse a la gente de una forma completamente diferente de la manera que se la ve prestando atención sólo a la superficie.
Así, puede llegar a percibirse que el ser real, el que no se ve a simple vista, ni siquiera posee la misma piel que su disfraz. Algun@s poseen una piel muy gruesa, como una costra, a través de la cual nada (o al menos casi nada) puede pasar. Cabe imaginar que al nacer, la piel de la apariencia y de la de lo que va más allá es igual de frágil y tersa. Sería entonces con el paso de los años y las experiencias vividas que un@ se volvería más dur@. De ahí la canción de Cat Stevens "The first cut is the deepest".
Sin embargo, no se trata de una regla general. Ciertos seres nacen con un defecto genético, que hace que su piel no se endurezca, que hace que todos los cortes les resulten igual de profundos. Su percepción del dolor es entonces mayor a la de los demás. Resultando herid@s hasta por las cosas más tontas, y resultándoles este hecho incomprensible a los demás seres, cuya epidermis se desarrolla con normalidad, protegiéndoles mucho más.