Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

martes, 30 de julio de 2013

Barquito

Hacía un mes y medio que la madre de Zugzwang había muerto. Los días posteriores a eso, tuvo que lidiar consigo misma (además de con todo lo que la rodeaba), para lograr sacarse esa máscara que usaba cuando se veía frente a situaciones que requerían coraje. Era alguien con la capacidad de guardar sus sentimientos en una caja y conducirse por la vida como si estos no existieran cuando el momento lo requería. Por suerte, porque en el fondo era tan sensible, que si careciera de esa capacidad para disociarse en casos de emergencia no habría sobrevivido demasiados años. El problema con esta máscara de tipa fría, fuerte y valiente, era que le gustaba tanto, que podía caer en la tentación de no quitársela; era tan buena fingiendo, que hasta ella misma se creía su propia  actuación. Llevarla implicaba reprimirse, y cuando Zugzwang se reprimía durante demasiado tiempo, cuando abusaba de la fuerza de su psiquis, eso comenzaba a destrozarla por dentro, hasta puntos horribles a partir de los cuales le costaba muchísimo recuperarse. Sabiendo eso, puso todo de sí para no mentirse y afrontar lo que había sucedido. Recuperó sus actividades cotidianas en cuanto pudo, y fue por ahí como alma en pena durante algún tiempo. Para colmo de males, la semana en que se reintegró tuvo dos prácticos, de dos materias: en uno tuvo que mirar preparados de cortes de intestino al microscopio, lo que le recordó a la causa del mencionado deceso; y en el otro, estudiar fósiles, los cuales traían a su mente conceptos como "tiempo", "restos", "muerte." Conceptos que resultaban poco felices para la situación en que se encontraba. Se presentó a las pruebas sin haber estudiado, porque no era capaz de dejar de ver en su mente una película sobre todo lo que había sucedido. Le parecía irreal, pero era consciente de que esa secuencia de imágenes, podía dejar de ocupar su atención, pero permanecería archivada ahí en su mente, el resto de su vida.
Empezó a resqubrajar su máscara el día en que, si bien su madre seguía presentando signos vitales, Zugzwang supo al verla que ese día moriría. Salió del hospital, y notó que hacía un día hermoso. Era junio, pero la temperatura no bajaba de los quince grados Celcius, no había una sola nube en el cielo, y los pajarillos revoloteaban alegres por ahí. Pensó en Terry Jacks cantando una de sus canciones favoritas, "Seasons in the sun", en especial en la parte que decía: : "good bye my friend, it's hard to die, when all the birds are singing in the sky." A pesar de lo miserable que se sentía, fue capaz de sonreirse al ver semejante día y recordar semejante canción. Tomó un ómnibus a casa de sus padres para buscar unos papeles. Lo hizo sin pensarlo demasiado, pero el problema fue cuando llegó al apartamento. Cerró la puerta tras de sí, y no sólo se encontró con un silencio, un vacío, y una soledad a la que debería acostumbrarse, también estaba la mirada de su querida gatita. La felina la miraba de un modo que sintió que la interrogaba. Se dio cuenta de que nunca había comprendido verdaderamente "El Cuervo" de Poe, hasta ese momento. Permaneció en silencio unos segundos, pensando en cómo explicarle a su amiga lo que iba a pasar. Tomando aire dijo, muy tranquila: "mamá no va a volver -hizo una pausa en la que no supo qué decir - Pero no te preocupes, porque yo... porque yo... porque yo voy a..." Entonces vio con una claridad horrenda que su sensación de que eso no era real era sólo una ilusión, porque todo eso era muy real, y no había nada que pudiera hacer, más que seguir viviendo. La mirada "¿y ahora qué vas a hacer?" de su amiga felina la había desencajado por completo. Había hecho, para su fortuna, una gran grieta en su máscara. Una semana después del deceso, Zugzwang fue a hacerse un tatuaje. Ya lo tenía planeado de tiempo atrás, pero seguramente la situación puntual en que se encontraba habría sido en parte responsable. Mucho de Zugzwang, mucho de su mente, de su visión de las cosas, de su manera de ser, se basaba en la gran influencia que había tenido sobre ella "El Principito", tanto así, que no lo escribiré ahora, porque requeriría una, o varias, entradas. El caso es que su tatuaje fue el Principito. Como nunca ha sido mujer de medias tintas, lo pidió grande y a color, a pesar de que nunca se había hecho uno en su vida, y ni siquiera se planteó el tema del dolor. Evidentemente que le dolió, y mucho. Pero una vez hecho el tatuaje, la intensidad con que estaba llevando el duelo disminuyó. En un momento, mientras el tatuador procedía, el dolor físico fue tan grande, que dejó de ser dolor físico, y cuando Zugzwang quiso acordar, ya no era la aguja lo que le dolía. El dolor físico había pasado a ser emocional, y de pronto, ya ni se enteraba de lo que le estaba pasando a su piel. Se lo contó a un amigo, intrigada por la situación y él le comentó que había una tribu indígena guerrera de la que había oído hablar una vez, que cuando un integrante sufría una pérdida podía pedirles a sus amigos más cercanos que lo torturaran para atenuar, o transmutar, así su dolor de modo que pudiera encontrarse fuerte nuevamente en menor tiempo.
De ese día a esta parte, Zugzwang suele sentirse bien. La ausencia de su madre es algo que de vez en cuando la golpea fuerte en el pecho, y la deja un rato desencajada, pero luego recupera la compostura.
La semana pasada, mientras se mandaban tonterías con su hermano por What's App, él le mencionó que no se había llevado almuerzo. Así que Zugzwang, sin decirle nada, le compró comida (y un alfajor Agua Helada ♥) y pasó de sorpresa por la plataforma 9 y 3/4. El negocio en el que trabaja su hermano queda en una calle que dura sólo una cuadra, y Zugzwang siempre se pierde de camino, por esa razón. Así que le llamó para sí "la plataforma 9 y 3/4." Le dio el almuerzo y lo abrazó y apretujó y besó como las hermanas mayores empalagosas hacen. Los compañeros de trabajo de su hermano se reían "ah, te hacés el hombre grande y tu hermana te trata como si tuvieras cinco años." Fue muy gracioso, debo admitirlo. Salió de allí contenta de haberlo visto, y de repente se paró en seco, porque pensó que en otro tiempo, esa misma actitud había tenido su madre con ella, y que ahora, pues... ya no. Eso la entristeció unos segundos, aunque luego se dijo: "sé realista, sos una adulta, ¿cuántos años hace que tu madre no te cocina/lleva el almuerzo?"
Tuvo otra recaída cuando a la mañana siguiente su hermano le envió unas fotos que tenía de su madre.
Después de eso estuvo sintiéndose bien, hasta este sábado. Se despertó, y vio que hacía un día divino afuera. Los días soleados siempre le recordaban a su madre, porque nunca en su vida conoció a nadie a quien ver el sol alegrara más. Además, cuando Zugzwang era niña, siempre dibujaba el sol en sus paisajes, y su madre le decía que por la forma en que lo dibujaba, o la posición en la hoja, o por vaya a saber uno qué, eso representaba que le daba mucha importancia a su figura materna. Su madre lo decía sonriente y con mucho orgullo, y Zugzwang miraba la hoja pensando cómo podía un dibujo decir eso de alguien. Con esos recuerdos en mente, se dirigió quien escribe a comprarse algo de almorzar, pero en la puerta del supermercado estaba un conocido, y para no tener que hablarle, porque no tenía ánimos, siguió caminando hasta un lugar que le encanta. 



La última vez que había ido, en febrero, eran otras las cuestiones que la aquejaban. Recordaba que era una noche de verano, en la que, en ese edificio, el apartamento de arriba del todo estaba vacío y alguien estaba pintándolo, a esa hora, como las diez u once de la noche.
Si alguien esa noche de febrero le hubiera comentado los sucesos que tendrían lugar entre esa fecha, y el 27 de julio, no se lo hubiera creído, seguramente.
Fumaba un tabaco sentada a lo indio en un banco mientras en su celular sonaba "Duda" de "Las Pastillas del Abuelo."


Estuvo un rato ensimismada en sus pensamientos ("ensimismamiento" era su palabra preferida ♥), hasta que unos turistas agradables y sonrientes le pidieron que les sacara una foto.
Eso le trajo un poco uno de sus fantasmas: el de que no suele sacar fotos a personas. Zugzwang fotografía paisajes, tonterías, pero casi nunca personas.



El domingo por la noche, había una niebla hermosa, y Zugzwang caminaba alegre, observando el paisaje y pensando por qué encontraría tan fascinante a la niebla, cuando era algo que la gente solía desdeñar.

Se molestó consigo misma por seguir siendo igual que cuando niña: alguien a quien todo sorprendía y maravillaba, como si fuera siempre la primera vez. Porque ese mundo hermoso, ya no era tan hermoso, porque su madre ya no estaba, ¿no? Entonces, ¿por qué seguía percibiéndolo así?
Lo meditó un rato, hasta que llegó a una conclusión. El mundo seguía siendo hermoso a sus ojos, porque en verdad su madre no se había ido, estaría ahí en cada tarde soleada, o siempre que mirara las estrellas, o siempre que pensara en caballos; tanto por lo furiosa que se había puesto cuando Zugzwang a sus cinco años le había preguntado cómo se escribía "¡y con "B"! ¿cómo no vas a saberlo?" Probablemente de allí viniera la obsesión de quien escribe con la ortografía. Como por el hecho de que usara la imagen de ese animal tanto para halagar, como para tomar del pelo a Zugzwang, dadas las connotaciones astrológicas que su madre consideraba que tenían para su hija, por haber nacido bajo el signo de Sagitario en el horóscopo occidental y ser yegua de metal en el oriental.
De algún modo siempre escucharía su alegre risa sonar entre el viento en primavera, y cada vez que cometiera alguna torpeza (porque Zugzwang era una muchacha muy torpe), o le dieran sus "delirios de potrilla rebelde", que "hasta tiene crin" (lleva jopo desde los doce años.)
En algún punto, la acompañaría en las largas caminatas que a ambas les gustaba tomar, diciendo tonterías cada dos por tres, justo como Zugzwang, porque a ella le debía su característico buen humor.
Porque cada vez que Zugzwang se lamentaba de nunca más poder abrazarla, o de olvidar el sonido de su voz, encontraba cosas como esto:

Porque al fin y al cabo, en esta vida, habrán lecciones más difíciles o más fáciles, que nos gusten más o nos gusten menos, pero estamos vivos para aprender. Y siempre es posible encontrar cosas que le devuelvan a uno la sonrisa, como un libro titulado: "¿quién se ha llevado mi queso?" 
Cuando sólo había pasado una semana de la muerte de mi madre, fui a clase, y me pedí un cappuccino en la cantina. Lo tomé, y me dirigí muy contenta al mostrador a agradecerle a la muchacha que lo hubiera preparado tan bien. Era la primera cosa que me alegraba el día, y eran las cinco de la tarde. Ella, que ya me conoce hace tiempo, me miró con el ceño fruncido, aunque sonriendo a la vez, y me preguntó, extrañada: "¿es que vos nunca tenés un mal día?" Yo me quedé unos instantes sin saber qué responder, porque la verdad era que estaba pasando unos días espantosos, pero no le quería amargar el día a ella contándole, entonces, como sé que mi tono de voz (si no me esfuerzo en contenerlo), es bastante expresivo, me limité a decirle: "tengo unos días espantosos." Y después de meditarlo un rato más, para explicar por qué suelo estar sonriente, agregué: "pero si yo sonrío vos sonreís, y si vos sonreís yo sonrío, y yo creo que eso hace del mundo un lugar mejor." Creo que eso hace del mundo un lugar mejor. Lo creo sinceramente. Está bien extrañar, está bien sentirse mal a veces, pero siempre puede encontrarse algo, por más ínfimo que sea, que a uno lo haga sentir mejor. Así sea el título gracioso de un libro, o salvar a una plantita, o sonreirle a alguien.
El sábado por la mañana también pasé por una galería de arte que me encanta, y vi este cuadro 
el domingo garabateando tonterías dibujé un barquito sin pensarlo, y por primera vez en mi vida, lo dibujé amarrado a un muelle en vez de a la deriva. Debe ser algo bueno. 

domingo, 21 de julio de 2013

Hamaca

A Zugzwang siempre le preocupó que la hamaca amarilla estuviera vacía. La hamaca en la que su madre la columpiaba de niña, no columpiaba a nadie más.
Zugzwang miraba la hamaca perturbada. Ya pasaba los veinte años, y había vuelto a vivir en el barrio en que había pasado sus primeros años de vida. Visitaba esa plaza a diario, y se quedaba viendo la hamaca, no sabía por qué, con sensación de nostalgia.
Ese día, era el primero del resto de su vida, se había marchado de casa de sus padres. Un día soleado de marzo, en el que se despertó y fue a comprar tabaco y un alfajor. Decidió fumar en la plaza en cuestión, mientras escuchaba música en su mp3. Siempre tenía el reproductor en "aleatorio", y de pronto, notó que estaba sonando "Yellow", de Coldplay. Aún mirando el tabaco que armaba, hizo la asociación de ideas: Yellow = hamaca. Levantó la mirada, y vio a una mujer ubicando a su hijo/hija (no alcanzaba a distinguir) en la hamaca amarilla, luego de que el/la infante hubiera señalado esa hamaca cuando la madre le dio a elegir. Zugzwang, llena de alegría y nostalgia al mismo tiempo, se preguntó si alguien más no habría estado fumando un tabaco desde lo lejos sonriendo cual angel de la guarda el día en que ella se había columpiado en esa hamaca, más de quince años atrás.
Tal vez en algún nivel energético, ella había seguido en esa hamaca hasta ese día, y por eso le daba tanta nostalgia verla. Ahora que se había ido de casa de sus padres, alguien más ocupaba la hamaca. Se sintió verdaderamente adulta por primera vez en su vida, y con su andar de mujer grande, que no sabía cuándo había adquirido, se retiró sonriente, apreciando la belleza de la tarde veraniega/otoñal, oyendo "Yellow" y fumando su tabaco. De camino al lugar al que se había ido a vivir, encontró en la vereda una hoja de helecho. Zugzwang, alias La Dama Helecho, los adora, porque son unos seres vivos encantadores, muy fuertes, supervivientes por naturaleza, de linaje muy antiguo, que pasan desapercibidos. Después de todo, ¿quién va a reparar en una planta que no da flor? Tienen un encanto que trasciende a lo observable, aunque son muy hermosos, si se sabe mirarlos. Se agachó a recoger la hoja y se marchó muy campante, habiendo hecho su ritual de paso.
Luego publicó "Yellow" en su muro, sabía que nadie podría siquiera imaginarse la razón que subyacía, y eso era genial.

domingo, 26 de mayo de 2013

Cloud Atlas


“My life amounts to no more than one drop in a limitless ocean. Yet what is any ocean, but a multitude of drops?”

“Our lives are not our own, we are bound to others, past and present. And by each crime and every kindness, we birth our future.”


Ciclos

Es curioso, pero por alguna extraña razón, parece que en esta vida todo fuera cíclico, no sólo en lo que refiere a metabolismo y ciclos biogeoquímicos sino en general. Situaciones, personas, de alguna manera, se mantiene una especie de balance.
Cuantos más años pasan, más me convenzo de que en verdad nada cambia nunca.
Los cambios son sólo aparentes, pero deep down, nothing changes.
La única teoría que se me ocurre, es que cada persona, cada sitio, posee su propia energía, y esa energía particular tiene afinidad por ciertas energías en particular, como todos estamos conectados de formas y por fuerzas que escapan a la percepción que nuestros cinco sentidos alcanzan, a menudo nos encontramos pensando: "qué coincidencia, este vecino tiene mucho en común con el anterior", "qué locura, siempre se me acerca gente parecida", "esta situación ya la viví".
Nada cambia, todo es cíclico.
Sin embargo, hay ciertos círculos viciosos en los que a veces sin quererlo de manera consciente, uno se involucra. Lo único que puedo concluir de eso, es que uno llama lo que uno es, tanto lo bueno como lo malo. La única forma de salir de círculos viciosos es hacer un cambio interno.
También creo que muchas veces, si bien asumir las cosas es un paso importante y necesario, los cambios que deben hacerse para salir de una determinada situación que uno nota que se reitera en su vida se desencadenan producto de un "click" que hace la mente a un nivel más profundo que el consciente.
A veces ese "click" puede darse en una situación tan tonta como haberse cruzado a un anciano en una parada de ómnibus, o con alguien que hace tiempo no veías. Porque las cosas no son lo que las cosas son, sino lo que significan para nosotros, y en el nivel distorsionado y confuso de la mente, un gran acontecimiento puede carecer de trascendencia o un pequeño suceso puede ser algo enorme para un individuo particular en una situación particular.
Más allá de lo cíclico y repetitivo de la vida, ciertos ciclos deben modificarse, porque nos dañan, y, según cree quien escribe, in order to do that, you should:
1) Reconocer un patrón entre situaciones que resultan disgustantes.
2) Tiempo después de estar meditando bastante sobre el primer punto, lograr el "click" interno. ¿Cómo? No lo tengo demasiado claro, pero si algo bueno hay que reconocer de la filosofía de Descartes, es su idea de que las ideas claras y distintas (verdaderas) se le presentan a las almas atentas. Si uno se focaliza en solucionar o cambiar algo, y se muestra atento y reflexivo al respecto, sería esperable encontrar la solución en algún momento.
3) Último pero no por eso menos importante: TOMAR UNA ACTITUD PROACTIVA al respecto. No alcanza con: "me dí cuenta de que le tengo miedo a las arañas porque una vez una se me acercó mucho de niño y sus muchos ojos me asustaron." Claro que hay que aceptar el problema y buscar su raíz, pero luego se debe planear una estrategia para superarlo. La actitud proactiva es sumamente importante, porque la mente tiende a sabotear. Los miedos, la depresión y el permancer en situaciones que se reiteran, es doloroso, sí, pero también es cómodo, no implica tomar riesgos desconocidos. El miedo paraliza, y a veces, la misma repetición de un ciclo resulta tan agotadora que se puede caer en la tentación de descansar demasiado, y caer en la inacción.
La vida es como escalar una montaña helada. Es difícil, hace frío, y da sueño. Pero quedarse dormido en una montaña cubierta de nieve, puede parecer cómodo o conveniente en ese momento en que se está agotado, pero si ese sueño se prolonga durante mucho tiempo, traerá como consecuencia la muerte. ¿A qué se va a una montaña? Pues a escalarla. Hay que subir lo más posible, porque si se logra llegar al tope, todo lo padecido habrá valido la pena, y sino también, porque siempre será mejor haber subido cuanto se haya podido, a rendirse a morir de hipotermia. Cada desafío, cada peñasco que superamos, que escalamos, nos hace crecer como personas, nos fortalece. Podemos también ayudar a otros, y otros pueden tendernos una mano cuando estemos a punto de caer a su vez. Porque aunque a veces podamos sentirnos solos, en verdad nadie lo está, todos estamos conectados. Y ya sea que las cosas vayan bien o vayan mal, es bueno recordar que en esta vida todo es un aprendizaje, y que "lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado."

jueves, 31 de enero de 2013

Mar

Hace unos días, en un río al atardecer, con la marea alta y el agua a una temperatura agradable, fue que mirando el horizonte, y creyendo que sabía a qué profundidad estaba, avancé más de la cuenta hasta quedar por el cuello. Cuando perdía pie caí en la cuenta, y mirando el agua a mi alrededor, entendí algo. Entendí a qué se debe la comparación que suele hacerse entre el mar y los sentimientos.
Ocurre a menudo, que en ambos ámbitos se suele creer que se tiene control sobre la situación, que es uno o una quien decide hasta dónde va, y hasta qué altura le llega el agua; pero termina por darse cuenta de que no hizo más que dejarse llevar por ese movimiento suave e hipnotizante, casi seductor, del agua, que poco a poco, sin perder el encanto, y fingiendo no pretender hacerlo, nos lleva más profundo, más profundo.
Hasta que se siente el agua a la altura del cuello, y al darse la vuelta y ver la distancia abismal a la que quedó la orilla, se piensa que el mar, así de rítmico y agradable, casi te mata. Si será así, que incluso en esos momentos, cuesta tomar la determinación de salir. El mar es, sin duda, tan peligroso como fascinante, tan engañoso como irresistible.
De ahí la comparación.

Pluma

De vez en cuando, un espíritu que pasó su vida prisionero y logra al fin su libertad, o lucha por ella sin conseguirla, al morir se transforma en pluma.
Son las aves después quienes llevan consigo a esos espíritus que fueron prisioneros a pasear, y es al desprenderse de ellos en pleno vuelo que realmente dejan de serlo.
Es una libertad diferente a la del ave, es una libertad sin dirección, depende de para dónde vaya el viento. Una libertad sin garantías, sin planes a futuro. Una verdadera libertad. A veces una de esas plumas cae al suelo, y aguarda cómodamente allí, a alguien que esté dispuesto a oír su mensaje de libertad y volar con ella.

jueves, 20 de diciembre de 2012

"Vamo' arriba"

Conozco a alguien, que cuando las cosas van mal, se dice en voz alta: "vamo' arriba". Yo siempre estoy sin estar,  soy sigilosa y tranquila,  por lo que los seres vivos en general,  incluidos los de nuestra especie (asumo que quien esté interpretando estos símbolos será un humano, que podría estarle leyendo, (y me encantaría que lo hiciera), a otros seres que no entiendan estos garabatos,  pero en cualquier caso,  sólo alguien que  comprenda español y sepa leer podrá oficiarles de traductor; necesitamos lograr una forma de comunicación menos especista que esta.) Hice un paréntesis tan extenso para explicar algo tan evidente,  que voy a tener que hacer la frase de nuevo. Venía diciendo que soy tan sigilosa y tranquila,  que los seres vivos captan que soy tan amenazante como un bate de béisbol hecho de polifón y no suelen estar demasiado a la defensiva conmigo. Y todos sabemos que cuando a uno no le genera desconfianza alguien,  se comporta en presencia de esa persona como si estuviera solo. Eso constituye un deleite para mí,  que amo observar el comportamiento. Encuentro muy importante hacerlo, porque sólo prestando la sufiente atención puede uno llegar a ponerse en los zapatos de alguien más;  llegar a ver,  aunque sea un poco, a través de los ojos de otros seres,  porque esa es la idea: entendernos mutuamente. Este hobbie mío me ha enseñado que para que uno se diga a sí mismo: "vamo' arriba",  las cosas tienen que estar difíciles. Es de gente fuerte hacer eso,  gente que se ha encontrado en soledad frente a situaciones que habrían desestabilizado a más de uno,  pero que no teniendo más opción, apretaron los puños y siguieron. Porque el miedo paraliza, pero paralizarse no es una opción. La vida es "zugzwang",  estamos obligados a mover.
Mi enorme admiración para aquellos que en medio de la desolación,  y al ver que están solos frente a algo más grande que ellos, respiran hondo, se dicen "vamo' arriba", y emprenden la lucha constante que implica existir.

NOTA:  en la lámina sólo verán lo mismo que yo veo si tienen una psiquis transtornada de forma similar,  porque todos lo estamos,  pero de diferentes modos.