Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

domingo, 3 de junio de 2012

Finales imaginarios.

La vida real no es como las películas. Al menos no como las películas con finales felices. Los finales de las que son basadas en hechos reales, cuando son felices, consisten en una mejoría de la situación, pero más en una vuelta de rosca a la perspectiva que se tiene de las cosas. Suelen terminar con alguna reflexión optimista, para hacerte pensar que la vida no es tan mala, aunque en verdad sea una reverenda basura, por usar un lenguaje políticamente correcto. Entonces uno mira alguna otra película, de esas que tienen finales felices en serio. Esas en las que la/el protagonista confiesa su amor y es correspondid@, o logra salvar la vida de tres gatitos de una muerte horrenda, o se gana la lotería. Entonces se sale a la calle con ánimos renovados, pensando que algo bueno va a pasar. Pensando que en la vida real existen los giros extremadamente favorables e inesperados de las películas. Cuando en verdad, la explicación al final feliz, es que el/la que lo escribió: jugó años a la lotería y nunca ganó, o amó a alguien que no l@ amó, o no llegó a tiempo para salvar a los gatitos.
En la realidad, las situaciones cambian con los años. Todo es un proceso lento y desgarrador. Pero no importa cuánto duela, o cuánto un@ se queje, o cuánto un@ sufra, grite y/o patalee, nada de eso va a cambiar las cosas. Nadie ni nada va a solucionar mágicamente tu vida. Lo único que queda es volver a levantarse y seguir. Sabiendo que la vida es una mierda (me cansé de los eufemismos, por mucho que me agraden), pero no conviertiéndose un@ en una mierda por eso, que es lo que muchos hacen. Hay que lograr seguir viviendo a pesar de todo, y ser lo mejor gente posible, para darle pelea al mundo, diciéndole que pase lo que pase, vos no te vas a convertir en una mierda también.
La razón para escribir es entonces, que al menos en un papel, las cosas hayan sucedido del modo que deberían haberlo hecho. Que por lo menos en un papel exista la justicia.
La gente que escribe no es feliz. Si lo fueran, estarían demasiado ocupad@s siéndolo como para pensar en escribir. Las personas que escriben son idealistas a l@s que la realidad una y otra vez lastima y hace sufrir. Seres que cargan con una profunda angustia existencial que l@s obliga a estar analizando constantemente la vida, reflexionando hasta el cansancio, madrugadas enteras.
C= complejos; I= imaginarios; R= reales; Q= racionales; Z= enteros; N= naturales.
Es por eso que la matemática es tan hermosa. Ahí las cosas no sólo son lógicas y razonables, sino que lo imaginario existe. Me encanta cuando una solución tiene por valor la raíz de un número negativo. Amo escribir "no existe solución perteneciente a los reales" y expresar el resultado como un número imaginario. Aunque a nadie le importe tres cominos, ya que seguramente lo relevante del problema sea que en el dominio de los reales, no hay solución. Porque en la matemática los conceptos real/imaginario y existente/no existente no son mutuamente excluyentes. Que algo sea imaginario, no significa que no exista, significa que no pertenece al dominio de los reales, que no es lo mismo.
A diferencia de la realidad en que vivimos, en la que no somos ni siquiera capaces de saber si la estrella que estamos mirando sigue existiendo en verdad, en matemática es posible conocer lo que pasa en el infinito.
Da igual una novela a un problema matemático, sigue siendo poner sentido en un universo que carece de él,  poner orden en un universo cuyo desorden aumenta constantemente. Aunque sólo sea posible hacerlo garabateando en un papel o apretando botones en una máquina conectada a un mundo virtual, aunque sea imaginario, aunque se debería poder conciliar el sueño aceptando que no existe ni el orden, ni el sentido, ni la justicia, en vez de estar en vela en plena madrugada torturándose con estas cuestiones.

"Fue en el año 1777 cuando Leonhard Euler le dio a \sqrt{-1} el nombre de i, por imaginario, de manera despectiva dando a entender que no tenían una existencia real. Gottfried Leibniz, en el siglo XVII, decía que \sqrt{-1} era una especie de anfibio entre el ser y la nada." 


 Es hermoso observar al conjunto de los números imaginarios, ubicado con los demás conjuntos, pero separado de ellos.

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