Registro de Desvaríos

Me gustaría decir que esto es un blog serio, que voy a publicar regularmente en él, o por lo menos que van a leer cosas relativamente coherentes, pero a pesar de mis desvaríos soy lo suficientemente consciente de la realidad como para saber que estaría mintiendo si lo dijera.

martes, 24 de enero de 2012

Ampolla

Estuve meditando mucho, desde mi entrada anterior. Tengo una ampolla en un dedo. Hace tiempo la tengo. Ya creció piel nueva por debajo, dejando sólo el pellejo por encima. Hace como dos semanas que está así. Sin embargo, por algún motivo, no había retirado el pellejo. Es que el pellejo está ahí recodándote que la ampolla existió, y que la piel que tu dedo tiene ahora ya no es la misma. De algún modo, una no quiere desprenderse de la vieja piel. Pero debe hacerlo ¿no? porque ese pellejo fue parte de una, pero ya no lo es. Porque la herida cicatrizó, y se vuelve a tener el dedo como nuevo, a pesar de la marca que queda.
Sólo que en ocasiones da miedo arriesgar a su nueva piel a una nueva herida, y se conserva la vieja por encima. Porque mientras se esté herida no se podrá seguir adelante.
De algún modo el dolor de la herida se funde con el miedo a sufrir una nueva, y no es ya la vieja herida lo que impide avanzar, sino el recuerdo de ella. Porque el cuerpo ya superó, lo que a la mente aún le cuesta.
Querer a alguien es como ser adicto a algo. Cuando la situación no tiene caso, se sabe que se debe continuar con su vida. Se sabe que esa droga está termianndo con una, y una no quiere seguir así.
Entonces se decide a cambiar. Pero evidentemente tiene recaídas. Siempre es más fácil decir las cosas que hacerlas, en especial teniendo en cuenta que los sentimientos no dependen de la voluntad de una.
Sin embargo llegado un punto, se toca fondo. Es el "hasta acá llegué", "esto no puede seguir así". Es no recordar cuándo fue la última vez que una se despertó sin sentirse miserable.
Es tener momentos de alegría en los que se cree estar mejorando, para luego volver a caer, como de un hondazo.
Así y todo, una sabe que está avanzando. Eso es bueno. El reloj sigue corriendo, el mundo sigue girando, y no se puede seguir en ese pozo.
Porque el mundo no ha perdido su belleza. Los pájaros siguen volando sobre el mar, las olas siguen llegando a la orilla, las estrellas siguen brillando, espléndidas por las noches. El universo sigue expandiéndose, el desorden sigue aumentando, y los seres vivos seguimos en nuestra guerra termodinámica.  No hay cosa más fea que sentir que se está dejando pasar esas cosas, que esas ideas y esa fascinación ocupa menos tiempo en la mente de una por estar pensando en cosas que no tienen caso, y nunca lo tendrán. Porque nadie tiene la culpa de lo que siente, porque estar enamorado de alguien es tema de uno, porque es una adicción como cualquier otra que impide disfrutar de la vida. Porque la vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil que para cuando se lo está aprendiendo, ya es tiempo de morir (creo haber leído eso en algún lugar, palabras más palabras menos.) Porque no nos podemos dar el lujo de dejar que nuestra vida gire en torno a la de otra persona. No es sano para ninguna de las partes.
Porque a pesar de las recaídas, uno sabe que ya es hora, que ya pasó el tiempo suficiente, que ya es momento de volver a respirar, de volver a vivir, de volver a pasarse las horas contemplando las estrellas. Las estrellas que siguen estando ahí (o que si ya no lo están, nos sigue pareciendo que lo están porque la distancia a la que se encuentran nos impide saberlo con certeza con sólo mirarlas tendidos en el césped), como si el tiempo no hubiese transcurrido. Pero el tiempo sí transcurrió, los años sí pasaron, y ya es hora de volver a tomar las riendas de la propia existencia. Independientemente de las ampollas que sujetar esas riendas con fuerza pueda hacernos.

2 comentarios:

  1. Me encantaron tus metáforas. Y sí, seguimos expandiéndonos con el universo, en nuestro marco no inercial, no nos damos cuenta de la aceleración, del tiempo. Apenas captamos cuándo cambia. Habrá que desarrollar mayor, profunda sensibilidad.

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