Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

domingo, 12 de febrero de 2012

Dedicatoria.

Es curioso las reflexiones a las cuales algo aparentemente mundano pueden llevarla a una. En la feria había un libro a la venta. Una edición vieja de "Cuentos de la selva" de Horacio Quiroga. Llevaba una extensa y hermosa dedicatoria que databa de 1960 de un padre a su hijo. Por lo visto el hijo lo había vendido, o el hijo había muerto y los hijos de ese hijo lo habían vendido; o el hijo murió sin dejar descendencia y sus pertenencias fueron vendidas por parientes lejanos. Es tan divertido ponerse a imaginar la historia que ese libro puede haber tenido. Quiroga nunca podría haberlo imaginado. Somos incapaces de conocer el alcance de nuestras acciones.
Ese libro fue escrito, editado, impreso, comprado por un hombre, que lo dedicó a su hijo, leído a ese niño por su abuelo, y luego de algún modo fue a parar a la feria, 52 años después de que la dedicatoria fuera escrita por ese hombre. Tal vez la había escrito una noche sólo en su casa. Tal vez una mañana desayunando junto a la madre del niño, antes de que la criatura despertara. Tal vez haya sido un regalo de cumpleaños. Tal vez haya sido uno de esos regalos sin propósito específico que los padres o los amigos a veces hacen, simplemente porque no pudieron evitar pensar en uno al ver el objeto y nos lo compraron felices, convencidos de que sería de nuestro agrado. Tal vez fuera viudo. Tal vez le compró el libro a su hijo porque a él se lo leían de niño. Después de todo, "Cuentos de la selva" fue publicado en 1918. Luego de ese día en que escribió de su puño y letra la dedicatoria, transucrrieron 52 años. Vaya a saber una qué aconteció en ese intervalo de tiempo. Pudo haber estado en una caja muchos años, pudo haber pasado de mano en mano. Pudo ser que el hijo prestara el libro a un amigo que nunca se lo devolvió y después de años de no verse ese amigo lo haya vendido. Pudo haber pasado cualquier cosa, pero lo cierto es que ese hombre que escribió la dedicatoria, de algún modo estaba ahí hoy, 12 de febrero de 2012. De algún modo el hijo y el abuelo del niño también forman parte del libro. Así como evidentemente su escritor, y todos los que se detuvieron a leerlo. Es esa carga histórica la que añade valor a las cosas. Cosas que curiosamente, suelen ser notoriamente más baratas que las impersonales. Lo hubiera comprado, sólo para ser de alguna manera parte de esa historia, y tener una dedicatoria tan hermosa, aunque no esté dirigida a mí. Eso me hace a mí impersonal, una simple espectadora que observa todo, sin pretender involucrarse, por pura cobardía, aunque en realidad está involucrada, porque no es todo lo etérea y fantasmal que le gusta pensar. Porque es un humano real, aunque tenga que repetírselo todos los días frente al espejo mientras se lava los dientes porque olvida que está viva, porque olvida que pertenece a esta realidad. Esa realidad en la que le cuesta tanto permenecer.
Pero va a hacer algo. La próxima semana va a volver. Por si el cuento sigue estando. Si no está, alguien más lo habrá comprado; de lo contrario, ella se encargará de mantener de algún modo vivo a aquel hombre que un día de 1960 dedicó un libro a su querido hijo.

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