Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Piezas

Organizando libros en la biblioteca de mi casa, encontré fotografías viejas. Muchas de las cuales yo no recordaba. Me sorprendió hallar algunas de cuando estaba en jardinera, y fuimos con mis compañeritos de paseo.
Una de ellas es un fiel retrato de mi carácter. Nos tomaron dos fotos al grupo completo. En la primera todos estamos mirando a la cámara, si bien yo estoy de costado, por algún motivo que no recuerdo. En la otra, nos tomaron la fotografía sin avisarnos por lo visto, porque todo el mundo estaba haciendo algo distinto. Unos reían, otros conversaban entre ellos, yo estaba algo distanciada, seria, con la vista fija en algo que tenía en mi mano, posiblemente pasto. Sumida en mis pensamientos, aislada de los demás. Como siempre.
El otro día una amiga me comentó que una conocida en común que tenemos tiende a aislarse. Yo le dije que yo hacía lo mismo, y me respondió que eran aislamientos diferentes. El aislamiento de nuestra conocida era más bien "clasista", algo del estilo: "no me llegan a los talones, ¿para qué me voy a juntar con ellos?" mientras que el mío era: "¿para qué me voy a gastar en acercarme o dejar que se me acerque la gente, si de todos modos no me entienden?". En otras palabras, que mi actitud era producto de sentirme constantemente como sapo de otro pozo. Eso siempre ha sido así en realidad, y no creo que algún día cambie.
Recordé que cuando yo tenía cinco años, a veces me leían cuentos de hadas. Yo le pedía a mi padre que no lo hiciera, porque me parecían estúpidos. Nunca me pareció creíble el "vivieron felices y comieron perdices". Además, la verdad sea dicha, a la protagonista le faltaba carácter, el príncipe azul es un incompetente, y los malos son todavía más incompetentes porque la protagonista y el príncipe los vencen. Desde ese entonces tenía la teoría de que una no puede esperar que nadie haga las cosas por una, hay que saber valerse por sí misma. ¿Te quedaste atrapada en una torre? No esperes que te crezca el pelo para que alguien trepe por él, cortátelo, atalo a las patas de la cama, y junto con sábanas y cortinas, usalos para bajar de ahí.
Como tengo espíritu científico, quise probar si valía la pena actuar como las protagonistas de esos cuentos, y pensé en una forma. Yo tenía dos amigos en toda la escuela, un amigo y una amiga. Mi amigo era el que iba a colaborar conmigo en mi experimento, aunque él no estaba al tanto.
Le dije que jugáramos a que yo estaba atrapada arriba del tobogán (tobogán = torre) y él tenía que subir a rescatarme, trepando por él (no por mi pelo obviamente.)
Mi pobre amiguito se empeñó en la empresa, pero demoraba tanto como el príncipe de los cuentos. Me di cuenta de que eso no era para mí, yo no tenía paciencia para esperar a que vinieran en mi auxilio, no era tan pasiva. Finalmente, salí yo sola del tobogán, y así he hecho con todo en mi vida.
Armando un mueble con ayuda del manual, noté que las piezas estaban numeradas. Las piezas que venían en parejas llevaban el mismo número. Cuando llegué a la pieza que llevaba por número mi fecha de cumpleaños noté que estaba sola.
No todas las piezas vienen de a dos.

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