Francamente, he intentado cambiar. No han sido pocas las veces en las que me he dicho a mí misma que debo ser más tolerante. Pero sencillamente no puedo.
Soy poco sociable. Me molesta estar rodeada de gente. Me pone de mal humor tener que ser amable.
Me sacan de quicio las conversaciones idiotas que tiene uno con la gente con la que se encuentra en fiestas, paradas de ómnibus, pasillos.
Soy amable, pero eso me pone de muy mal humor. ¿Por qué? Porque cuando lo hago me sorprendo a mí misma obligando a los músculos de mi cara a fingir una sonrisa, hablando sobre cosas que no me importan y comportándome de una manera que no se parece nada a mí.
Por supuesto que ser amable es algo que se debe hacer, entonces ya tengo algo asumido: una especie de doble identidad. Soy simpática cuando tengo que serlo. ¿Se acuerdan de Dr. Jekyll y Mr. Hyde? Bueno, por ahí ando.
Tenía esto perfectamente bajo control, hasta hace poco. Resulta que cada día me cuesta más ser amable. Eso saca lo peor de mí, que soy muuuuy temperamental (aunque finja no serlo.)Ahora, ¿qué hace uno cuando tiene un temperamento horrible y es poco sociable pero tiene que pasar tiempo con gente que le cae mal o sencillamente no le importa porque le sobran dedos de las manos para contar a la gente que sí le importa?
Yo les voy a decir mi secreto, el que había abandonado hacía unos años por creer que tenía a Hyde controlado pero que ahora voy a tener que volver a emplear: usar una bandita elástica en la muñeca.
Les parecerá una estupidez, dirán ¿me leí toda esta pavada para esto? Pero funciona. Háganme caso, cuando quieran reprimir algún sentimiento tiren de la bandita, suéltenla y dejen que les pegue en la muñeca. Es la única forma que yo conozco que funciona.
Porque sino están los psicólogos, pero usan toda la sensiblería barata esa de preguntarte cosas de cuando eras chico para que te pongas a llorar como un idiota y al final quedás más traumado después de ir a un psicólogo de lo que ya estabas antes de ir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario